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Casatomada y sus estrategias para vender y “crear lectores”
Casatomada y sus estrategias para vender y “crear lectores”

Entrevista a Gabriel Rimachi Sialer – Editorial Casatomada
Por Virginia Vilchez
Lima agosto 2007
 

El escritor y director de la Editorial Casatomada, Gabriel Rimachi Sialer, considera inconcebible que, habiendo infinidad de autores peruanos que tienen muy buenos cuentos para niños, en librerías se encuentren mayormente títulos extranjeros. “Aquí hay material muy bueno que merece ser editado”, subraya. Rimachi Sialer nos cuenta acerca de la estrategia de la Editorial Casatomada para agotar en poco tiempo sus libros utilizando la técnica de mercadeo de otros productos, como la venta “puerta por puerta” o “crear lectores”. Además, ofrece talleres de escritura creativa para maestros y alumnos, asesora concursos escolares de cuento y está metido, en cuento y alma, en el mundo de los libros.

- ¿Es grata la labor del editor?
Es grata, sí, y te llena bastante, de deudas, de enemistades, de gente que toca la puerta y te deja veinte borradores al mes para que tu los edites y no es tan fácil. Un escritor sabe lo que se siente cuando te dicen “no” y decirlo varias veces al mes es duro; sin embargo el editar te forja el buen gusto; porque una editorial debe tener y mantener una línea.

-Háblanos de tu editorial: Casatomada ¿cuando surge?
Casatomada nace a mediados del 2005 como un sello independiente, luego de una aventura similar: el Círculo Bartleby, con el que organizábamos eventos en medio Lima. Creamos la I Gran Cuentatón de Lima, que este 2007 lanza su cuarta edición; publicamos una revista; hicimos mil cosas....

-¿Por qué Casatomada?
Es un titulo polifónico y a uno lo remite al cuento de Cortázar, uno de los que más me gusta; se presta para juego de palabras y eso es para mí la literatura: un juego permanente (entendido como un desafío) “de y con” la palabra. Por eso el nombre.

-Tu temática es narrativa joven.
Casatomada apuesta por la narrativa contemporánea, tanto en cuento como en novela, además tenemos una línea de literatura infantil. Evaluamos la obra de los autores (noveles o no) y si están en nuestra línea, pues bienvenidos.

-Cuales son las principales dificultades que has enfrentado como editor?
Bueno, al problema de la ley del libro, los tributos y esas cosas, se suma el hecho de que hay que verle al libro (además del valor literario), el lado comercial y establecer estrategias de marketing. Pensar en la publicidad, la difusión en los medios de prensa, la radio, que tiene un público que no se puede medir en ventas...

-¿Cuál es la estrategia de Casatomada?
Crear y ganar lectores. Para eso hemos diseñado un plan lector con autores cuyas obras se insertan dentro de los temas que se analizan en el colegio. Sin embargo muchos profesores no tienen la mente abierta a nuevas propuestas, nuevos autores y nuevos temas. Es un trabajo arduo, pero felizmente se está avanzando.

-¿Qué están haciendo concretamente?
Estamos publicando nuestra serie de antologías temáticas. Empezamos con Nacimos para perder. Simplemente cuentos, y siguen dos más que están en preparación. Nos parece que resulta más beneficioso para un lector de cualquier nivel, el leer un abanico de estilos narrativos, de visiones particulares de autores jóvenes y no tan jóvenes que, con muy buena prosa, muestran al lector su bagaje personal. En ese sentido el lector gana y gana la literatura también; y nosotros apostamos a eso. También tenemos libros de cuentos de autores jóvenes que merecen ser leídos en tercero, cuarto y quinto de media, eso depende del colegio y del profesor, son varios factores.

-¿Cuál es tu tiraje promedio?
Comenzamos editando quinientos ejemplares, lo cual es bastante triste para un país con 28 millones de habitantes. Todos los comienzos son difíciles; sin embargo, debido a la buena recepción de nuestros títulos ahora estamos tirando mil a dos mil ejemplares. Hay que correr el riesgo.

-¿En cuánto tiempo se agota un tiraje de quinientos?
Uno de los títulos que nos demoró en vender seis meses fue el de Pequito el aventurero. Luego se sacó la segunda edición, cuando vimos que ya había un mercado. Tuvimos que crear lectores, tuvimos que buscarlos y ofrecerles el libro y llegar y tocar la puerta.

-¿En qué consiste la estrategia de crear lectores?
Nosotros estamos aplicando las técnicas de mercadeo de otros productos. Por ejemplo, empezamos con la experiencia piloto en Jesús Maria. Era venta puerta por puerta. “El libro cuesta veinte soles y usted lo separa con cinco, le entregamos el libro y lo cancela en dos semanas”, les decíamos. Es una técnica que usan los que venden detergentes. Eso me posibilita vender en una semana más de lo que voy a vender en un mes en las librerías. Vemos que las estrategias que uno tiene que plantear a nivel de mercadeo ya son otras. Aquí en el Perú hay lectores, si no los hubieran no habría industria pirata y por lo mismo hay que bajar el costo del libro sin descuidar su calidad.

-¿Cómo fue esa experiencia?
Al comienzo fue chocante porque uno maneja el criterio de que es “Literatura” y no “debe” ofrecerse así. Pero los diccionarios te los venden puerta por puerta, las enciclopedias puerta por puerta, ¿por que no poder vender Literatura puerta por puerta? En nuestro caso contamos con un equipo y vemos que paulatinamente crecemos, poco a poco, y ahora estamos recibiendo propuestas de otros distritos.
Otra de nuestras estrategias es la calidad. Nosotros estamos apostando por un libro en tapa especial, plastificado mate, papel bond especial, encolado al calor, un libro A1 y los precios no pasan de veinte soles. Son veinte, quince y diez soles no hay mas precios. Y otra cosa, hay que tener también la conciencia del lector. Si yo dejo en una librería un libro a 20 soles, no voy a dejarlo en otro lugar a 15, en otro a 17, porque eso mella la credibilidad del editor. Uno tiene que asumir un compromiso con su libros, con los canales de distribución y con el público al que va, porque una persona que compra un libro a treinta o cuarenta soles y después lo encuentra a quince obviamente se va ha sentir estafada.

-¿Cuándo se vende puerta por puerta y a plazos, la gente paga?
Bueno, ese es otro problema (risas). Demoran, pero pagan. Es muy difícil que no te paguen veinte soles al mes. Les das las facilidades del caso y, eso si, tienes que buscar los canales de difusión del libro, porque estamos en una sociedad donde el color y la imagen definen la voluntad de la persona. Entonces si tu les ofreces un libro que ellos no lo han visto nunca en algún lugar, es muy difícil convencerlos, lo que no ocurre por ejemplo con literatura infantil, que es más aceptada y que además es un mercado muy rico y que tiene autores interesantísimos.

-¿Los autores son más extranjeros que peruanos o viceversa?
Hay autores extranjeros con buenas historias, pero también hay autores peruanos que tienen cuentos muy buenos y es inconcebible que en una librería encuentres cuarenta títulos extranjeros y tres o cuatro peruanos. Nosotros acogemos a ese mercado, a estos autores que apuestan por la literatura infantil. Los niños reconocen rápidamente las buenas historias. Es algo que mucha gente no se da cuenta y es algo que descuidan. Nosotros acercamos el autor al lector. Por eso trabajamos con colegios. Colocamos los libros en los colegios y una vez que se ha leído la obra, llevamos al autor para que converse con los alumnos. La experiencia ha sido muy buena. Hemos llegado a colocar el mismo titulo en tercero, cuarto y quinto de primaria. A ese nivel es interesante porque el siguiente titulo que saques del autor, ya tienes un mercado cautivo... es cuestión de estrategia. Hay que buscarle soluciones. Problema significa solución. No hay nada imposible. Como dice mi abuelita, lo único imposible para un hombre es dar a luz (risas).

-De los catorce libros que tienes publicados hasta la fecha, ¿cuántos son para niños?
Tenemos dos títulos para niños que ya están agotados, uno que continuamos promocionando y dos que están en proceso de publicación

-¿Qué hacer con los autores clásicos?
Hay que equilibrar. A los autores clásicos definitivamente no los puedes obviar. Sería un gran error, pero hay que darle también espacio a las nuevas voces. No vamos a vivir cien años con Vallejo, cien años con Valdelomar. Hay autores jóvenes y mayores que tienen muy buenas historias y hay que promocionarlos.

-Quien cubre el costo de las ediciones, ustedes o los autores?
Tenemos un fondo destinado a un plan que se decide a comienzos de año. Los libros que van llegando se negocian directamente con el autor, buscando que lleve los mayores beneficios económicos. Si el autor está a gusto con la editorial, pues qué mejor para nosotros que seguir editando su obra, en este mundo de los libros siempre hay que negociar, es parte de la estrategia.

-¿Qué implica la coedición?
Nosotros damos al autor mayor porcentaje. Por distribución y venta cobramos 25 %. El 75% se lo lleva íntegro el autor. En algunas editoriales te dan el 15 o 10% de un tiraje que no manejas, porque no sabes cuánto han impreso en realidad. En nuestro caso establecemos un vínculo con el autor y allí marcamos la diferencia. Los beneficios son para el autor y también para la editorial. Nadie se va hacer millonario, pero se intenta (risas).

-Se dice que ahora los editores hacen de todo, desde la edición hasta la publicidad
Hacemos de todo, diseñar, imprimir, distribuir, publicitar. Tenemos que hacer de todo porque, como editorial, somos jóvenes, y porque es una manera de aprender. Si tu nunca has hecho esa labor, nunca vas ha saber realmente cómo es. En mi caso empezamos tocando puertas, pidiendo favores y bueno, hemos crecido, poco, y seguimos creciendo. Casatomada es una empresa pequeña, no tiene una gran infraestructura, pero ¿como lo compensamos? Llegando a mayor público del que esperábamos inicialmente. Ahora podemos hacer entre dos mil o tres mil ejemplares que ya es bastante. Los colegios nos llaman, les llevamos nuestro pequeño catálogo y si se concreta algo, vamos con los autores, realizamos conversatorios, organizamos talleres, porque los alumnos nunca han visto a un escritor en su salón, lo creen lejano. Eso una motivación mayor pues el alumno no se imagina la cara del autor, ni lo que va ha decir y tiene siempre mil preguntas qué hacer, es una experiencia interesante.

-Qué papel juega Internet en la promoción de los libros?
Internet ha ayudado bastante a promocionar y ha reducido también los costos de promoción. Poner un aviso en un periódico o en una revista, tiene un costo alto. En Internet me sale gratis y comienza con estas famosas redes. En todo caso el mejor marketing es el de boca a boca y eso va ha a funcionar toda la vida.

-¿De los libros que sacas qué porcentaje lo comercializas a través de las librerías?
Del total que sacamos, un 10 % va ha librerías y permanece allí dos, tres meses, lo cual es un termómetro trágico, pero está allí. Es un medio inevitable y no lo digo en el mal sentido, sino que seria lindo que la gente consumiera más literatura... que no busque sólo lo clásico, sino cosas nuevas, autores nuevos. Pero mucho de ello también influye la propuesta del libro, el titulo, la portada, es que estamos en la era de la imagen y todo entra por los ojos.

-¿Tienes ventas en provincias?
Lima sigue siendo el Perú y ese es un gran problema porque vemos que casi todas las librerías están concentradas en Lima. Por eso pretendemos salir de Lima llevando libros donde hay lectores en potencia. Ya hemos llegado a vender una apreciable cantidad de ejemplares en Chachapoyas y en Rioja. Se van abriendo nuevos mercados, pero para eso tienes que manejar tres cosas: estrategia, precios y lo más importante: la calidad del libro. La librería Adriática de Trujillo ha confiado en nosotros y hemos colocado ahí nuestros títulos. En estos tiempos uno tiene que salir a buscarla. Internet ayuda bastante en la promoción, pero se tiene que salir a promover. Es un riesgo que uno se corre, porque a veces te invitan instituciones reconocidas, te organizan la presentación y tu vas con cien libros y vendes siete. Eso no te sale ni para el pasaje. Pero, bueno, son gajes del oficio. La cuestión es no retroceder.

- Muchos editores se las ingenian para agotar sus ediciones aun sin haber llagado a librerías. Sé, por ejemplo, que tu serie infantil no ha circulado por librerías.
Así es.

-¿Todo ha ido de frente al consumidor final?
Todo ha ido de frente. Claro que se ha tenido que buscar otros canales. En el caso de Mamá quiero ver la jirafa de Gabriela Lagos, una empresa comercializadora de carne, cuyo dueño es originario de Huancayo, nos compró el 80% del tiraje total para regalos de navidad en su pueblo. Eso me pareció genial, pues un libro no se acaba de un mordisco, crece con el lector. Muchos deberían seguir ese ejemplo. En otros títulos hemos optado por ir de frente a los colegios. Hay que pensar empresarialmente, pensar en descentralizar. Es difícil, es cierto, pero hay que dar el primer paso. Si siempre vamos ha estar a la orilla, pensando si hago esto, si no lo hago. Hay que hacerlo y ya, porque si no lo haces tú, va a hacerlo otro y el que pierde a la larga es el lector, y el autor, porque es frustrante para un autor, sacar quinientos ejemplares y ver que no se vende porque no se ofrece... hay que creer en lo que uno hace; aunque el camino sea sinuoso, siempre se puede enderezar.

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