–¿Y la literatura?
–Por el otro lado de la familia. Mi padre es poeta, Alberto Vega, y mi tío César Vega Herrera es reconocido dramaturgo con muchos premios nacionales y extranjeros. En casa siempre hubo un ambiente de lectura, de creación literaria, de análisis, de crítica. Cuando yo tenía cuatro años, mi padre se asustó de mi analfabetismo y me enseñó a leer. Empecé a escribir (narraciones) a los 12 años, pero nadie lo sabía, solo mi familia. Empecé a mandar a concursos hace tres años, pero como no ganaba todo quedaba en familia.
–¿Qué inspiró ‘‘Capac Cocha’’, la novela ganadora?
–La novela está centrada en nuestra tercera catedral, la que tenemos es la cuarta. Una catedral que se construyó en 1660 y se incendió en 1844. La novela cuenta como se construye y como se destruye, y casualmente la causa es la misma. Mi trabajo de investigación (musical) me obliga a estar siempre escarbando papeles viejos, buscando archivos. Y llegó a mis manos una historia de la Catedral que se había preparado en el INC, donde yo trabajo. Pedí que me explicaran la historia de las catedrales. Todo lo demás me lo inventé.
–¿Cuál es la limitación de hacer música en una provincia?
–En abril voy como directora invitada a la Sinfónica Nacional. Allí tienen más recursos. El INC recibe muchas críticas, pero yo lo comparo con una niña que vive en un arenal, que come una vez cada dos días, que tiene que vender chicles, que su papá le pega y que le piden que sea la primera alumna de la clase. Es parte de un problema grande.
–Sin embargo la OSA tiene ahora más actividad.
–Tenemos una plana de 23 músicos, con sueldo del Estado, cada uno trabaja por cuatro. No podemos hacer rotaciones, ni tomar semanas libres. No tenemos local. Pero es nuestra responsabilidad que no desaparezca. Tiene más de 60 años de vida. Vienen estudiantes que nos están ayudando, como miembros honorarios.
–La orquesta ha rejuvenecido.
–El 80% de personas que la integran son menores de 40 años y el resto son maestros que están muy interesados en que entre sangre nueva. Como unidad biológica tendemos a perpetuar la especie.
–¿Existe una mayor receptividad en nuestro medio a la música orquestal?
–Nuestro público cautivo ha crecido. Nuestros conciertos son gratuitos y eso ha hecho que la gente se sienta alentada a ir. Había un prejuicio con la música orquestal, que solo las personas de ciertos niveles tenían acceso, pero eso no es verdad. La orquesta ahora es conocida, tiene hasta 40 presentaciones anuales.
–¿Antes no ofrecían tantas presentaciones?
–Eran menos porque no habían tantos escenarios, no teníamos personal y poca asistencia de público. Ahora, estamos haciendo más atractiva la agenda: hacemos estrenos, traemos invitados: solistas, directores. Eso cuesta sangre.
–¿Tiene un intenso trabajo de investigación?
–Mi gran proyecto es escribir la historia de la música arequipeña. Es un trabajo de largo aliento que me va a tomar 20 años.
Sacrificios humanos
-¿Qué es Capac Cocha?
-Según los cronistas, es el nombre que se le daba a los sacrificios humanos. Eso, aplicado a una catedral es un poco hereje (ríe), pero a mí me gusta contar historias.
-¿Qué relación encuentra entre la música y la literatura?
-Es mucho más fácil asimilar imágenes, menos fácil asimilar palabras, y mucho menos fácil asimilar sonidos. Algunas obras musicales son obras programáticas, que están basadas en poemas, en escritos y otras que están basadas en cuadros. Lo que es más difícil de entender es la música que no está basada en nada, que es sonido puro, que es la música de sinfonías y de conciertos.
Allí donde ya no se puede decir nada, se puede empezar a sonar. La música es un universo donde la palabra no entra. Cuando no puedo escribir hago música y cuando no puedo hacer música, escribo.
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