Una de las vanguardias que convulsionó Europa de entreguerras fue el surrealismo, movimiento que originó una de las rupturas más importantes en las formas tradicionales de hacer arte.
El surrealismo poseía una noción subversiva del lenguaje que derivaba de los experimentos verbales de André Breton, Louis Aragón y Paul Éluard, quienes, vía el automatismo psíquico, fueron dotándole a la poesía de ritmos e imágenes inusitados.
Las construcciones estaban fuera de toda lógica, a la manera del espacio onírico esbozado ya en las obras de Rimbaud, Lautreámont y Kafka; o en las disertaciones estéticas de Schopenhauer y el psicoanálisis freudiano.
En el Perú
Mas hablar de la influencia de este movimiento en nuestro país nos remite, además de César Moro y Emilio Adolfo Westphalen, a la figura fundacional de Xavier Abril, poeta, ensayista y crítico literario que vía sus colaboraciones en la revista Amauta fuera el introductor del surrealismo en el Perú. De allí que, como una extensión de los homenajes realizados el año pasado por el centenario de su nacimiento, el Fondo Editorial de la UNMSM publicó Poesía soñada, volumen que reúne “todos los poemas de Xavier Abril publicados en libros”, además de todo el itinerario biográfico-poético que impregna el carácter intimista de su obra.
Tal vez el valor principal de la poesía de Abril resida en que ésta resume voces que hasta entonces se pensaban inconciliables, como las de Quevedo, Manrique, Breton, Mallarmé, Eguren y Vallejo.
A decir de Marco Martos, autor del prefacio, todos sus escritos de la década de 1930, “los únicos que hasta un año antes de su muerte, tuvieron forma de libro, [sin excepción] merecen ser considerados en cualquier antología de la poesía peruana o latinoamericana. Extremado elogio que ni siquiera de nuestro más grande escritor César Vallejo puede hacerse”.
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