Víctor Andrés Ponce
 
 
 
 
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“Mi novela es una obra de arte”
 
El grito del héroe
 
"Quise escribir la historia de un guerrero enamorado en la guerra"
 
"Los evangélicos vieron en Sendero al anticristo"
 
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Sobre héroes y tumbas
 
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Sobre héroes y tumbas
 
José Güich Rodríguez
Correo, Lima 11/01/09
http://www.correoperu.com.pe/lima_columnistas.php?id=81345
 

La guerra interna que vivió el Perú entre las décadas de 1980 y 1990 se ha constituido en una auténtica veta para los escritores locales. Y es muy saludable que esto ocurra, pues la literatura termina así por convertirse en la válvula de escape de las pesadillas colectivas y en una intérprete de la historia.

Las muertes de Emilio (Norma, 2008), de Víctor Andrés Ponce (1964), intenta abarcar casi un cuarto de siglo del acontecer nacional a través de su protagonista, Emilio Peralta, provinciano matriculado en el colegio Guadalupe de Lima. En ese centro de estudios despierta su vocación izquierdista; luego derivará tal fiebre hacia las letras. Transcurren los días de la crisis que llevará al gobierno militar de Morales Bermúdez a convocar elecciones para una Asamblea Constituyente y, luego, a las presidenciales de 1980. En el plantel de la avenida Alfonso Ugarte, Peralta conocerá a Mario Capellini y a Enrique Carranza. Cada uno asumirá distintos rumbos hasta el consabido reencuentro, después de muchos años.

A pesar de su vocación totalizadora, la novela no llega a la altura de tales ambiciones. Quizá su problema central radica en los excesos retóricos que la voz narrativa perpetra una y otra vez, tanto en la evolución ideológica de los personajes como en dimensiones más particulares, por ejemplo, la experiencia erótica. Los diálogos, por su parte, son poco espontáneos o naturales. Y en cuanto a rubros técnicos, ciertas impericias -reiteraciones de escenas sin valor funcional- traban una fluida recepción del texto.

Los breves destellos asoman en las intrigas del diario Excelsior, donde trabaja Peralta (correlato ficcional de ese Expreso bastante real de los 90, vendido a Fujimori y Montesinos por un grupo de mafiosos luego de la muerte de Manuel Ulloa), o el viaje a la selva de Carranza, quien ha devenido militar destinado a exterminar jefes terroristas en operaciones encubiertas.

Tales fugacidades, por supuesto, no alcanzan para una novela contundente. Aún estamos a la espera del libro definitivo sobre esa época oscura y gangsteril.