Leopoldo Chariarse (Chiclayo, 1928) es un poeta fundamental de nuestras letras. Perteneciente a la Generación del 50, sorprendió por su temprana madurez con el poemario Los ríos de la noche (1952). Instalado en Europa, donde fue profesor de laúd en conservatorios alemanes y se hizo un gran orientalista, vino a Lima a dictar un recital poético.
Sus versos se caracterizan por su profunda simpleza. ¿Lo cree así?
Es un gran elogio. La simplicidad siempre es profunda. La sencillez está cerca del silencio y, por ende, de la verdad.
¿Estuvo siempre detrás de la verdad?
Traté de comunicar lo que sentía sin poner una barrera de palabras o de giros difíciles. Traté que mi poesía sea entendida por el mayor número de personas posible, sin establecer condiciones de carácter cultural o social. Aprecio a Góngora, pero no me gusta escribir así.
¿Por qué desea ser entendido?
Porque me gusta comprender. Y, para comprender, no hay nada mejor que la sencillez. Claro, sin llegar a la parquedad de una fórmula matemática.
Todos estamos preparados para la música, ¿también para la poesía?
Por supuesto. La poesía viene del silencio interior, que es lo más profundo que tenemos. Este elemento nos es común porque, en lo profundo del alma, todos los seres humanos somos uno, porque la conciencia es indivisible.
Hay quienes desprecian el arte y otros que lo idealizan ¿Qué posición tiene?
Las dos actitudes se alejan del centro de la verdad. La belleza es una dimensión legítima del ser humano, como lo es la búsqueda de una realidad trascendente, que está más allá de la cotidianidad. El poeta inglés Keats dijo: "Belleza es verdad y verdad es belleza". Es todo lo que sabemos, es todo cuanto necesitamos saber. En los poemas de Vallejo hay una sencillez admirable: "Ya nunca, ya jamás, ya para qué" (Piensan los viejos asnos).
Vallejo, en Trilce, ¿es sencillo?
También: "Esta noche desciendo del caballo/ ante la puerta de la casa, donde/ me despedí con el cantar del gallo./ Está cerrada y nadie responde" (LXI). Dígame, ¿qué palabra hay que buscar en el diccionario para entender esto?
A César Vallejo el idioma no le bastó para expresar lo que sentía. ¿A usted también le pasó lo mismo?
Eso pasa siempre. Es un componente inseparable de toda comunicación humana, no solo poética. También hablando, conversando nunca llegamos a expresar todo lo que sentimos. Quizás este margen de incomunicación no sea malo, pues nos puede llevar a explorar más allá del lenguaje.
¿Usted siempre buscó más allá?
Todo poeta lo hace. Esto diferencia a la poesía de la prosa. La prosa se queda en los límites del lenguaje; la poesía los trasciende, se atreve a llegar al límite de la incomunicabilidad. La poesía trata de comunicar lo incomunicable. |