Enrique Prochazka
 
 
 
 
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Nací en Lima en 1960 y allí resido desde entonces. He vivido en Magdalena primero y después en Surco; conozco mejor el país que la ciudad y mejor los amaneceres que las madrugadas. Muy temprano, mi padre -hijo de inmigrantes checos infiltrados en la selva o la puna- me enseñó a subir cerros, a hacer nudos, a trabajar madera, a reparar motores. Estudié en el Colegio San Isidro, de los hermanos Maristas, donde aprendí a escribir, a correr rápido, a trepar a cualquier parte y a gustar de las ciencias, particularmente astronomía, geometría y física. Apenas convencido de que quería estudiar esta última, en 1978 ingresé a la PUC, pero a Letras, inciertamente decidido por la filosofía. Las montañas y las bicicletas me distrajeron y durante unos ciclos huí hacia la arquitectura en la universidad Ricardo Palma. Vuelto a la filosofía, la cercanía a maestros como Onorio Ferrero y Pepe León por un lado, y Manuel Migone y Edgardo Albizu por otro, sin saberlo yo, me hicieron elegible para diversas listas negras.

Poco antes de terminar la carrera -mientras preparaba una tesis sobre la teoría de la personalidad egoísta en Max Stirner- huí de nuevo, esta vez a Antropología y a la efervescencia de Fernando Fuenzalida, Gran Kahuna de parias e intocables. Durante esos años trabajé y hurgué por las tardes en la creciente biblioteca central. Sin embargo, tanto como allí aprendí quizá bajo el techo de cañas de la vieja Cafetería de Artes: de mis amigos ingenieros, abogados, químicos, matemáticos e historiadores. La mayor parte de ellos, también, montañistas; o al menos, sujetos igual de dispuestos al buenhumor, al riesgo y a la efusión de sangre. El haber sido miembro de esa conspicua y violenta camorra interdisciplinaria me sustrajo a los vicios y comodidades de tener una "promoción" de pares, filósofos o antropólogos. Sigo aprendiendo a escalar y a escribir; sin embargo, creo que la lectura me ha derrotado del todo y ahora limito mis intentos a la física, al ensayo histórico y a Schopenhauer, viejos conocidos.

He sido guía de montaña, capataz, fotógrafo, confeccionista, editor, guionista, entrenador de una selección deportiva, funcionario de Estado, modelo publicitario. La mayor parte de este tiempo he logrado insistir en la producción de ficciones literarias y algún ensayo. Siempre me interesó más el procedimiento por el cual se crea un texto que su destino una vez que está listo; así, publico escasamente y, como escritor, más bien esquivo la luz pública. Pese a ello, notas, fragmentos o colaboraciones mías aparecen de vez en cuando en revistas, obras ajenas y en la www. Además, mis textos han sido recogidos en media docena de antologías de narrativa peruana.

Además, hay por allí dos poemarios, un bestiario, un tratado de escalada en roca y un ensayo sobre teoría literaria que pudieron haber aparecido hace quince o veinte años. En 1990 obtuve el primer lugar en la décima edición de "El Cuento de las 1000 palabras", de Caretas; el cuento ganador y un puñado de otros -que obtuvieron menciones honrosas en diversos certámenes- me empujaron a armar "Un Único Desierto", que fue señalado entre los cinco mejores libros peruanos de 1997. Años más tarde (2004) mi primera novela "Casa" fue destacada como libro del año, y mi más reciente colección de relatos, "Cuarenta sílabas, catorce palabras", ha sido asimismo señalado como el mejor libro de ficción de 2005.

Aparte de las usuales novelas en preparación que todo escritor exhibe o esconde, desde 1985 estoy construyendo un enorme objeto ficcional cuyo destino, tamaño final y plazos de ejecución desconozco; no tengo prisas ni espero lectores para este monstruo.

 
Libros publicados:
 

A527-03Cuarenta sílabas, catorce palabras
Editorial Lluvia, Lima 2005

Si con Casa el autor se alejaba de la demasiado absorbente sombra borgiana, más que patente en su celebrado primer libro de cuentos, para acercarse un poco a la novela existencialista, con este segundo manojo de relatos es inevitable percibir la cercanía a un posible Cortázar con vuelo filosófico. Mas esta filiación es solo formal, dada la precisión y nitidez de la prosa de Prochazka. Tales virtudes, antes que en los relatos largos -"Test de Turing", "Usos teleféricos del cuchillo"; tour de force intelectual el uno, fantástico el otro- se escancian en los que componen la sección Los orillados, donde el lector hallará verdaderas joyas de la minificción, como "Golpe de timón" y At the beach I". El relato que abre todo el volumen, "Un cuento.", también podría incluirse entre los más logrados. Es de resaltar además que Prochazka no rechace el cuento de ambiente social, en "El revés", pero cubriéndolo de una atractiva pátina entre simbólica y cínica. (Víctor Coral)

 

E21-01Un único desierto
Editorial Australis, Lima 1997

"Con este primer libro de relatos, Enrique Prochazka se anuncia como el más consistente narrador de las últimas generaciones en el Perú. Los textos que componen Un único desierto son complejos palimpsestos cuyo lenguaje -indudable y confesamente- procede de Borges. Sin embargo, hay en ellos una forma muy personal de asumir el lenguaje del maestro argentino"...
Prochazka es un fabulador, pero es también un filósofo. Mal se haría en relegar en la lectura de este libro el grosor intelectual que habita en cada texto para privilegiar una suerte de recepción lúdica, dedicada sólo a la identificación de los saqueos históricos. (Gustavo Faveron)

 
 

m29-01Casa
Editorial Lluvia, Lima 2004

Casa cuenta la historia de Hal Durbeyfield, célebre arquitecto que, en el despegue de la novela, sufre una caída y se golpea la cabeza.Cuando se levanta, todo le resulta extraño. Su mujer está muerta y él no recuerda nada; además, tiene una hija adolescente a la que no reconoce. Hal busca llenar este agujero en su memoria (que se extiende a lo largo de los últimos quince años) y para ello sigue la pista de Alguien, esa persona tres lustros mayores que él y que habita su mismo cuerpo, esa persona que a un tiempo él fue y no fue en el pasado. Sin embargo, la verdadera búsqueda del protagonista no es la recuperación de sus circunstancias familiares, de su pasado cotidiano e inmediato, sino la resolución del misterio de la Casa que habita, y a través de ella, de sí mismo. ¿Por qué diseñó él, Hal Durbeyfield, esa Casa tan extraña? Prochazka acierta en la descripción de la Casa y nos presenta un lugar laberíntico y lleno de resonancias. (Francisco Ángeles Menacho)

 

E615-07Test de Turing
Editorial Lluvia, Lima 2005

El test de Tuing, procedimiento creado por Alan Turing en 1950, sirve para averiguar si una máquina es inteligente o no. (Recuerden la policía Turing de "Neuromante", cuya finalidad era impedir la aparición de inteligencias artificiales). Los protagonistas de esta historia juegan un poco a ser Frankensteins informáticos, planteándose como reto "crear" una inteligencia artificial. Y, al igual que lo ocurrido con el Doctor Victor von Frankenstein, la criatura no hace lo que sus creadores desean. El final es sorpresivo. Lo mejor de todo, nos muestra que la vida académica puede ser tan emocionante (y mezquina) como cualquiera. (Daniel Salvo)