Correo: La figura principal del libro es la del verdugo...
Carlos Calderón Fajardo: Pero no es el verdugo oficial, el de la guillotina, sino el verdugo de la vida cotidiana, el de todos los días. El hombre que verduguiza a su mujer, la mujer que verduguiza a su marido. O el empleador que verduguiza al empleado. O el crítico que silencia al escritor y que de alguna manera lo verduguiza (risas). Estamos en un mundo en donde hay una victimización constante, en que somos verdugos y víctimas al mismo tiempo.
C: Abordas la figura del verdugo, pero desde una perspectiva simbólica. Pienso, por ejemplo, en “Gyula”.
CCF: Yo no hago, generalmente, literatura social, por lo menos no en este libro, lo mío son metáforas literarias. Y una extraordinaria figura del verdugo podría ser Pinochet, por ejemplo. Pero yo prefiero hablar de un vampiro, una persona que vive de la sangre del otro. Y es una metáfora literaria de lo que ocurre en la vida real: hay gente que vive del trabajo de otro, de la inteligencia de otro. Por eso el libro se llama Historias de verdugos.
C: Las historias de verdugos se dan a todo nivel...
CCF: Claro. La guerra que hubo aquí hace muy poquito. Guerra de verdugos. La guerra de Sendero, que victimizaba a personas inocentes, y luego venía el Ejército y los victimaba también. Era una guerra entre dos ejércitos de verdugos en donde las víctimas estaban en el medio.
C: Muchos cuentos establecen, de alguna manera, diálogos con tu obra anterior y con ciertos autores...
CCF: Esa es otra de las características de este libro: la intertextualidad. Hay un juego intertextual con diferentes libros míos y con autores. Por ejemplo con Tabucchi, con Burroughs.
C: ¿El primer cuento está vinculado con tu novela La segunda visita de William Burroughs?
CCF: No, en realidad está vinculado con una novela mía inédita que es la historia de los poetas peruanos en París desde los años 20 hasta los años 70.
C: Tu literatura siempre parte de una experiencia real...
CCF: Sí, yo siempre parto de una vivencia personal. Pero esta vivencia personal siempre termina siendo ganada por la ficción y se convierte en otra cosa. Por ejemplo, en la primera parte de La segunda visita... se narra una fiesta que en realidad sí existió. Fue el cumpleaños de Rodolfo Hinostroza; él mismo ya lo ha aceptado públicamente (risas). Aunque él no es Montero, claro.
C: Tuviste una relación estrecha con Ribeyro. El libro se lo dedicas a él.
CCF: Yo lo conocí cuando tenía 17 años. Luego lo volví a frecuentar en la década del 70. Tuvo una importancia muy grande para mí, tanto literaria como de vida. El fue el modelo de escritor que yo quería ser.
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