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Félix Huamán Cabrera
Félix Huamán y la colección de narrativa peruana contemporánea:<br>Al rescate de escritores no conocidos Félix Huamán y la colección de narrativa peruana contemporánea:
Al rescate de escritores no conocidos


Por Virginia Vilchez Samanez
Fuente: Librosperuanos.com
Lima, abril 2008.

El escritor, editor y educador Félix Huamán Cabrera nos cuenta acerca de las dificultades que tienen muchos escritores peruanos, sobre todo de provincias, para publicar sus obras, y cómo la Editorial San Marcos, de la cual es el coordinador de la colección de narrativa, ha acudido al rescate de ellos, sacando a la luz sus obras. “Hoy tenemos ochenta escritores en la Colección de Narrativa Contemporánea”, refiere. Para él, no existe una cultura andina y otra criolla. “Solo existe la cultura peruana, que es la expresión del conocimiento, de la creatividad, del alma del peruano ya sea del mar, de la costa, de la yunga, de la quechua. Todos somos peruanos del norte, centro y sur y todos tenemos una afirmación que es la peruanidad y la cultura es conocimiento, creatividad e ideología del hombre que, en el caso concreto nuestro, se caracteriza por la andinidad que viene desde Argentina y termina en Colombia, siendo el núcleo principal el Perú de todos los tiempos”, recalca.
 
V: ¿Cómo empiezas la Colección de Narrativa Contemporánea? Tengo entendido que el fin es rescatar a autores que no son conocidos en Lima. 
F: Nosotros los escritores, en general tenemos la preocupación de publicar y cuando vine de Huancayo a trabajar en las universidades de San Marcos y la Cantuta, quería publicar mis cosas porque ya había escrito novelas y cuentos. Tuve la suerte de encontrarme primero con un amigo cuzqueño que tenía la editorial Sagsa y él empezó a publicar algunos libros, entre ellos uno mío (que tiene ya varias ediciones), Agua encanta. Le dije ¿por qué no publicamos a otros escritores? Y él respondió que encantadísimo pero que no conocía a nadie. “Yo te los traigo”, le dije y le llevé a Colchado, Maynor Freire, Roberto Rosario, Arturo Corcuera, y otros escritores. Entonces empezó a salir la cosa, pero él solamente publicaba y tenía amontonado los libros; no los distribuía. Bueno, como tú sabes, la universidad es un ambiente muy propicio para la lectura. En la Cantuta, donde yo enseñaba, se exigía a leer casi un libro por mes a los alumnos y lo primero que se debía leer eran obras de autores peruanos, pero el problema era que no había dónde conseguirlos.
 
V: ¿Qué hicieron para conseguir?
F: Yo tenía una colega, Eva Ríquez, que trabajaba en la Universidad Garcilaso. Supe que estaba publicando unos libros y que lo estaba haciendo con la editorial San Marcos, de un amigo, Aníbal Paredes. “Yo lo conozco” le dije. Lo conocía desde la Universidad de San Marcos, cuando él vivía en la vivienda universitaria con Chacho Martínez y Juan Cristóbal. Coordinamos un encuentro y le dije “te estoy trayendo estas obras”. Le llevé Agomayo y El pedregal de Yaname para que los publicara. Él estuvo de acuerdo. Me dijo “Félix, todavía no hemos publicado literatura, solo algunas cosas de Toro Montalvo pero quisiéramos que si conoces a otros escritores, los traigas”. Yo estaba encantado, porque los escritores peruanos no tenemos dónde publicar. Muchos envían sus cosas a Peisa pero te dicen que te van a contestar y no contestan nunca, y tienen toda la razón de publicar a quien les dé la gana. Pero para entonces yo ya había viajado por todo el Perú y conocía casi a todos y fue de esta manera como empezamos. Primero invité a Carmen Ollé, Miguel Gutiérrez, Reynoso que al principio estaban renuentes. Cuando se dieron cuenta de que la cosa iba en serio, ya todo el mundo quería trabajar con nosotros. Así empezamos a trabajar con Roberto Reyes, con los huanuqueños, los tres famosos huanuqueños, con los ayacuchanos, los cuzqueños. En fin, ahora ya tenemos como 80 escritores en la Colección de Narrativa y yo también tuve la suerte de publicar casi todas mis obras, que hasta esa época casi no se conocía.
 
V: ¿Quién vende más?
F: Si hoy en día hay un bestseller en el Perú, es Colchado. Él es quien vende más que todos. Hasta ahora no hay quien lo iguale y él también está metido con los maestros, en los colegios como yo. Ayer nomás estuve en el Callao, en fin, voy a estar también aquí en unos colegios que hay por la Molina, pero siempre estando con los chicos y los maestros porque es la única manera de promocionarme, yendo a todos los sitios del Perú.
 
V: Eso es lo que llama la atención. San Marcos agota ediciones y no lo hace vía las librerías formales. ¿Cómo lo hace? Tengo entendido que son los autores quienes se encargan de la publicidad. En tu caso, por ejemplo, nos dice que recorres el país publicitando tus libros.
F: El caso mío es un poco especial, yo soy profesor de la Cantuta y la Cantuta forma los maestros de todo el Perú, y yo nunca he sido pedante ni vanidoso; siempre soy muy amigo y sencillo con todos. Con los sobrados también soy sobrado, pero con los maestros soy bien amigo, así me invitan a seminarios de capacitación, a hablar de creatividad literaria, a talleres pedagógicos, y yo estoy con ellos. No hay donde no esté y conozco todo el Perú, me pagan pasajes de ida y vuelta, todo, y en todos estos sitios consumen mis libros, y no solo los míos: yo llevo los libros de los otros escritores que estamos trabajando con San Marcos y es así como conocen a muchos escritores. Porque creo la literatura, en el caso mío, es creatividad, vivencia e ideología, hecha arte a través de la palabra, en base de nuestra realidad tan grande, tan hermosa, pero también muy terrible.
 
V: Cuando uno pregunta por escritores peruanos la gente suele nombrar a Alfredo Bryce, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, pero Félix Huamán, ¿quién es Félix Huamán?, dicen algunos. Sin embargo creo que tú vendes más que Ribeyro.
F: Es la suerte de haber bebido nuestra agüita de manantial serrano. Es cierto, estamos en todo sitio y nos conocen y consumen y leen, es una alegría tremenda. Por ejemplo, ayer estuve con los chicos del Callao y firmé sus libros. Todos querían conversar y que les firme. Lo único que hace uno es reflejar sus problemas, sus visiones, sus ilusiones, sus dolores y eso es lo que hago, y eso es lo que hacemos la gran mayoría de escritores. Yo estoy con el pueblo pero teniendo en cuenta que la palabra es poesía que exige trabajo y dedicación.
 
V: Ahora estás inaugurando una nueva colección de Biblioteca de literatura de Junín, ¿por qué nace esta colección y qué proyección tiene?, ¿cómo piensan continuar esto?
F: Esta es una idea de hace tiempo. Siempre he querido que se conozca el Perú. La educación tiene que empezar por el conocimiento de nuestro contexto nacional, tanto nuestra realidad natural en todas sus dimensiones. Nuestra realidad social, tan conflictiva, tan problemática, pero también tan hermosa y tan sencilla. Claro que existe una pluriculturalidad, pero existe algo que nos mantiene, que nos sostiene, que es la cultura andina. Últimamente han querido oponer la cultura andina a la criolla. No existe esa contradicción. No sé qué será lo criollo, solo sé que existe cultura peruana, una cultura andina, que es la expresión del conocimiento, de la creatividad, del alma del peruano ya sea del mar, de la costa, de la yunga, de la quechua. Todos somos peruanos del norte, centro y sur y todos tenemos una afirmación que es la peruanidad. Hoy en día sí se está conociendo más de esto porque estamos publicando cosas de Puno, Cuzco, Tacna, Arequipa, y cada uno tiene su singularidad y su generalidad, su singularidad es ser arequipeño, ser ancashino, ser piurano, ser huanca pero su generalidad es ser peruano es decir andino. Queremos que aparte de reflejar estas realidades culturales locales, también se apoye lo que viene a llamarse ahora la formación comunicativa a través de la lectura, porque no hay bibliografías locales, o si existen, son muy limitadas. Aquí en Lima nadie conoce las culturas que hay fuera y quisiéramos que esto sea toda una colección, no solamente de Junín sino de todo el Perú. Ojalá nos abran las puertas de los supermercados grandes para que siquiera conozcan los que nosotros tenemos.
 
V: ¿Cómo se van a estructurar estas colecciones?
F: Por regiones. Se llaman bibliotecas de la literatura, en este caso es de la región de Junín, luego se hará de Huancavelica, Arequipa, Lima y Lima provincias.
 
V: ¿Se va a recoger leyendas y mitos de cada región? 
F: Claro. Es lo que se llama tradición oral o literatura oral. Luego habrá antologías y libros básicos o clásicos de cada lugar. Es un criterio inclusivo porque también hay libros de historia, ensayos, geografía, libros clásicos. Por ejemplo el Paisaje peruano de Riva Agüero es fundamental.
 
V: Después de la colección Biblioteca de Junín, ¿de dónde será la siguiente?
Primero veamos la de Junín. Serán 24 libros. Luego queremos trabajar la de las provincias de Lima. Es muy interesante esa cultura limeña, por ejemplo la cultura cauqui es famosa. Su centro fue y sigue siendo todavía Yauyos. En base a ellos se escribió el libro Dioses y hombres de Huarochirí. Eso hay que reivindicarlo. Justo estábamos hablando con el doctor Javier Badillo de San Marcos. Queremos trabajar con Gonzalo Espino y otros estudiosos.
 
V- Será todo un equipo. Sé que en la Colección de Junín trabajaste solo.
F: Cierto, he trabajado solo. Hace tiempo que he estado trabajando en esto. Tengo una amplia bibliografía. Para lo de Lima también la tengo, pero hay que trabajar en grupo y publicar libros básicos de lo que llamamos Lima provincias, porque Lima urbe es todo y no es nada. A pesar de que son provincias de Lima un yauyino es yauyino y es limeño, un canteño es canteño y es limeño, un cajatambino es cajatambino y es limeño y se conserva, Caral, Pachacamac son limeños, inclusive Torero decía de que el nacimiento del quechua fue en la sierra limeña. En eso estamos, el próximo año saldrá la colección de Lima provincias.
 
V: Piensas sacar colecciones con 24 libros para todas las regiones?
F: No, depende del material que haya. Algunas tienen más. Por ejemplo, de Junín me han llegado dos libros de un poeta jaujino muy bueno y tienen que ser publicados; entonces la colección crece, ya no serán 24 sino 25
 
V: ¿Y estos libros se han editado pensando en el Plan Lector?
F: Bueno, sí. Un poco, aunque yo siempre pensé en la lectura, siempre he motivado la lectura y he hecho leer a mis alumnos desde hace muchos años, antes de que exista el Plan Lector. Ahora hay que subirse al barco y aprovechar la marea. Está interesante el Plan Lector.
 
V: Pero hay que capacitar a los docentes.
F: El maestro tiene que tener toda una riqueza bibliográfica, una capacidad de posibilidad bibliográfica para que pueda exigir a sus alumnos. Eso es lo que queremos. Por eso estamos capacitando, yendo a universidades. San Marcos va a hacer cada sábado un seminario sobre todo lo que tenemos sobre lectura. A mí me toca el sábado 20 en el Centro Cultural España.
 
V: Se habla muchos de las carencias de los maestros, pero ¿cuánto acceso tienen los docentes de fuera de Lima a los libros? En la misma Lima hay contadas librerías. En provincias las hay menos. 
F: Mira, No es que quiera hablar mal de Huancayo, porque es mi tierra también, pero hay como 12 universidades y no hay mas que una librería, Ibero, que tiene sus propias exclusividades y la otra, La Familia. Dos librerías para 12 universidades. Pero lo importante es que al lado existe la informalidad de los libreros. Además tienen su manantial en San Marcos. Y al lado de todo eso está la informalidad, el pirateo. Por ahí va la cosa. La editorial San Marcos vende mucho a nivel de pueblo, directamente. La encuentras en el último rincón del Perú. Hay representantes de San Marcos, ya no como vendedores de libros de San Marcos sino gente que trabaja con San Marcos. A veces no tienen librería y trabajan en la informalidad, a veces venden en el suelo, etc. Y se encuentran estos libros en todo sitio, eso es lo más importante. Yo estuve en Apurimac y al lado de donde están las agencias de transportes hay un parquecito, feria del libro le decían y cuando fui a ver estaba todito lo de San Marcos. “¿Eres representante de San Marcos?”, les pregunté. Me contestaban “No. Yo soy de aquí, vendo libros, estoy haciendo mi feria”. Cuando les pregunté cómo lo hacían me decían que compraban y abastecían a Chalhuanca, Andahuaylas y otros pueblos
 
V: ¿Con el Plan Lector se está leyendo más?
F: Dicen que los chicos están leyendo 10 ó 12 libros al año. El profesor debería leer el doble. En el Perú hay bastante preocupación por las bibliotecas, hay bibliotecas de las municipalidades y bibliotecas populares. Hay ONGs que compran libros y también compran bastante a San Marcos y llevan, establecen y organizan bibliotecas. Ahora último sobre todo con el Plan Lector, están organizándose, inclusive paralelamente al colegio, la hora de la lectura. Los chicos terminan clases a las 5 ó 6 y desde esa hora hasta las 8 hay universitarios que están trabajando con ellos. Es bonito. Eso se está dando en varias regiones. Creo que los escritores deben ir también a estos eventos. Hay varios que quieren que les paguen un montón, que los lleven en avión, que les den comodidades. Así, ¿cómo van a difundir la lectura?
 
V: Hablemos de tus obras. Primero empiezas con novelas que tratan lo social. Muchas de tus obras han tratado los años de violencia. Y ahora estás más bien incidiendo en la literatura infantil. ¿Podrías contarnos de este proceso?
F: La literatura que he hecho y sigo haciendo, fue fundamentalmente una literatura movida por la inquietud social. Las convicciones ideológicas que uno tiene y, bueno, sigo con esos criterios. Así es como surgieron todas mis novelas, siempre partiendo de la realidad, desde mi punto de vista. Si lees Pedregal de Yaname, por ejemplo, ves que es la novela de un niño y su papá, que trata de establecer sus cosechas. Eso mismo se encuentra en Niños de barro, un poco autobiográfica, sobre mi niñez, mis experiencias de pueblo. Uno también se nutre de los mitos, las leyendas y los cuentos, esa es una fuente inagotable para la literatura. El Toro que se perdió en la lluvia es un cuento que salió con Agomayo en un primera época, pero resulta que en los colegios todo el mundo lee este cuento, entonces lo hemos separado e incluso lo he hecho crecer más porque ya es una novelita pequeña. Y, ya pues, qué iba a hacer con Agomayo: tuve que quitarlo.
Hace poco he escrito también otro librito, Ciro Jilguero, que todavía no está publicado. Trata de los niños que en el campo viven con las avecillas, el canto, la vida, el color y las flores. Eso no se ha perdido a pesar de Internet y esas cosas y es la fuente fundamental de la escritura. Ahorita estoy trabajando dos novelas, una que se denomina Mantaro, sobre mi vida en el valle pero en tres décadas: del 70 al 80, del 80 al 90, y del 90 al 2000. Los 70, que es la reforma militar; los 80, cuando se da la subversión y la represión tremenda en el valle; los 90, la época de la corrupción y el narcotráfico.
 
V: Veo que tus novelas están ambientadas principalmente en la sierra.
F: Sí, pero también en Lima, porque yo soy de Lima, nací en Miraflores y crecí en Canta, en ese paisaje celestial de nuestra limeña que se llama Pariamarca, la comunidad campesina de mi padre. Siempre mis obras tienen relación con Lima, por ejemplo, Agua Encanta es sobre la gente que viene a Lima y luego vuelve. Sierpe de oro sí es de tema andino, recordando la historia de nueve campesinos que asaltaron el tren en Ticlio. Las novelas que son de la época de la violencia sí son netamente andinas, aunque también hablan algo de Lima, por ejemplo, en Candela quema luceros, uno de quienes propicia la sublevación de los campesinos es un tipo que había venido a Lima y luego vuelve y empieza a transgredir las leyes de la comunidad; la comunidad se levanta y hay un choque con las fuerzas represivas, las que calumnian diciendo que se han levantado contra el gobierno y hay una matanza. Pero no es tanto que me interese la sierra, sino los problemas sociales, junto a las cuestiones nostálgicas, telúricas, de Agua encanta, Pedregal de Yaname, que son reminiscencias de mi vida.
 
V: ¿Cómo ves la literatura de estos últimos años en provincias?
F: Lo que veo es que después de los 70 y 80, los escritores de los 90 quieren imitar a Lima, a la literatura light. Quieren renunciar a su propia identidad y buscan temas en cosas superfluas, pasajeras, del momento, el problema de las discotecas, de la homosexualidad, de la marginalidad, de la delincuencia. Esos temas están entrando a nivel nacional. Hay imitaciones, aunque hay algunos que sí reivindican lo nuestro. No me refiero al pasado, yo tampoco estoy de acuerdo con eso, sino me refiero a toda esta fuerza nuestra, por ejemplo, el fenómeno que ha sucedido en las elecciones: la mitad del Perú es otro y la otra mitad no saben qué son, y por eso los resultados en las elecciones. En cuanto a la lectura, se observa es mismo fenómeno. En el sur, que es la zona más pobre, la gente lee. En el norte, la gente lee muy poco, pero todos debemos leer mucho.
 
V: Sin embargo, se escucha de la existencia de movimientos literarios y del nacimiento de editoriales en la zona norte.
F: Me parece que hay mucho elitismo en el norte. Ocurre que donde ha habido grandes haciendas, la mentalidad todavía subsiste. El grupo que hace cultura, hace su círculo literario, hace su tertulia y el pueblo es otra cosa; esa es la situación. En el centro no es así, se ha democratizado, es un fenómeno que más o menos ocurre aquí en los 70: los poetas son poetas del pueblo, como Hora Zero. Ya el elitismo de los 50 no existe, y eso no solo en poesía sino en narrativa y otros géneros. En el norte todavía existe eso. Huaraz es un poco ecléctica; se da a todo nivel, pero el norte es una pena. La literatura es exclusiva, muy exclusiva, de un grupo de gente nomás. Los maestros no los conocen, no tienen relación con ellos, ahora claro se esta fomentando la lectura y eso es básico. En Ayacucho, Apurímac la cosa es diferente. Ve con tus libros a Andahuaylas y verás que barren con todos tus libros al toque. Todos los maestros están deseosos de leer. En Cerro de Pasco, ni hablar. En Huanuco, Tarma, Huancayo la gente lee mucho, en Arequipa también. En el Cuzco, no. Es estéril para la cultura. Debe ser por el turismo. En Puno sí; en Puno creo que cada alcalde es poeta.
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