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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Boris Espezúa Salmón
Boris Espezua: Ayarachi de la poesía peruana

Por Bethoven Medina Sánchez
Fuente: Librosperuanos.com
Marzo, 2017

Boris Espezúa (Juli, 1960) es un poeta imprescindible en la promoción del ochenta de la poesía peruana. La calidad de su poesía le hizo merecedor del premio Copé de Oro Poesía 2009, por su excelente libro “Gamaliel y el oráculo del agua” (2010).  Anteriormente, editó los libros: “A través del ojo de un hueso” (1988), “Tránsito de amautas” (1990), “Alba del pez” (1998) y “Tiempo de cernícalo” (2002). 
 
En el 2014, presentó “Máscaras del aire. Candelaria fe y fuego” (2016, 3era. Edición), libro poético que se basa en la Fiesta de la Candelaria de Puno, la cual se celebra a partir del 02 de febrero mediante elementos paganos, tradicionales y sincréticos de las religiones católica y andina. Ésta,  dura tres semanas de despliegue dancístico, musical, con bebidas y comidas que elevan el espíritu festivo. Por lo señalado, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco el 27 de noviembre de 2014.
 
 
Boris Espezúa ha superado los conceptos puramente estéticos sobre Danza y Poesía, por la forma didáctica como plantea la estructura de su libro, obteniendo compás estético danzario con la metáfora para develar el cosmos poético que por su movimiento se constituyen en cosmogénesis y biogénesis.
Tenemos como antecedentes danzarios a José Lezama Lima (Paradisso), Paul Valéry (Cementerio Marino)  y Edgar Allan Poe (Aideen-Paraiso). Éstos, aportan a la urdimbre poética de la Danza genérica. En nuestra literatura la producción literaria del período prehispánico se dio en el territorio andino, y, obviamente, está vinculada al Imperio de los Incas. Los cronistas de la conquista y de la colonia han dado fe de la existencia de una literatura quechua, que se transmitió de manera oral y que se dividía en cortesana y popular.
 
La literatura popular surgió del pueblo mediante composiciones poéticas unidas a la música y la danza, y por lo general eran cantadas coralmente en fiestas, nupcias, funerales, guerras y otros actos. Sus manifestaciones principales fueron: El harawi y el haylli, himno de alegría, que se entonaba en las fiestas religiosas y/o en celebraciones de triunfos.
 
En la etapa republicana tenemos registrados los poemas “La danza clara” de José María Eguren, representante del simbolismo;  el poema “La Danza de las horas” de Abraham Valdelomar, representante del modernismo; y los recientes “Elogio de la Danza” de José Ruíz Rosas y “Simulación de la máscara” de Tulio Mora en una interesante aproximación e interpretación de las celebraciones populares andinas, de sus tradicionales bailes, máscaras y disfraces.
 
En “Máscaras en el aire” Boris Espezua une la magia y la fuerza de la danza puneña contemporánea en prosas poéticas y coreográficas, de manera que ha trascendido de lo artístico local a lo global, y es por ello que valoramos la integración  de las artes y su aporte al desarrollo cultural del arte total, lo cual nos permite ampliar nuestras visiones estéticas y proyectos, para valorar nuestro folklore y riqueza dancística.
 
“Máscaras del aire. Candelaria fe y fuego” es un homenaje a la fiesta colectiva que se realiza en los andes puneños, y está dividido didácticamente teniendo en cuenta el desarrollo de la Festividad de la Virgen de la Candelaria de Puno, en los siguientes capítulos que analizamos: 
 
1.- “Entorno”, que contiene los poemas Danzario I, el origen de la danza, danzar en el aire mágico, cuerpos danzantes, máscaras, Achachi, Danzario Cruz, Danza y tiempo y Danzante de la Candelaria, mediante los cuales se exponen el surgimiento y el contexto donde se desenvuelven nuestras danzas. Leamos versos conceptuales en los siguientes fragmentos de poemas:
 
Danzario I:
 
“Danzar es flotar y elevarse para no morirse escuchando tu nacimiento, descifrando lo indescifrado, reluciendo los fulgores de una lengua que habla por otra lengua, de un salto que dice por otros saltos indetenidos” (pag.19).
 
Origen de la Danza:
 
“El equilibrio de la música es el áurea del cuerpo en movimiento, es el pulso gozoso del aire asumido. El cuerpo tiene su propia memoria, danza silencioso sin escuchar la música que ya está mimetizada en él” (pág.23).
 
Danzar en el aire mágico:
 
“III.- Son las cosas sin nombre las que llevo en mi capa de danzante, la sangre que late en las sienes y en los fémures.
Por mis ojos algún escarabajo salta y vuela con el agua que se esconde tras el humo del fervor que se escapa.
Por eso quiero atrapar a la música, tenerla entre mis manos y como agua rociarla por toda mi entidad y mi espíritu.
Pero como no puedo atraparla, me consuela que esté pintada en mi voz, alborotando la quietud de mi ser festivo.” (pág. 26).
 
En este apartado aparecen los kusillos, achachis, ayarachis, chinadiablas, diablos y chinas, caporales, osos, diablos y zampoñistas danzando eufóricos, celebrando el rito del peregrinaje hasta inclinarse a los pies de la Mamita Candelaria en señal de  acción de gracias  por milagros recibidos, o acaso, solicitarle curar los males del cuerpo y del alma. 
 
 2.-“ La festividad”, en la cual refleja poéticamente todo el proceso de la fiesta, Danzario II, desde albas, las vísperas, procesión de la Virgen, fiesta, cacharpari, danzarina y carnavales con un realización artística intertemática con valoraciones antropológicas, sociológicas, filosóficas y  dancísticas. Leámoslo:
 
Albas:
 
“Los cerros hablan todavía su antigua lengua que solo se entiende al terminar el día, cuando la tarde enrojece el cielo. En su madurez naranja y alta los yatiris adivinan su mensaje”.
“El Lago vibra. Y todas las blasfemias se pierden en el despeñadero de sus aguas” (pág.67) 
 
Estos personajes salidos del Ukhu Pacha, del mundo de lo intangible, de lo etéreo, del mundo de la magia y el arte, se apoderan del hombre, de su cuerpo y su alma; y asaltan el Kai Pacha, el mundo de aquí, de los seres vivos, para instalar el no orden y acercarse al Hanan Pacha, donde moran las deidades.
 
Carnavales:
 
“En carnavales soy fuego. La luna fija en la tierra las fechas del carnaval, su cartografía de sentidos, su identidad y vanidad, que en forma diversa se expresa con su colorida sangre tatuada de enamoramiento”. (pág.98)
 
3.- “Danzas Autóctonas”. Aquí aparecen el Danzario III, Danzas ancestrales, Danza de los peces, Danza de ancianos, Danza de marca de Ganado, Tarkadass y Pinquilladas, Qawari: danza de enamoramiento y  Sicuris, a través de los cuales nos muestra el enorme acervo ancestral de nuestras danzas y con su pluralidad cultural de la región Puno.
 
Sobre este libro, Marco Martos, señala que su autor  Boris Espezua “es un poeta de raza, desde siempre tiene el don de cantar, guarda la fuerza del Ande y la pericia de una aeda contemporáneo que recoge la sabiduría del pueblo y de los poetas puneños y los poetas universales que han elogiado a los elementos primordiales como la tierra, el agua, el aire, el fuego, que estaban antes del habla, que luego dan razón de ser a las máscaras polícromas y al baile polifónico con acentuados matices en el aire”. Leamos poesía y danza:
 
Danzas Ancestrales:
 
“La Danza es un tejido, es una convocatoria de varios hilos cromáticos que definen la coreografía solar o el diseño del paisaje telar.
Danzar es ser parte del colectivo, danzar no es para uno es para todos, es situarse con los demás, ser los demás, la razón de ser de la comunidad.
Danzar en círculo promueve sentimientos de fraternidad y de cercanía, es una sincronía entre intensidad y altura afectiva” (pág.111)
 
En esta sección, se descubre mayormente la esencialidad entre lo natural y sobre natural sobre al agro, el ganado, la danza y sus personajes que superan lo puramente genérico entre Danza y Poesía, entendiendo la imagen poética como el movimiento de la metáfora, tropo danzario que se eleva y alcanza mayores rangos danzantes y de comunicación poética. Los personajes que anunciamos apenas están sugeridos en los versos, sin embargo,  avivan la inspiración del poeta para, desde su voz íntima, expresar sus sentimientos, pensamientos y goce de la fiesta.
 
 4.- “Danzas de luces”. En esta sección final aparece el Danzario IV, Morenada, Llamerada, Diablada, Saya, Pandilla Puneña, La mujer y la flor: la waca-waca y el Qajelo. 
 
Se da el éxtasis de la algarabía multitudinaria con el avance de la música cósmica y sideral. El poeta hace que aparezcan todas las danzas y rituales dedicados a la cosmovisión andina, para mantener la fe en la madre tierra. Miles de bailarines danzan hasta el kacharpari: Diablos, morenos, sikuis, waka wakas, qusillus, chinas diablas, alferados y músicos; para renovar la fe en la vida y abolir la muerte.
 
En este hermoso libro de prosa poética es notorio el carácter multifónico y polisémico, pues lo humano se expresa mediante personajes que hablan y danzan, interpolando el texto poético (en cursiva) como Santiago el Turista Ilustrado, El Kusillo, El Ayarachi y La China Diabla. El poeta se expresa en estos sujetos poéticos mediante los cuales danza, medita, aviva y eleva las danzas espolvoreando su contenido simbólico, mítico, ritualista, folklórico y religioso. Sigamos leyendo y danzando: 
 
 Morenada
 
¡Vamos morenos!  vamos donde las palabras obedezcan solo a la pasión y se eleven los ojos hacia la luz.
 
Donde está el Pez liberado sobre la marea de gente empinada en lo alto del goce.
 
¡Vamos a columbrarnos de ese Pez! De su luz que fenece el estío de su pesar en el azar del bien perdido. (pág. 158)
 
Pandilla Puneña:
 
“Que bailen las guitarras, dancen las mandolinas, canten los charangos, brillen los pañuelos, giman los violines, vibren los sombreros, pónganse al centro del universo de la pandilla, para crear otros sentidos, otros mundos” (pág. 178)
 
En resumen, es un canto coral a la festividad  de la Candelaria como expresión religiosa y festiva mediante la poesía, la danza y la música. Es la costumbre y  expresión folklórica , que anualmente convoca la presencia de más de 180 conjuntos, entre "danzas nativas" que proceden de las comunidades autóctonas de Puno, y  conjuntos de danzas organizados en los distintos barrios de la ciudad  en su mayoría denominados "danzas con trajes de luces", donde participan directamente 100 mil danzarines y unos 10 mil músicos, sumando su participación indirecta unas 35 mil personas más entre directivos, alferados (preste), bordadores, artesanos en la confección de caretas, botas y zapatos, cascabeles y otros elementos.
 
Esta obra de Boris Espezua, en definitiva, es un gran mural de poesía y danza, libro en el cual el cuerpo al danzar expresa su lenguaje; y la danza, es la vida misma, y el danzante es manifestación de esencialidad, componiéndose de los elementos aire, fuego, agua y tierra.
 
Epílogo:
 
(4)Santiago: La música se liga al misterio, es la expresión de lo que no tiene voz por sí mismo. La luz y el fuego se transmutan en ritmo, canto y ese espíritu emana de la tierra. En los entresijos de la música están los ojos transparentes de la naturaleza viva que se muestran radiantes como las piedras de los ríos. (pág.25).
 
(5) Santiago: La vida es danzar. La contención de emociones es el mayor clímax de estereotipos entre lo místico y lo corporal. La parodia y la sátira. Los danzantes tienen el poder emocional, el modo erotizado de entrar en trance con el cuerpo y que cada movimiento sea interpretado por el aire. (pág. 27).
 
Concluimos recordando que Ricardo González Vigil, lo  consideró como el mejor libro de poesía peruana del 2015, lo cual indica que nuestra identidad poética  avanza con el rescate de su originalidad, integración artística y expresión popular; además de otras ponderaciones.
 
 
- MÁSCARAS EN EL AIRE, Candelaria: Fe y fuego. 3ra edición corregida, marzo 2016. Ministerio de Cultura. Dirección Desconcentrada de Cultura de Puno. Ilustraciones de Juan De la Cruz Machicado.
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