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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Leoncio Bueno
El inaudito canto de Leoncio Bueno

Por Iván Yauri
Fuente: Librosperuanos.com
Abril, 2016

Leoncio Bueno es, como se sabe, el poeta de mayor edad en nuestra tradición nacional, pues ha cumplido los 94. Y al mismo tiempo es también uno de nuestros mayores poetas vivos. 
 
Viene de aparecer, en las últimas semanas, un volumen que reúne sus antiguos cinco libros publicados junto a otros cinco inéditos posteriores, bajo el título Memorias de mi desnudez (Lima, Nido de Cuervos, 2014). Estos nuevos libros, y varios más, proceden de los treinta últimos años, en que el autor hizo conocer su poesía únicamente a amistades y lectores cercanos. Los ejemplares en circulación no estuvieron publicados por la industria editorial, sino entrañablemente trabajados de manera artesanal por el propio poeta. Una auténtica y sorprendente experiencia de contracultura, bastante en la línea de aquella característica que lo convierte en un caso especial en la literatura peruana: es el único gran poeta obrero que hemos tenido. 
 
Para quienes conocemos su obra, Leoncio es el poeta de la identidad, los principios, la lucha popular, la poesía insurgente y el eros. Reivindica las identidades culturales indígena, negra, mestiza, serrana, costeña. Moche. Andina. La herencia pre-hispánica. El recuerdo de nuestros padecimientos históricos. Las gestas migrantes. La identidad cultural latinoamericana, desde los tiempos de las resistencias anticoloniales hasta las rebeliones contemporáneas.
 
Y a su obra voy a referirme, no sin antes aclarar que, desafortunadamente, es solo en una escala menor que podrá el público valorar su poesía a partir de la reciente compilación publicada, debido a la ausencia de la gran mayoría de sus textos de las dos últimas décadas. Es en ellos donde Leoncio culmina desplegando de verdad todo su oficio y, en especial, nos transmite distintos ángulos de su vida y su poética, pero, sobre todo, se nos revela en los versos de amor y de erotismo. Así, sugiero mucho a los lectores del libro empezar directamente por los excelentes textos de El inaudito canto de los Huacatay, para luego continuar en los conjuntos Los últimos días de la ira, Páginas de un diario y el memorable Rebuzno propio, prosiguiendo con el resto de la publicación.
 
El combate
 
Hijo de un jornalero cajamarquino y una morena costeña, Leoncio Bueno va a pasar desde el inicio por la cruda escuela vital del proletariado. De los lejanos trapiches de su adolescencia en la hacienda, pasando por las factorías textiles, las labores de construcción y el taller de mecánica, al compromiso marxista militante y las consiguientes prisiones con que los poderosos lo gratificaron.
 
Por eso su poesía no puede ser sino una expresión de la lucha milenaria del pueblo trabajador por sobrevivir, producir, rebelarse, enfrentar los privilegios y crímenes del enemigo y sus aparatos de represión. Poemas en que la libertad es la matriz del insurgente, del guerrero radical que nunca será siervo, que lucha por la clase obrera y los marginados, por los indios, los cholos y los negros, por los de abajo... Y en Comas, en 1958, el poeta se ha alistado en “la guerra de los runas”. El combate de las masas andinas migrantes por el derecho al suelo donde vivir, lucha que genera los Pueblos Jóvenes. 
 
Según él mismo, sueños e ideales de amor lo habitaban. La fe en las causas justas. Toda nuestra historia, desgarrada y heroica, la historia terrible de la humanidad productora, la resume finalmente en el concepto-consigna de una “revolución mundial con poesía”. Una revolución que defiende los valores de la verdad, la conciencia social, la libertad, la memoria histórica, la lucha de generaciones, la lucha por la vida en el planeta. Una revolución social contra la propiedad privada, contra la violencia estructural de la civilización capitalista, contra el imperialismo, contra el Estado de la maldad, contra el subdesarrollo, el feudalismo, la Inquisición, el militarismo, el caudillismo, el genocidio, el fascismo y el estalinismo, contra todas las lacras sociales y contra el opresor concepto de Dios. El poeta rechaza la “post-modernidad” y la “globalización”. Denuncia a los "biensituados", a los arribistas, inescrupulosos, argolleros, privilegiados del sistema. Rechaza toda prebenda y toda adulación a los poderosos. 
 
La división trabajo intelectual/trabajo manual es denunciada también como obra de la burguesía. La clase dominante tiene sus propios intelectuales, aunque en general todos los intelectuales resultan privilegiados socialmente frente a los obreros, que son explotados y reprimidos pero además engañados por intelectuales. E ironiza acerca de los intelectuales de izquierda, que dicen valorar a la masa trabajadora pero viven también como oportunistas privilegiados. En concreto por ejemplo aquellos que pasaron a trabajar para la dictadura velasquista, régimen basado en la FFAA y Policiales pero que se reclamaba socialista, humanista y cristiano, en una supuesta "democracia de participación plena".  
 
También emplea la sorna hacia los aparatos estalinistas, la famosa "nomenklatura". Por burocrática, sectaria, oportunista, medradora, abusiva y cínica, que en el Perú apoyó a la dictadura velasquista. Hace la denuncia de Stalin y sus masacres, del "socialismo real", la dictadura de partido único, la teoría del "realismo socialista" para el arte, el pacto Stalin-Hitler de 1939, los gulags, e incluso de la actitud apologética en poetas como Neruda y Guillén.
 
Y como parte del enfrentamiento al sistema, el trovador impío trata con sarcasmo a Dios y a la religión, rechaza la institución del Papado o evidencia el papel de la Iglesia en el martirio de la científica egipcia Hypatia.
 
El amor y la poesía
 
En su trayectoria vital lo acompañan sus ancestros más cercanos: no olvida al abuelo labrador, al padre ni a la madre. Pero tampoco a los lugares que guardaron su cariño: la Facalá de su origen, las pampas de Comas, su taller “Túngar”, su definitivo asentamiento en Tablada de Lurín. Por todos ellos ha recorrido el poeta concibiendo al amor como el sentido de la vida: el amor, en suma, por la libertad. En todas sus estaciones ha levantado la centralidad de los sueños, ha testificado los infortunios que le deparan al díscolo y principista, ha reflejado su condición, la condición del poeta, su identificación entre vida, escritura y lucha. 
 
Vivir para la poesía significa buscar únicamente la propia voz, la inspiración, el genio, la magia que vaticina la verdad, aunque esto no traiga más que soledad, pobreza y calamidades. Hay que tener el coraje de vivir sumergiéndose en el alma, en busca de la poesía. El valor de mantener las esperanzas, los ideales, de vivir cantando las insurgencias, denunciando la sordidez política, sin "progresar" y sin “éxito”, sin arrastrarse tras la fama ni brindar genuflexiones a los farsantes. Esos son los principios y el destino del poeta. Aquel tan perfectamente enamorado de la libertad como de la poesía. 
 
La poesía: esa bella muchacha dulce, pícara, loca y... sexual. Precisamente, la mujer y la sexualidad como feliz vértice en la vida del bardo. La mujer es el amor, la compañera, la ilusión, el deseo y la nostalgia. La presencia sin la que todo corre el riesgo de devenir un caos. Y al escribir y escribirle, arriba la luna como símbolo del amor y la pasión. Una pasión juvenil que para Leoncio fue primero rural y luego de la capital. Una Lima simbolizada en la limeña amada y siempre deseada con desesperación. El encuentro vital excelso, poético y supremo de la fusión de los cuerpos, y el sexo de la amada como belleza y hasta como obsesión.
 
Leoncio Bueno es una voz muy singular en la poesía peruana. Su poesía, su poética, creo, han hecho época, su propia época, al margen incluso de las recientes épocas, que para él han sido ya muchas. Como apunte, su obra contiene poemas y referencias sobre una serie de vates, la mayoría contemporáneos y conocidos suyos: Jorge Eduardo Eielson, Dylan Thomas, Juan Ojeda, César Moro, Alejandro Romualdo, Ezra Pound, Martín Adán, Sologuren, Moreno Jimeno, Villon, Rilke, Calvo, Scorza y demás amigos de la poesía peruana. Algo de cada uno latirá en estos versos y algo de Leoncio habrá permanecido también en muchos de ellos.
 
Y, volviendo al inicio de este escrito, concluyo esperando para nuestro querido Leoncio una nueva oportunidad de publicar, con cierta urgencia, impresos y/o virtuales, los libros sin los que no se podrá calibrar realmente la envergadura de su obra, y que contienen los poemas siguientes: Agonía de un labrador. Del entierro., Vivirás en este mundo sin bolilla, Declaración de principios, La voz, El sentido de la vida, Tan solo la palabra, Recordando a Dylan Thomas, Recordando a Pessoa, Recordando a J.E. Eielson, Recordando a César Moro, Recordando a Alejandro Romualdo, Poesía, El símbolo de la felicidad, El hombre que quería morir ametrallado, Historia y Ciencia, Soy como el Manifiesto, Libreto de reafirmación y reencuentro, Pueblo Joven sin compasión, Esteras que cantan en verano, Los intelectuales de la oligarquía, Oración gulag, Con la verdad no temo ni ofendo, No sufras más, peruano, Nostalgias, Soñando, A la recherche du temps perdu, Fresco del alma, Bienvenida a mí, Sin dudas ni vacilaciones, La sombra del tulipán, Coito, Orquídea negra, Poema del amor silvestre, Esos hoteles, De claro en claro, Amor en un canal de regadío, Páginas de un diario 1 y 2, Arte de amar, Líbrenos Dios, Benditos sean, Solicitud con detonante I, II, III y IV, Continuidad del sueño, Nocturno 1, Poema del amor violento, Canción de Agnes, Corrientes aguas, chelas cristalinas, Yo soy ladrón jaujino, Canción de amor, Memorial de las piedras antiguas del Perú, Yo soy un negro, mátenme, Poesía es destino, Sin Dios y sin Sol, ¿Quieres ser poeta?, Un triste entierro, Grama dulce, El deber de vivir, La batalla final, Finis vitam.       
 
Dice una máxima popular que es muy difícil ser un gran artista y aún más difícil ser mejor persona, pero nada hay más difícil que convertirse en ambos. Yo creo - no creo, estoy convencido - que si alguien nos prueba durante un siglo la confluencia entre una insurgencia poética inaudita y semejante dimensión ética de su vida, el caso de Leoncio Bueno es, sin duda, el de aquellos pocos en estado de gracia.
 
 
Cusco, abril 21 / 2014
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