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¡Ni una más¡
La violencia contra la mujer: el estado y sus cómplices


Por Débora Zambrano Gonzáles
Fuente: Librosperuanos.com
Agosto, 2016

Estos últimos días han sido especialmente indignantes para las mujeres. Las  sentencias que  favorecen a los perpetradores de violencia contra la mujer ejemplificados en Ronny García y Adriano Pozo  así lo demuestran.

Desde el punto de vista legal, según la jueza María Pacheco, los peritos no han podido probar lo que la demandante señalaba, violación sexual y tentativa de feminicidio contra Arlette Contreras, justificando además que el hombre estaba ebrio y motivado por los celos. Sin  embargo, el video permite ver como el agresor arrastra desnuda a la mujer, cogiéndola de los cabellos, al viejo estilo de las cavernas, evidenciando una violencia extrema y el deseo de marcar la humillación y total control sobre ella. Todo ello demuestra que se trata de un agresor en potencia de mujeres y con esa sentencia ya sabe que la justicia está de su lado.

El trato recibido por la víctima denigra su integridad física, psicológica y moral, violentando  sus derechos elementales. El daño es grave. Algunas  heridas físicas  se curan; otras, como es el caso de quienes sistemáticamente son agredidas por su pareja, nunca. El daño psicológico, los  golpes cargados de insultos, permanecen en la mente de la víctima, la idea del suicidio no está lejos de apoderarse de ella, estando más cerca cuando, al denunciar al agresor, la justicia   la  invisibiliza.

En relación al daño psicológico,  desde el 2009 el INEI señala en sus estadísticas tres tipos de violencia contra la mujer: física, sexual y  la última incluida es la psicológica. Es preocupante observar que no se le está dando ninguna utilidad a ese indicador cuando se está reconociendo su importancia.

UN SISTEMA PERVERSO: Instrumentaliza a la mujer para castigar a otra mujer
Hemos visto como la Presidente de la Corte Superior de Justicia de Ayacucho Tatiana Pérez y la   jueza Pacheco han estado unidas en respaldar un fallo que a todas luces es indigno y vergonzoso para las mujeres y es más: sienta un precedente alentador para los agresores, promoviendo el abuso hacia las mujeres con sentencias insignificantes. De otro lado, desalienta a las que quieran denunciar al victimario, pues saben que no lograrán justicia a través de sus demandas.

Aparentemente, nadie puede entender como dos mujeres que han sido formadas en un sistema de desigualdad de género, instruidas, estén impedidas de verse reflejadas en las víctimas. Una hipótesis  es que nuestra dominante sociedad conservadora está controlada por una conciencia moral  patriarcal -machista, que coloca a  las mujeres en condición de dependencia masculina y donde el valor más preciado de una mujer es ser madre. Por  lo tanto, Arlette Contreras como Lady Guillèn son expresión de dos mujeres  transgresoras de ese sistema, que hacen uso de su libertad individual. Una es bailarina y la otra yacía en un hotel en Ayacucho. En nuestra sociedad, tanta libertad indigna a quienes no pueden tenerla.  Padres o madres de la patria proyectan al juzgar los casos,  no la censura a la violencia, sino a  la libertad de ambas mujeres  para manejar su vida privada. Por lo tanto, este jurado se proyecta en el agresor para verlo como víctima y no como victimario.

Lo perverso de este sistema es que las mujeres se pueden convertir en instrumento para castigar  a otras mujeres. Por lo tanto, el machismo que absorbe  la conciencia de nuestros magistrados y que coloca a los varones en una situación jerárquica superior, también se encuentra en la conciencia de muchas mujeres. Pueden ser amas de casa y también con preparación superior. La formación que perpetra la injusticia contra la mujer, busca controlar todo accionar que libere a las mujeres del yugo masculino.  El nivel de conciencia que las mujeres alcancen respecto a cómo se reproduce este sistema es de vital  importante para entender la gravedad del problema y detenerlo.

En el Perú, hace 35 años, el Congreso de la República emitió la Resolución Legislativa que aprobó la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer” conocida por sus siglas CEDAW, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1979 y  suscrita por el Estado peruano el 23 de julio de 1981.

Tal acontecimiento encaminó una serie de acciones positivas en el campo legislativo para las mujeres, pero han quedado en la mayoría de los casos, en situaciones declarativas. Según el último reporte de la Defensoría del Pueblo publicado en el 2015, sobre el cumplimiento de la Ley de Igualdad de oportunidades (LIO) en el Perú señala, “ una vez más la Defensoría del Pueblo pone en evidencia que, pese a los avances normativos, persisten vacíos y limitaciones para la aplicación de las normas que establecen la incorporación del enfoque de género en los presupuestos del Estado…no ha podido aún dar cuenta…de la incidencia de las políticas de igualdad de género en el gasto público y de sus avances en la igualdad de género”. La situación es preocupante considerando que la Ley 28983 está vigente desde  el 2007 y que la nueva geopolítica nacional que permite a los Gobiernos Regionales (GR) manejar sus presupuestos vige desde el 2002. Tenemos   nueve años de aprobada la LIO  y solo se ha conseguido en el mejor de los casos la aprobación de Planes Regionales de Igualdad de Oportunidades (PRIO) en los GR  que incluso en algunos casos han dejado de estar en vigencia como  el caso de Apurímac, Moquegua, Piura y Ucayali, es decir han culminado su periodo sin resultados en la mayoría de los casos. También existen GR que no tienen PRIO o están en proceso como: Huánuco, La libertad, Tacna, Lima y Tumbes. Si los GR fueran dependientes económicamente del gobierno central, lo señalarían con el dedo, para justificar esta falta. Pero es  la intolerancia y la resistencia a tocar un tema que por investigación propia sé que los GR piensan que es un tema de mujeres. Ese es el motivo por el cual no destinan dinero para estos fines.

Así mismo, si revisamos la posición del Perú en el último Foro Económico Mundial que evalúa las brechas de género para el 2015, refiere que estamos en la posición 89, frente a otros países  que tienen una mejor posición que la nuestra, como es el caso de Bolivia (22), Ecuador ( 33), Colombia ( 42), Argentina ( 35) y Chile (75 ).

Está pendiente transversalizar el enfoque de género en todas las estructuras del Estado. La violencia contra la mujer es un detonante, que evidencia lo poco  o nada que se está haciendo por romper el paradigma complejo de la desigualdad, que posee raíces tan profundas, que es imposible que alguien se libre de lidiar con ese sistema todos los días.  

Los PRIO se deben ejecutar destinando presupuesto para lograr sus objetivos. Es necesario enfrentar todos los cuellos de botella que detienen el proceso de revertir la violencia de género, de lo contrario, esta seguirá aumentando, disfrazada en hombres y mujeres operadores de justicia donde su “conciencia moral” estará controlada no por la ley ni  las evidencias de maltrato, sino por aquella conciencia oculta y que subyuga  la aplicación de leyes, que silenciosamente controla  sus mentes y que se reafirman en la permanencia de un sistema injusto, violento,  y  autoritario para las mujeres.

Flores Galindo señalaba que nuestra sociedad tenía una larga tradición autoritaria que se reflejaba en cada una de sus elementales estructuras sociales como la familia, la escuela, la iglesia y el Estado. Decía además que estas estructuras estaban conectadas por lo que él llamó “conexiones de sentido” haciendo alusión a un término psicoanalítico. Pues, la manera como se reproduce y se teje la telaraña social de la violencia de género es utilizando estos núcleos de formación social, que están interconectados, además de gozar de una reputación social paradigmática. La familia forma los valores de los hijos en silencio, destinando labores domésticas a las hijas y promoviendo la libertad, la rudeza y desvalorización de las actividades del hogar en los hijos varones, estableciendo una jerarquía que naturaliza la discriminación de género las 24 horas del día, donde todo este ritual de aprendizajes que se reproduce generación tras generación se da con la mejor de las intenciones, amor de padres.

Vivimos todavía en un mundo donde se yuxtaponen dos culturas, aquella que responde a la división social del trabajo según el sexo y  otra de la que entusiastamente habla  el sociólogo Alain Touraine en su libro “El  mundo de las mujeres” señalando que ellas están forjando una nueva cultura: abandonar el rol de víctimas, buscando romper con el discurso “no hay nada que hacer” y contribuir al redescubrimiento de ellas.  

La marcha convocada por el comité organizar NI UNA MAS, es  la prueba de esta nueva cultura que quiere derrotar una historia de dominación ancestral, que está costando la vida de seres cuyo único delito es ser mujer y que también está costando la vida de hombres a los que el sistema ha envenenado su mente convirtiéndolos en feminicidas.

Este 13 de agosto todos y todas debemos ponernos de pie para que la violencia contra la mujer cese.   ¡ NI UNA MAS ¡

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