Logo Libros Peruanos
buscar

ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z

Dardo Cúneo, el Aprismo y el Socialismo.
Cartas con Andrés Townsend Ezcurra y Javier Mariátegui Chiappe 2


Por Osmar Gonzales
Fuente: Librosperuanos.com
Lima, diciembre 2012

CARTAS DE ANDRÉS TOWNSEND A DARDO CÚNEO

1/

Lima, 2 de agosto de 1945

Querido Dardo:

Mi primera carta limeña parte ya de una nota de redacción. Como es natural, la cinta es vieja y la maquina dura. Te escribo desde una casona de la calle Belén 1034, donde habrá de instalarse LA TRIBUNA, con Seoane de director y este tu camarada y hermano de subdirector. De impresiones y noticias tengo que escribirte mucho. Más de una carta. Pero una premura periodística que tu entenderás me hace circunscribir esta cual exclusivamente a encargos. Comprenda y perdone.
Ante todo: nos interesa el archivo de Víctor. Concreta precio. Esta encargado de finiquitar la operaciones Juan Merel, a quien tú conoces, y que regresa en estos días para encargase del avisaje del diario. Teléfono de Merel, el de Orfila: 23-9603. Habla por teléfono con Víctor y pídele que sea gaucho con las cifras. Nuestros comienzos, si bien no son angustiosos como otras veces, distan de ser dispendiosos.
Otro favor; te ruego que me envíes por aéreo, como impreso certificado, un ejemplar del diario HOY y de cualquier otro tabloide que te juzgues digno de tenerse en cuenta como modelo en el género. Por el racionamiento de papel… va ser nuestro formato. El número de páginas: 16.
Alcanzo a hacerte un resumen de las cosas: el Partido en la mayor lozanía de todas sus épocas. El Perú está saturado de aprismo. Bustamante ha cometido su primer error político con el Ministerio, reclutando entre los elementos más derechistas del frente e incluyendo en él a tres antiapristas confesos: Basadre, Ferrero y Alayza. Se estima que el gabinete tendrá corta vida, abriéndose entonces el dilema para el presidente: o el Apra al poder o…lo desconocido.
Víctor Raúl magnifico. No ha pasado un año desde 1935. Fuerte, vital, claro. Adorado por la multitud que donde lo distingue se precipita a darle la mano, a tocarle el saco. Algunas horas voy a trabajar cerca de él. Dice que soy el mejor intérprete de su pensamiento. Allá el.
Estuve con Carreras, Contento. El chico muy bien. Grandes recuerdos. No recibe La Vanguardia hace tres meses. Tampoco yo tanto ningún ejemplar. Interceda por estos proscritos de la Argentina.
Te prometo una carta larga e informativa. Esta cumple una misión confianzuda y pechadora que autoriza nuestra vieja amistad. Para Fanny y los chicos mi recuerdo cariñoso. Para los muchachos el abrazo que te pongo aquí, más estrecho, para vos.

ANDRÉS

Casilla 2699
Lima


2/

Lima, 16 de setiembre, 1945

Querido Dardo:

Casi el mes de recibida, contesto tu carta del 13 de agosto. Muchos han sido los momentos en que he sentido la angustia del tiempo que pasaba sin responderte. Pero La Tribuna, su instalación, los trabajos previos, el reclutamiento de personal, resultó más absorbente que mujer apasionada. Manolo supervisa todo con eficacia y actividad extraordinaria, pero día a día va recayendo más responsabilidad sobre mis hombros para no abrumar los suyos, ya de cariátide ante el peso del parlamento y la política. Por suerte, he encontrado un colaborador de primera agua en mi jefe de crónica: José Melgar Márquez. ¿Te acuerdas? Es aquel adolescente que en 1932 disparó los nueve tiros de su pistola contra Sánchez Cerro y estuvo condenado a muerte con Juan Seoane. Salió el mismo 28 de julio y se ha reincorporado a la lucha con naturalidad de combatiente. Es ahora un hombre de 32 años, hercúleo y sanote, de cultura notable adquirida entre las rejas. Nos hemos hecho muy amigos y creo que llegaremos a afrontar las responsabilidades del diario con parejo entusiasmo.
Sigo con apasionado interés la política argentina. Sin conceder excesivo crédito a las agencias, cuyos despachos cubren todos los días varias columnas, creo que Perón afronta el momento más duro de su carrera. Tengo esperanzas en el renacimiento de tu pueblo a través de esta prueba, y en que nazca, al fin, la herramienta que pides para el alumbramiento. Te ruego que me mandes todo lo importante que se publique en literatura política. Mi amor a la Argentina lo noto crecido y enhiesto día a día. Los países son como las mujeres. Se sabe que se las quiere al dejarlas.
Aquí vivimos en una situación todavía no estabilizada. La legalidad, el régimen en su conjunto y en cuanto lo integramos nosotros, es fuerte. Muy fuerte. Pero dentro de la agrupación de tendencias que culminó en la candidatura Bustamante se esboza, como es lógico, las divergencias de matices y las diferencias de ritmo. Bustamante integró su primer gabinete con hombres de la extrema derecha, varios de los cuales se significaron por beligerancia anti-aprista o por su afición reaccionaria (Basadre, Correa Elías, Alayza). Desde ese momento el Partido tuvo relaciones corteses pero frías con Palacio. El ministerio, en el curso de este mes y medio, ha defraudado la expectativa pública. Se desmonta el aparto policial y político del pradismo con parsimonia desesperante. Se nombra a personajes ociosos. El Aprismo ha callado su disentimiento en aras a la unidad del Frente, cuya división gestionan los vencidos del 10 de junio. Pero su paciencia tiene un límite y no tardará el momento en que se le retire al gabinete el voto de “esperanza” (término nuevo, acuñado por Luis Alberto, que no envuelve ni aplauso ni censura) y se le exija al Presidente que gobierne de acuerdo con la opinión mayoritaria del país. Solo con un ministerio que el partido domine en absoluta mayoría se podrá acometer la obra social que demanda angustiosamente el pueblo. Hay honda crisis de subsistencias, de vivienda, de escasez. Y si nos quedamos a la espera de la resolución del Ejecutivo las cosas no harán sino agravarse y poner en peligro el prestigio del propio  partido, que todo el mundo estima, con  razón, como forjador de este gobierno.
Víctor Raúl volvió hace tres días de su gira al sur. Como habrás sabido, durante su visita al Cuzco, el grupo comunista de la zona organizó toda suerte de actos hostiles (en aras de la “unidad” tan pregonada) que culminó con un tiroteo en la plaza de armas. Los compañeros repelieron el ataque y quedaron dueños del campo, a costa de un muerto, Santos Huallpa, indígena de chullo, poncho y ojotas que fue velado y enterrado por el Partido. Los comunistas están en franco plan de provocación. El grupo que estaba en la Federación Obrera local decretó nada menos que un paro político “por la presencia de H. de la T.” y en volantes se incitó a asesinarlo. La respuesta fue un clamoroso fracaso. La recepción fue extraordinaria. José Sabogal, el pintor, que es de temperamento más bien escéptico, me decía que por el número y el entusiasmo solo puede compararse a la que tuvo Bolívar en Cuzco después de Ayacucho. Víctor Raúl fue aclamado por la muchachada de la ciudad imperial. Una mozada bronca, de pulmones de acero, fervorosa y rotunda. Desde los balcones centenarios llovían flores, y entre ellas la “lliklla” incásica, la misma que las antepasadas de esos cuzqueños echaron sobre las ancas de Pachacútec cuando vino después de triunfar sobre el Gran Chimú o sobre el andariego Inka Tupaj Yupanki, vencedor de Karas, Moxos, Kollas y Araucanos. La flor de estos homenajes, guardada en la tradición kéchua, volvió a derramarse sobre el Jefe del Aprismo, a quien el “chullo” de largas orejeras acentuaba el perfil clásico de indio cabal. Los comuneros y yanacones han gritado en su lengua al verlo tocado como ellos. Y esa noche la Juventud Aprista convoco a un mitin a la luz de las antorchas, sobre las ruinas de Saksawaman. Víctor Raúl habló desde la vieja piedra donde arengaban los incas y en parte su discurso fue en el mismo idioma de los descendientes de Manco. Hay la decisión de convocar dentro de un par de meses a un Congreso de la JAP (Juventud Aprista Peruana) y que este se efectué en el Cuzco. Yo he lanzado la idea, bien acogida, de que inmediatamente se realice, allí mismo, la de Juventudes Revolucionarias Indoamericanas, las que después serían invitadas a Lima y Trujillo. Tengo que conversar esto con el Viejo. Los líderes de la JAP ya están convencidos y solo falta que los fondos necesarios, si acaso este es el procedimiento aconsejable. Quizá entonces pueda tener la oportunidad de abrazarte en la misma vieja ciudad de Garcilaso y Túpac Amaru, donde ha nacido el último grito impulsivo y rotundo del Partido:

“Te cuadre o no te cuadre,
¡El Apra será tu padre!”

Encargo: Para una segunda edición, aumentada de La Defensa Continental se precisa el prólogo que no llegó a aparecer, escrito por Víctor Raúl en 1942, y que publicó Futuro a fines de ese año. Tú lo recordarás. Te ruego que me lo recortes y lo envíes por avión. Víctor Raúl lo necesita con urgencia para ampliación y retoques.
No dejes de enviarme tu colaboración para L.T. y algún artículo sobre la situación argentina. Los necesitamos. Mañana nos lanzaremos en el éter con un diario radial. Si puedes, escucha Radio Central, de Lima, después de las 9 horas del Perú, 11 de la noche en Buenos Aires.
Cariños a Penny y a los chicos. Recuerdos a los amigos y para ti el abrazo fraternal de

ANDRÉS


3/

Señor
DARDO CÚNEO
Casa del Pueblo
Rivadavia No. 2150,
Buenos Aires

Mi querido Dardo:

Como ya sabes, emprendí por segunda vez la amarga aventura del destierro. Esta vez quiso el destino ―y la refinada maldad de los militares― aventarme hacia el norte. Me encuentro en Panamá desde enero y si obtengo lo que pretendo me arraigaré por un tiempo. Es probable, sin embargo, que me dé antes un salto a Guatemala.
He querido confiarle estas líneas ―que prometen una carta más extensa― al amigo y compañero socialista Dr. Isaías Sánchez, quien pasará por tu tierra en viaje a Montevideo. Sánchez es uno de los líderes más prestigiosos del Partido Socialista Panameño y sería muy interesante que lo vincularas a los amigos de la Casa del Pueblo, especialmente a Palacios y Chipidi. Él, a su vez, te podrá explicar el interesante y complejo problema de su patria.
¿Cómo está tu gente? No permitas que Dardo Gregorio se olvide que tiene un tío peruano. Mis afectos para él, para la Nena y para Fanny. Los recuerdo y los extraño. He vuelto a saber, en este exilio, cuánto quiero y cuánto debo a Buenos Aires.
Escríbeme sobre tus cosas. Leí tus ensayos en Cuadernos sobre Unamuno y el socialismo. Veo que el libro crece y se torna libro indispensable. Tus cartas envíalas al Apartado 1576, Panamá, República de Panamá.
Te recomiendo mucho al amigo Sánchez.
Hasta tus nuevas, con un abrazo fraternal.

ANDRÉS


II
CARTAS ENTRE JAVIER MARIÁTEGUI CHIAPPE Y DARDO CÚNEO

1/


Javier Mariátegui

Miraflores, 19 de abril de 1954

Sr. Dardo Cúneo
Casilla 3321
Buenos Aires

Estimado amigo:

Hace algunos momentos que tuve el gusto de recibir su atenta nota del 7 del pte., en la que me comunica el deseo de un grupo de jóvenes izquierdistas argentinos de publicar una edición de Defensa del Marxismode José Carlos Mariátegui. En primer lugar debo testimoniar a ese grupo, por su intermedio, mi mayor agradecimiento por el homenaje a la memoria de mi padre que significará la publicación de uno de sus libros más queridos. Me había enterado, por conducto de mi amigo Eduardo Eidelberg que recientemente regresara de Buenos Aires, del deseo de algunos intelectuales de publicar la Defensa.
En realidad esta obra no ha sido publicada aún en forma completa. Seguramente Uds. poseen la edición publicada en 1934 por ENE (Ediciones Nacionales y Extranjeras) en Santiago de Chile; se trata de un libro ordenado por el mismo editor que recopilo los diversos capítulos aparecidos en “Amauta”; además agregó ensayos y artículos pertenecientes a El Alma Matinal ya publicada y El Artista y la Época, inédita. Pero la versión definitiva de “Defensa del marxismo” que además de los 16 capítulos conocidos comprende un breve ensayo sobre “Teoría y Táctica de la Reacción”, aun no se ha publicado. Mi padre preparó los originales con la intención de publicarlo en la Editorial Babel de Buenos Aires, según me he enterado al revisar su archivo. Creo que Uds., podrían publicar esta edición definitiva, en realidad la primera edición. Podría proporcionarles el material respectivo. Por el momento, por razones obvias, no puedo  publicar este libro en la serie de Obras Completas de José Carlos Mariátegui que estoy editando y cuyos dos primeros títulos son 7 ensayos y El Alma matinal.
El próximo año, 1955, se conmemorará el XXV aniversario de la muerte de mi padre. Para esa fecha pienso tener editados por lo menos dos inéditos más; además vamos a preparar un volumen antológico para la misma fecha. Vendría muy bien por lo tanto la inmediata publicación de Defensa del Marxismo que harán Uds.
En conclusión, quisiera que se me conteste
1º Si desean hacer simplemente una reimpresión de la edición de Defensa que actualmente existe o si prefieren publicar la obra completa tal como yo les ofrezco.
2º En caso de aceptar el segundo camino, quisiera que me sugieran el medio seguro de hacer llegar los originales a buen destino.
3º El grupo o casa editorial encargada de la edición y las características gráficas de la misma; especialmente si será anotada o prolongada.
4º No me preocupa el aspecto económico; lo único que deseo es poder contar con algunos ejemplares del libro y que este se publique en edición limpia y con la mayor escrupulosidad en cuanto al texto.
En espera de sus noticias, le renuevo mi agradecimiento y lo saludo muy cordialmente.

J. MARIÁTEGUI

Javier Mariátegui Ch.
Apartado 1957
Miraflores, Lima
PERÚ


2/

Miraflores, 4 de junio de 1954

Sr. Dardo Cúneo
Buenos Aires.

Apreciado amigo:

He recibido con gran satisfacción su nota del 18 de mayo y su trabajo sobre Mariátegui y Lugones. Ordenadamente daré respuesta a sus preguntas y emitiré mis opiniones.
1)    En relación a Defensa del marxismo es nuestro deseo de que la primera edición ―tanto más la proyectada que será la primera edición definitiva tal como fue planeada por el autor― aparezca sin notas prologales ni estudios exegéticos o interpretativos. Nosotros, en nuestro plan editorial ―le estoy remitiendo por correo aparte las obras que hemos publicado, 7 ensayos y El Alma Matinal—presentamos las obras con una breve nota editorial. Creo que se debe hacer lo mismo con “Defensa”; una lacónica reseña señalando que se trata de la primera edición y puntualizando los motivos de la publicación. Su trabajo sobre “Mariátegui y Lugones”, cuya importancia quiero recalcar ―a tal punto que solicito su autorización para publicarlo entre nosotros—me parece que no es el más apropiado para servir de presentación a un libro como Defensa. Me permito opinar en esta forma a solicitud de Ud. ya que al aceptar la publicación de la obra en sus términos correctos y completos, se nos permite cierta participación en su preparación.
2)    De aceptarse los términos expuestos líneas arriba, enviaré los originales a la dirección señalada, indicando previamente con una carta la fecha del envío. Estoy de acuerdo con las características gráficas que Ud. señala. Me parece que la carátula debe ser sobria, en simple composición a tipo; la fotografía ―que yo enviaré— debe ir en el interior del libro —como podrá ver en los libros que hemos editado―. También incluíamos en esta edición— a semejanza de El Alma Matinal— la copia facsimilar del sobre que contiene los originales, con el titulo de puño y letra del autor, lo que dará más seriedad e importancia a la obra. Sería conveniente adoptar el formato de los libros que he publicado con el sello Amauta. En fin, no son sino sugerencias; ya Ud. decidirá los detalles gráficos. La presentación y la pulcritud del texto quedan encomendadas a su reconocida seriedad y buen gusto. Es por conocer más de cerca su obra con la lectura atenta de los libros que me ofrece y que agradezco anticipadamente. Conozco su compilación del teatro completo de Florencio Sánchez. Estamos igualmente de acuerdo en los términos económicos.
3)    En cuanto al fragmento del “Punto de vista anti-imperialista” que me solicita, espero enviarlo dentro de algunos días, apenas tenga en mi poder el libro en que apareció. Se trata de “El Movimiento Revolucionario Latinoamericano” que reúne los trabajos, las discusiones y las conclusiones del Congreso de Montevideo. Junto con el fragmento, enviaré una nota explicativa y los datos concretos que me solicita.
4)    Agradezco su interés en la conmemoración del XXV aniversario de la muerte de mi padre. Será de gran resonancia que Cuadernos Americanos esté presente en el homenaje con un número especial. Yo enviaría los trabajos de mi padre que se escojan, especialmente los menos conocidos y si es posible algún inédito; también pongo a disposición de esa revista el material iconográfico correspondiente. Le ruego me tenga informado de sus gestiones así como de la respuesta de Espinoza (¿podría proporcionarme su dirección?).
En espera de sus noticias, le envía un fraterno saludo su amigo.

J. MARIÁTEGUI


3/

Lima, 18 de Junio de 1954

Sr. Dardo Cúneo
Buenos Aires

Apreciado amigo:

Con una demora que soy el primero en lamentar, le remito el fragmento del trabajo de mi padre titulado PUNTO DE VISTA ANTI-IMPERIALISTA, que espero aún le sea de utilidad. Este estudio, juntamente con otros como el de “Antecedentes y desarrollo de la acción clasista” y “El problema de las razas en América” pienso reunirlos en un tomo de las Obras Completas que estoy publicando, con el título de Escritos Políticos.
A su solicitud, paso a proporcionarle algunos datos sobre el “Punto de vista Anti-imperialista”. Este trabajo fue una de las tesis presentadas por Mariátegui a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana celebrada en Buenos Aires en junio de 1929. El Partido Socialista del Perú, más tarde Comunista, envió como delegados a Hugo Pesce y Julio Portocarrero (“Saco” y “Zamora” como seudónimos). Los trabajos presentados y los respectivos debates fueron reunidos por el Secretariado Sudamericano de la I.C. en el volumen titulado El Movimiento Revolucionario Latinoamericano: Versiones de la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana. Junio de 1929. Editado por la Revista La Correspondencia Sudamericana, Buenos Aires. Le recomiendo la lectura de ese libro, especialmente lo referente al debate suscitado por la tesis de Mariátegui. Entre nosotros existen tres o cuatro ejemplares, razón por la cual no se lo puedo ofrecer; quizá por haber sido editado en su país se puedan obtener algunos ejemplares.
    Espero la respuesta a mi carta anterior, especialmente lo relacionado al libro y al homenaje. Le he remitido dos libros de mi padre, de los que estamos editando con el sello de Amauta y en la Serie de Obras Completas. Mi deseo es que la edición de Defensa se ajuste en lo posible al carácter que ellas tienen; esta es la razón por la cual no juzgo oportuno para esta primera edición ninguna nota crítica o exegética; las interpretaciones y las críticas vendrán después. No escapa a su criterio la responsabilidad que tengo frente a los escritos de mi padre.
    Estoy a la espera de sus trabajos. Igualmente confío recibir la revista que Ud. prepara.
Le envía un saludo fraterno.

    MARIÁTEGUI


4/

Buenos Aires, 10 de julio de 1954

Señor
Javier Mariátegui
Lima

Muy estimado amigo:

Primero, explicación de mi tardanza en responderle. No fue voluntaria, sino que estamos prácticamente bloqueados por un aumento de un 30 por ciento en los precios de imprenta. Esto ha confundido bastante nuestros planes, pero no desertamos de ellos. La revista, por el momento, no saldrá. Habrá una pausa de cuatro o cinco meses; debemos aceptar inevitablemente la postergación no deseada.
Recibí los párrafos que faltaban a la versión de mi poder “Punto de vista anti-imperialista”. Mi agradecimiento. También va mi agradecimiento por el envío de los 7 ensayos en su tercera edición (fui lector de la primera que no conservo, pero sí conservo la segunda) y de El Alma matinal, cuyo material conocía en buena parte.  ¿Recibió usted unos papeles míos, en los que consta el testimonio de mi mariateguismo?
Ahora, a la edición de Defensa del marxismo. Muy de acuerdo con todas sus indicaciones. No hay problema con respecto al prólogo. Su opinión ―para eso se la solicité―  es la que vale. Deseamos hacer la edición en acuerdo con usted. (Ese trabajo sobre Mariátegui y Lugones lo envié a Mario Puga, director de Humanismo, en México, pero aún no me acusó recibo; de haberse extraviado lo conservaría para Cuadernos Americanos con motivo de la recordación del 25 aniversario). Entiendo perfectamente todos sus lógicos y nobles recaudos con respecto a la edición de los libros de su padre, en el sentido de que sigan una línea ya trazada. Quedo esperando los originales, pero imagino que serán una copia mecanografiada de ellos para evitar así cualquier riesgo. Le ruego, sí, que no demore, por esta razón, en imprenta habían adelantado en la composición de la versión del libro, en su edición chilena, por impaciencia de la imprenta. Está detenida. Pero desearíamos confrontar lo compuesto con su versión definitiva, para ver si se puede aprovechar algo. De lo contrario, la imprenta se quedaría con lo ya compuesto, pues nosotros no lo utilizaremos. Este problema del aprovechamiento no se lo referí en mis anteriores por no suponerlo importante, pero al aumentar ahora los precios de imprenta merece ya un poquito de atención, aunque no mucha, pues lo fundamental es que la edición de Defensa sea correcta en todos sus términos.
A la espera de sus noticias y su envío, le estrecha la mano fraternalmente.

Dardo Cúneo
Giribone 1325,
Piso 7, dep. 2.
Buenos Aires,
Argentina.



DOCUMENTO


EL PERUANO JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI


Dardo Cuneo


Si nuestra América hubiera andado un poco más aprisa, si se hubiera puesto de acuerdo con su posible destino, equivale decir, si no la hubieran enredado demasiado sus pasos como para demorar —y desfigurar— sus marchas y obligar a sus hombres a actualidades de tan absorbente sordidez, hubiéramos, sí, sabido, desde colina que permanece, por ahora, inescalada, mirar hacia atrás con ojos que miraran con la claridad de fatigas victoriosas y advertir que hace poco más de veinticinco años —fue el 16 de abril del 30— se le moría el muy noble y fervoroso jornalero José Carlos Mariátegui.
    José Carlos Mariátegui había iniciado en el Perú, y para gran parte de nuestra América, un nuevo sentido en el quehacer del escritor. Su ejemplo fue representativo y su labor singular. Al mérito de su actitud —que honraría a cualquier gran escritor— se unía en Mariátegui un nuevo valor que surgía de la circunstancia de que ese hombre con energías de cruzado era un enfermo que cada mañana debía dar batalla a su propia salud, al mismo tiempo que realizaba la batalla de su pluma impaciente. No es difícil, por eso, reconocer a su alrededor los emociona- dos elementos del símbolo.
    Había nacido en 1895. Las redacciones son sus universidades. Autodidacto, se jactará de ello. «Me matriculé una vez en Letras, en Lima —refirió—, pero con el solo interés de seguir un curso de latín de un agustino. Y en Europa —seguirá refiriendo— frecuenté algunos cursos libremente, pero sin decidirme a perder mi carácter extrauniversitario y, tal vez, antiuniversitario. Los de Europa fueron años de excelente aprendizaje de ideas y de segura reflexión».
    De Europa se trajo un libro de bien compuestas crónicas —libro modelo— de título amplio: La escena contemporánea. Era el registro de aquellos años que prolongan la crisis que abrió la primera guerra y preludian la tormentosa ascensión del fascismo.
    Cumplida la tarea europea de rectificación —Europa fue su aprendizaje americano—, se adentró en el estudio de la realidad peruana. Son los años en que las dolencias se agudizan —«En 1924 estuve a punto de perder la vida. Perdí una pierna y quedé muy delicado»—, y en que, a pesar de las tenazas de la enfermedad, quiere darse empeñosamente un puesto de lucha en la escena peruana. En el 27 lo apresan, y su salud obliga a que su detención se cumpla en un hospital militar. Edita Amauta, revista que se proyecta sobre todo el Continente, y en cuyo primer número había programado: «Queremos desterrar de esta revista la retórica».
    En su sillón de lisiado, trabaja intensamente. Ordena los números de su revista, colabora en las del Continente, escribe críticas, ensayos, manifiestos, monografías, mantiene correspondencia con amigos de todo el mundo, alienta a los nuevos, batalla en su batalla, acaudilla rebeliones y prepara los originales de dos libros: Invitación a la vida heroica y La novela y la vida.
    Tardarían en recrearse en el milagro de las tipografías y las prensas aquellas páginas aprestadas por la prisa del que moría. Sólo ahora tenemos en nuestras manos —gracias a los hijos del autor, Sandro y Javier, que han asumido la responsabilidad de no demorar más su publicación—, aquella tentativa de novela titulada La novela y la vida. Este libro nos acerca a la primera imagen de Mariátegui protagonista de travesura literaria y que luego se fue esfumando —no necesariamente del todo— cuando el artista se enroló en las milicias de un pensamiento social. En La novela y la vida reaparece el literato; mas su estilo ya ha aprendido —y aprehendido—,todas las lecciones y madureces que surgen de haber transitado —gran universidad— los temas de la crítica social. De donde resulta un estilo de abundancia en nobles recursos y con hábitos de total exploración. Precisamente su estilo estaba preparado para desempeñarse en la novela, género completo. En carta a su amigo argentino Enrique Espinoza, en febrero del 30, anunciaba que se proponía escribir una novela con fondos de realidad social peruana y que, asimismo, ya había elaborado los originales de algo que «siendo novela corta, era un relato, mezcla de cuento y crónica, de ficción y realidad». Se refería a este pequeño libro que sólo ahora podemos conocer. Tesis: la novela no tiene nada que envidiar a la vida. La vida contiene misterios de novela en cuotas suficientes como para disputarle a aquélla cualquier posible desarrollo de imaginación. Mas para ello no será necesario escrutar vidas de excepción; es la vida común, diaria, la del anónimo ciudadano, la del apacible e indiferenciado pequeño burgués, la que, en un momento dado, y no en un momento particular de su vida —sin momentos particulares, por otra parte—, sino en un momento, de conmoción general —la guerra, por ejemplo—, puede desplegar —inclusive involuntariamente— una sorpresiva dimensión novelística. Un indiferenciado tipógrafo de Turín y un rutinario profesor de Verona pueden ser llamados, en ese momento, a representar papeles fantásticos con un rigor acaso no igualado por los procedimientos de la literatura fantástica. Es decir, la vida es superior a la novela. Wilde confirmado: la naturaleza copia al arte.
    La novela —el arte— se había anticipado al tema de Mariátegui cuando —en 1922—-, Giraudoux trazó su Siegfried et le limousin. La guerra había sido fragua del inverosímil argumento. El consejero de Weimar, Siegfried von Kleist, que sorprendía por su templanza y su pacifismo, no resultó ser Siegfried von Kleist, que había desaparecido en el frente de batalla, sino el escritor Jacques Forestier, que, en el mismo frente, había perdido el sentido de su personalidad, su memoria y su nombre, para ser recogido por los servicios sanitarios coma si se tratara del alemán Siegfried von Kleist.
    La vida —demorada con respecto a la novela, al arte— ofreció en los periódicos italianos de los primeros años del fascismo la versión en todo real del tipógrafo turinés Mario Bruneri, del que no se sabe si es tal o si es el profesor veronés Giulio Canella. La guerra había sido, también, pie de este otro argumento rigurosamente verosímil. El tipógrafo y el profesor habían pertenecido a la misma compañía, y en mucho se asemejaban. Uno muere y el otro queda con vida, pero sin memoria. ¿Quién es el que sigue viviendo sin saber quién es? Lo recogen los servicios sanitarios como Mario Bruneri. ¿En realidad lo era? «Si los jueces del tribunal de Turín —comienza Mariátegui con esta reflexión su novela— hubiesen leído Siegfried et le limousin de Jean Giraudoux, no les habría parecido tan inexplicable e inaudito el extraordinario caso del tipógrafo Mario Bruneri, reclamado por dos esposas legítimas con distinto nombre y opuesto sentimiento. Pero los jueces y los pretores de Italia fascista ignoran a Giraudoux, no sólo porque la novísima literatura francesa goza de poca simpatía en una burocracia rigurosamente fascistizada, sino porque esta burocracia, malgradoGentile y Bontempelli, positivista y racionalista a ultranza, se mantiene adversa en la novela a todo surrealismo».
    Entre la novela y la vida, entre Siegfried von Kleist y Jacques Forestier, por un lado, y entre Mario Bruneri y Giulio Canella, por el otro, entre el surrealismo de Giraudoux y el realismo de la crónica de Il Corriere della Sera, median unos pocos años. Cronológicamente, la novela es precursora de la vida. Evidentemente, el arte es siempre profecía, aun cuando copie. Pero, descontada esta ventaja: «la vida —lo marca Mariátegui— excede a la novela; la realidad, a la ficción».
    Esta zona de inverosímil realidad, de realidad fantaseosa, es la de la novela —más vida que novela— que Mariátegui apunta en su laboriosa estada en Italia, tan inquietante y tan decisiva para su espíritu, y que se apresura a realizar en los últimos meses de su vida. El estilo es de desempeños plásticos; por momentos, estilo de escrupulosa ficha de la que surgen los retratos perfectos de Mario Bruneri y Giulio Canella; estilo de expediente judicial, si se quiere, por el rigor en que se relojean los pasos de los protagonistas; estilo de aventura policial, a despecho de la burda popularización actual de ese género. El estilo contiene, por lo demás, y esencialmente, la madurez propia de un gran narrador; está argado de ocurrencias incisivas que revelan la guardia celosa del crítico social, y no desvanece en ningún momento su tensa claridad de estilo experimentado en temas de vida como para escalonar, con eficacia, los planos de la novela.
    De la advertencia que José Carlos Mariátegui se propuso exponer en su ensayo de novela se deduce, a su vez, el mensaje de su naturaleza abundosa de energía. La vida era en él —vida en polémica, en desafío, en pleito, en batalla constante— centro de certidumbres como de posibilidades, tanto de realidad como de fantasía. Y es posible sospechar con qué ahínco, en eso últimos meses de su vida en que escribió, definitivamente, este ensayo, se habrá desvelado —hasta lo fantástico, hasta lo irreal— para incorporar en la zona de la novelística las pobres cuotas primordiales de vida que quedaban en sus venas. Era como una necesidad de sus días de enfermo, en que advertía que su vida huía.
    No es menos importante para integrar el juicio acerca de su labor esforzada y su personalidad dolorida esta otra advertencia que deduce su ensayo de novela: con José Carlos Mariátegui moría también —hace veintiséis años—, entre otras cosas decisivas para nuestra América, un apresto de gran novelista.

Publicado en Mundo Argentino, Buenos Aires, 1955

Compartir en:
   
   
A A A
Índice de artículos
Ver todos
Librosperuanos.com
Portal cultural que promueve autores, editores y libros del Perú
Av. Benavides 449, of. 20, Miraflores - Lima 18    Telefax:(511) 242-7439    E-mail: informes@librosperuanos.com