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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Manuel Ugarte Y El Aprismo.
Cartas de los años treinta


Por Osmar Gonzales
Fuente: Librosperuanos.com
Buenos Aires, julio 2012

Está bastante documentada la relación del escritor argentino Manuel Ugarte con el Perú, especial pero no únicamente con los apristas y específicamente con Víctor Raúl Haya de la Torre. Parte de esa relación política e ideológica está plasmada en la publicación de la correspondencia del pensador argentino,1  y en múltiples testimonios del político peruano y de otros observadores contemporáneos. Asimismo, el Archivo de la Nación de Argentina ha publicado Epistolario de Manuel Ugarte (1896-1951)2  en el que se encuentran tres cartas referidos al aprismo, precisamente, y que presento en estas páginas con el objeto de incrementar el bagaje analítico sobre el tema. La primera pertenece a Félix A. Mateo, la segunda a Magda Portal y la tercera al propio Haya de la Torre. En ellas se puede corroborar la importancia que había adquirido la opinión de Ugarte, y que su figura era una a la que se apelaba en momentos difíciles: juventud, lucha, unidad latinoamericana, transformación social, antimperialismo son algunos de los conceptos que laten en las líneas de esas epístolas que sostienen la voluntad de dar forma a otra sociedad.3

Manuel Ugarte y su mensaje de integración
Como sabemos, Ugarte, nacido en las afueras de Buenos Aires el 27 de febrero de 1875, fue una figura descollante en América Latina hacia fines del siglo XIX y en los inicios del siglo siguiente. Su prédica latinoamericanista, que lo llevó a recorrer cada uno de nuestros países, lo convirtieron en una referencia inspiradora ineludible que repercutió no solo en el ámbito académico sino también, y quizás principalmente, en el político. Su mirada integracionista se alimentó paralelamente con el mensaje de José Enrique Rodó, autor uruguayo de Ariel, e influyó en las joven generación finisecular que, como eco de la bella época europea, pensaba que el porvenir del mundo estaba enlazado con el futuro de nuestras naciones, a condición de relevar, claro, los valores y la cultura latinas, vistas como muy diferentes del pragmatismo anglo-sajón. La explosión de la Gran Guerra (1914-1918) echó por tierra esas ilusiones pero se mantuvo firme la idea integracionista, ya no como encarnación de valores espirituales superiores sino como resultado práctico de la lucha política a favor de los pueblos sojuzgados. La generación post-guerra entendía su misión de una diferente manera a la que apareció hacia 1900, y a esa nueva sensibilidad y cosmovisión pertenecía Haya de la Torre, precisamente.

Ugarte, a pesar de provenir de una generación anterior, empató fácilmente con el “hombre matinal” de los años veinte en América Latina. Fue una de las influencias más importantes de los jóvenes peruanos que surgieron en la vida pública durante los años veinte. Así, fue ejemplo en las jornadas de los universitarios limeños que reclamaban la renovación de la planta docente en la Universidad de San Marcos, y al mismo tiempo fue incorporado —Ugarte y sus ideas—, en la formulación de programas políticos que enarbolaban los jóvenes de entonces, especialmente del emergente aprismo.

El mensaje latinoamericanista de Ugarte se sostiene en su conocimiento del mundo. Muy joven, hacia fines del siglo XIX ya llegaría a conocer Europa, especialmente París, desde donde publicaría su primer esbozo de pensamiento antimperialista: “El peligro yanqui”, de 1901, un año después, recordemos, del Ariel de Rodó. En 1903 ya pertenece al Partido Socialista de Juan B. Justo, Leopoldo Lugones, José Ingenieros y Alfredo Palacios. Apoyaría entonces la campaña exitosa de este último, quien terminaría siendo identificado como “el primer diputado socialista”. Pocos años después, Ugarte rompería con su partido, pero no con sus ideas, siguiendo un camino similar al de Ingenieros. En 1919 nuevamente debe salir de su país, y viaja a España. Hacia fines de los años veinte, su apoyo al revolucionario nicaragüense, Augusto C. Sandino sería decidido y valiente, y ello lo identificaría más aun con la nueva generación. Por esta razón, los jóvenes lo buscarían para consultar su opinión y lo incorporarían —como figura de prestigio que era—, en sus proyectos de transformación y unión latinoamericanistas. Por ejemplo, José Carlos Mariátegui ubicaba a Ugarte entre las figuras más destacadas de América Latina. Fue entonces que Haya de la Torre establece relación epistolar con él, y luego lo reconocería como uno de los próceres del aprismo, junto a Alfredo Palacios, José Enrique Rodó, José Vasconcelos, Alberto Ghiraldo y Leopoldo Lugones.

En general, los apristas tuvieron en Argentina un país amigo en el que dieron forma a gran parte de su identidad política, en donde tuvo papel importante José Ingenieros. En otras palabras, exiliados peruanos que conformaron la célula aprista en Buenos Aires serían después destacados dirigentes políticos de dicho partido, como Manuel Seoane, Luis Heysen, Enrique Cornejo, Óscar Herrera y otros, hacia mediados y fines de los años veinte. Yaen 1922, el mismo Haya de la Torre había viajado a Argentina y ahí conocería en persona al autor del bestseller de la época El hombre mediocre, no así a Ugarte, quien había partido a Europa en 1919. Lamentablemente, Haya de la Torre tampoco había podido conocer a Ugarte cuando este llegó a Lima el 20 de febrero de 1913, como parte de su peregrinaje latinoamericanista, pues el futuro líder aprista recién había ingresado a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de La Libertad (en Trujillo, norte del Perú) y recién llegaría a la capital en el año 1917, el mismo año de la segunda visita de Ugarte al Perú, pero en esa oportunidad tampoco coincidieron.4

Ugarte en el Perú
El Ugarte que visita el Perú ya había alcanzado pleno prestigio como analista preocupado por el futuro de nuestros países. Dos años antes, en 1911había publicado El porvenir de la América Española, en el que “avanza en una reflexión en torno a la identidad latinoamericana que se cruza nuevamente [como en Las enfermedades sociales, de 1906] con categorías de análisis provenientes del pensamiento socialista finisecular”5. Posteriormente, Ugarte recorrería Cuba, Santo Domingo, México, El Salvador, Nicaragua,Honduras, Costa Rica, Estados Unidos, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú. En su viaje, Ugarte no solo conocería países sino también a parte de los más destacado de nuestros pensadores.

En efecto, en Lima, el predicador argentino se congratularía de conocer a personajes como Manuel González Prada (para entonces Director de la Biblioteca Nacional) y Ricardo Palma (ex Director de la misma institución), los enemigos literarios del Perú; pero también al escritor Abraham Valdelomar; a los hermanos Alberto y Luis Ulloa, periodistas y políticos;al eminente y erudito historiador José de la Riva Agüero, e, incluso, al propio Presidente de la República, Guillermo E. Billinghurst, que llevaba a cabo un gobierno modernizador, popular y antioligárquico, populista en suma. De él diría el visitante argentino que “no aspiraba a mandar, sino a dirigir”. Por otra parte, Ugarte captaría inmediatamente el ánimo revanchista que primaba en el país con respecto a Chile, luego dela derrota en la llamada Guerra del Pacífico (1879-1883). Pero seguía sosteniendo con entereza el proyecto de la integración latinoamericana; ese era su credo y él un apóstol del proyecto de unidad—de la Patria Grande—, que fue llevando su decidida palabra en cada país que visitaba.Sin embargo, a pesar de la buena nueva que portaba, las oligarquías de algunos países le prohibieron el ingreso, lo que ayudó a revestir la figura de Ugarte con un halo de intriga y expectativa. Involuntariamente, esos vetos contribuyeron a seducir más a las nuevas generaciones.

El 3 de marzo Ugarte ofrecería su conferencia en el Teatro Municipal, en la que, muy dentro de la propuesta rodoísta, habló de las diferencias entre la América latina y la América anglo-sajona. Una vez concluida su disertación, el conferencista fue premiado con grandes aplausos de la concurrencia; el llamado Poeta de la Juventud, José Gálvez, invocó a los presentes a acompañar a pie a Ugarte al hotel en donde estaba hospedado. Como señala Miguel Rodríguez, “fue un camino de triunfo”. La que no fue tan exitosa fue la recepción de sus palabras en Chile, pues periodistas de El Mercurio mal interpretaron sus declaraciones y lo acusaron de ser enemigo de ese país, y lo conminaron incluso a dar por finalizada su gira y de no visitar Chile, a lo que Ugarte se opuso con tenacidad. Por otro lado, hay que subrayar que Ugarte llegó a Lima cuando, en el marco del populismo billinghurista, se iniciaron los contactos entre trabajadores (inscritos en la corriente mutualista) de Perú y Chile con la perspectiva de realizar una reunión conjunta. El propio visitante argentino consideraba que este tipo de encuentros contribuían a la unidad continental. Efectivamente, el representante peruano Víctor Pujazón viajaría a Santiago —casi coincidiendo con la llegada del propio Ugarte—, en donde, con sus pares chilenos, brindarían precisamente por el ilustre argentino y su inmensa campaña integracionista.6  Pocos años después algunos frutos daría el mensaje de integración: en 1924, en México se conformó la Primera Liga Antimperialista Panamericana, y un año después, en Buenos Aires, la Unión Latino-Americana, con Ingenieros a la cabeza.

El surgimiento de un líder: Víctor Raúl Haya de la Torre
Haya de la Torre surgió como líder de multitudes en 1919 precisamente dirigiendo a los estudiantes sanmarquinos en contra de las autoridades universitarias, y que desde entonces se colocó en la línea de mira del gobierno de Augusto B. Leguía (1919-1930). Pocos años después, en 1923, este lo enviaría al exilio. Viviría en varios países de América Latina y de Europa (México, Alemania, Suecia, entre otros) en los que cimentaría su aprendizaje sobre la vida internacional y sobre la misma lucha política, acumulación de experiencias que luego aplicaría en el Perú, una vez terminado su destierro, en 1931. Previamente, en 1926, en México, y bajo la égida del filósofo mexicano José Vasconcelos, empezó a pensar en un frente indoamericano popular y antimperialista, y en ese mismo año publicó “What’sthe APRA?” en LabourMonthly, que significa una primera muestra de maduración de sus ideas políticas. Cuando, dos años después, quiso transformar la alianza de clases en partido político se produjo su distanciamiento definitivo de Mariátegui, lo que significaría una herida profunda en las posibilidades políticas de las clases populares.

Una vez de regreso a Lima, en 1931, Haya de la Torre protagonizó el mitin político más grande visto en el Perú hasta ese entonces. En un marco multitudinario, la Plaza de Toros de Acho, el carismático líder aprista ofreció el llamado Discurso-Programa del aprismo, que combinaba propuestas de transformación del país, renovación política, antimperialismo y latinoamericanismo. Obviamente, este paquete fue muy atractivo, especialmente para la nueva generación. Hombres y mujeres con ansias de cambio, hastiados de la política oligárquica y del poder de los “señores” se volcaron hacia la nueva fuerza política.

Ya muerto Mariátegui (16 de abril de 1930), los sectores populares solo tuvieron como opción real de representación al aprismo. El Partido Comunista había reducido su radio de acción al constituirse como un partido de cuadros y portador de una equivocada estrategia política. Los sucesos ocurrieron vertiginosamente: luego de la caída de Leguía en 1930, se establece una Junta de Gobierno que permite el regreso de los deportados, y convoca a nuevas elecciones presidenciales; en 1931, dichas elecciones las ganaría el candidato de la oligarquía, Luis M. Sánchez Cerro, cuyo resultado Haya de la Torre no quiso aceptar generándose un clima de alta conflictividad; Sánchez Cerro manda a apresar al líder aprista en el mes de mayo, y en la primera quincena de julio explotaría una verdadera guerra civil entre apristas y ejército en 1932, la llamada “Revolución de Trujillo”, que terminó con aproximadamente 2 mil apristas fusilados; posteriormente, un militante aprista asesinaría al presidente el 30 de mayo de 1933, y sería reemplazado por el general Óscar R. Benavides, que en un inicio establecería un gobierno de concordia en base al cual liberaría a Haya de la Torre, pero en 1934 el gobierno reiniciaría su cacería de apristas, lo que se denominó la “gran persecución” y el político trujillano volvería a partir al exilio. Desde entonces el aprismo sería cubierto con el manto de la mística revolucionaria, sería enarbolado como el ejemplo de la entrega a una fe, aun a costa de la vida misma de sus militantes, y Haya de la Torre se empinaría como el guía indiscutible. La revolución que generaría el aprismo en el Perú de aquellos años fue el gran imán para que intelectuales, trabajadores empleados, obreros, artesanos, profesionales, se afiliaran en él. Desde entonces, el APRA se perfilaría como el gran partido de masas del Perú.

Los tempranos desengaños: Félix A. Mateo
Los desengaños dentro del aprismo aparecerían pronto. Una muestra es el contenido de la carta que le envía Félix A. Mateo a Manuel Ugarte, en donde la manifiesta su desazón frente al líder aprista, por lo que decidió afiliarse al Partido Socialista, estableciendo incluso una comparación entre Haya de la Torre y Mariátegui, inclinando la balanza en favor de este.

Escrita desde Bella Vista (Callao, Perú), el 11 de julio de 1932, Mateo (que tiene como dirección Aguirre 531) le responde a Ugarte la carta que este le enviara en julio de 1931, pero que no conocemos. Asimismo, no tenemos mayor información del peruano, salvo la que figura en dicha misiva. Lo primero que aparece es el respeto ganado por Ugarte gracias a sus colaboraciones periodísticas, por esta razón, Mateo le confiesa que ha leído el “conceptuoso artículo” titulado “La orientación de la América nueva”, publicado en el diario La Crónica, de Lima, y lo felicita por él. También le comenta que había llegado antes su artículo “La unión de las izquierdas”, que no pudo ser publicado por El Socialista debido a su extensión. Inmediatamente después le confiesa que estuvo afiliado al Partido Aprista, pero que renunció a él el28 de agosto de 1931, pasando luego a las filas del Partido Socialista: “Mi renuncia obedeció al hecho de haber descubierto a tiempo que eso del Apra era una improvisación y que carecía de hombres honrados y sinceros”. No queda claro a cuál Partido Socialista terminó afiliándose Mateo, pues el que fundó Mariátegui había sido transformado por Eudocio Ravines en Partido Comunista luego de la muerte del Amauta, o quizás se refiera al Partido Socialista que Luciano Castillo, con otros, fundó en 1930,en el norte del Perú, en Piura, específicamente.

    Parte del desapego de Mateo del líder trujillano se produjo luego de leer su libro Teoría y táctica del aprismo, de 1931, y de constatar que lo que dicho título anuncia no se condice con el contenido: “Fue muy ingrato para mí leer y releer el folleto de Haya de la Torre, titulado Teoría y Táctica del Aprismo y encontrar que era un folleto mal hilvanado. Este folleto contiene 93 páginas, 14 tratan de la reforma universitaria que no tiene nada que ver con la llamada ‘doctrina’; hay 22 páginas con fragmentos de artículos periodísticos pedantemente escritos; del resto se habla del coloniaje económico (que está bien) y menciona los 5 puntos fundamentales del programa del Apra, que a pesar de ser utópicos, no los explican con claridad; de la ‘táctica’ no dice absolutamente nada”. A partir de entonces le “dio una especie de fobia-aprista”, escribe.

    Al contrario de la incomodidad que sentía en el Partido Aprista, Mateo revela que en el Socialista se encuentra muy a gusto: “pues su ideología es bien conocida (la vida de un hombre no alcanza para leer toda la bibliografía socialista) y sus hombres son sanos y sobre todo muy sinceros”. Mateo le concede a los socialistas una convicción y coherencia que no encuentra en el aprismo: “El Apra degeneró en arribismo y demagogia y para alcanzar el poder recibió a los hombres y al dinero del Leguiismo; lo prometían todo; pero al examinar de cerca a sus hombres recibí impresiones muy desagradables”. Sobre el propio Haya de la Torre expresa conceptos bastante negativos, incluso lo califica como un “líder mediocre”, un “megalómano vulgar”: “Sus discursos no llegaron nunca a emocionarme, como emocionaron los discursos de los hombres de izquierda de Argentina y de Colombia. El dinero del partido aprista se invertía en francachelas. De los otros líderes mejor no ocuparse, pronunciaban discursos que parecían discos de fonógrafo”. No obstante, reconoce que “hay que abonarle una cosa: agitó las conciencias de los individuos que nunca habían oído hablar de ideas avanzadas de izquierda”.

Luego compara a Haya de la Torre con Mariátegui, en detrimento del primero: “Haya cometió un máximo error en atacar sistemáticamente a la figura venerable de José Carlos Mariátegui, quién fue ―ese sí― un verdadero líder, un consciente conductor de hombres; un verdadero intelectual: allí están sus libros, allí está su obra, la colección de Amauta. José Carlos Mariátegui no fue un arribista, ni un pseudo hombre superior. Haya y toda su farándula no alcanzan a los tobillos de Mariátegui”. Mateo da a entender que su decisión de renunciar al APRA la tomó bajo la buena influencia que ejerció en él una carta previa de Ugarte. Esa renuncia —informa Mateo— le ha traído sinsabores, pues tanto apristas como sanchezcerristas le gritan por la calle cosas como sinvergüenza o tránsfuga, además que se burlan de él por su difícil condición económica, la que se revela en su vestir. Frente a esa situación le confiesa a su corresponsal que sufre mucho.

Mateo adjunta a la carta un documento de su autoría titulado “El Poder Económico del Estado”, entendido como el cuarto poder (,7  y espera que el maestro argentino pueda divulgar tal idea: “Ojalá la juzgue usted como digna de tomarse en cuenta, y ―lo que es más importante― la difunda usted”. Mateo es antimperialista, como Ugarte, y afirma con convicción que hay que luchar contra “el gran capital”, que “se defiende sobornando”, mientras que “Al pueblo se le engaña tanto!”. Y concluye: “Se necesita sinceramente sentir emoción social para preocuparse de estas cosas”.

La desilusión de Mateo es precoz, pues se sabe que muchos militantes apristas renunciaron a ese partido cuando su líder decidió pactar con la oligarquía que antes había combatido, hacia mediados del siglo XX. Pero la renuncia de Mateo es muy temprana. Desafecciones de escritores como Gustavo Valcárcel, Ciro Alegría, Alberto Hidalgo o Magda Portal son ejemplares, pero ocurrieron desde fines de los años cuarenta. Esta última es un caso digno de tomar en cuenta.

Compromiso y renuncia de Magda Portal
Magda Portal nació en el distrito de Barranco (Lima) en 1903. Fue una mujer de avanzada dentro del panorama de la cultura peruana de inicios del siglo XX, y al interior del APRA ―del que fue fundadora al firmar junto con otras 55 personas el acta de fundación del Partido Aprista el 21 de setiembre de 1930― siempre fue una voz crítica y alerta, lo que precisamente la llevaría a enfrentarse con el propio Haya de la Torre. Ruptura que resumiría en su folleto ¿Quiénes traicionaron al pueblo? (1950) y en su novela La trampa (1957).

Como gran dirigente aprista de los primeros años, Portal sufrió persecución, vivió en el exilio y renunció a su vida personal. Pero previamente a asumir la política como su pasión Portal fue poeta. En efecto, en 1927 publicó su poemario Una esperanza y el mar, y ya desde 1926 participabaen la revista de Mariátegui, Amauta. Luego fue deportada a  Cuba, pero hizo del destierro una oportunidad productiva para su proselitismo político, promoviendo comités apristas en México, Cuba y América Central. Haya de la Torre reconoció su labor. En 1928 Portal publicó su ensayo El nuevo poema y su orientación hacia una estética económica, para entonces, y debido a su militancia política, postergaría su vocación literaria. Incluso, apasionada y radical, dejaría de lado también su vida personal, y a su esposo, el destacado pintor Serafín Delmar, también aprista pero sin la garra que mostraba la poeta; temperamento que se muestra en escritos como América Latina frente al imperialismo (1929), Frente al momento actual (1931) o Defensa de la revolución mexicana (1931).8

Portal, entonces fervorosa aprista, continuó con su lucha por la liberación de los pueblos a la que sumaba la reivindicación dela justicia de la liberación de las mujeres, por las que buscaba el reconocimiento de derechos con justicia e igualdad (en 1933 sería secretaria de asuntos femeninos del APRA). En estas ideas tuvo una profunda influencia Alexandra Kollontay, que fue Embajadora de la Unión Soviética en México, donde se conocieron ambas mujeres.

Hacia fines de los años cuarenta, 1948, en un Congreso aprista, Haya de la Torre (que ya había dado su viraje hacia la derecha) afirmó que como las mujeres no gozaban de todos los derechos como ciudadanas (no tenían derecho al voto) no podían ser consideradas militantes apristas, solo simpatizantes. Portal, obviamente, quiso refutar al líder, pero este no le permitió el uso de la palabra. La poeta acusó: “Esto es fascismo”. En ese momento advino la ruptura.9 Pero subrayemos, para entender mejor la carta analizada a continuación, que antes del rompimiento Portal-Haya de la Torre, la poeta había sido una tenaz defensora del político trujillano. Durante el interrumpido gobierno de Sánchez Cerro ya mencionado,  Portal no cejó en su empeño de luchar contra ese gobierno autoritario y de abogar por su líder. Y este es el sentido de la comunicación que le envía a Manuel Ugarte.

Escrita desde Lima, el 6 de agosto de 1932, Portal envía la carta a Niza, lugar de residencia del pensador argentino, en una casa que había comprado gracias a una herencia recibida luego del fallecimiento de su madre. Desde el primer párrafo Portal dice con claridad lo que quiere: “Unas pocas líneas para enviarle mi saludo cordial, y al mismo tiempo pedirle que con su enorme autoridad moral y su antiguo prestigio de hombre americano, intervenga Ud. como otros intelectuales de América y Europa para obtener la libertad de Haya de la Torre”. Denuncia, como Haya de la Torre, el fraude electoral que dio como ganador a Sánchez Cerro, “un militar sin dignidad ni capacidad intelectual [...] agente complaciente de nuestros gamonales y señores aristócratas, los últimos residuos de la colonia española injertos en el corazón de América”. Y que además pretende acallar a la generación nueva y rebelde. Su pasión aprista es exultante: “Ha tocado al Aprismo la suerte de ser en mi país la primera gran campanada de alerta cuyo llamado se han puesto de pie todos los hombres dignos. Sin utopismos puedo asegurarle, Manuel Ugarte, que el Aprismo agrupa en sus 500 mil afiliados, la fuerza constructora del porvenir con evidente influencia en el futuro de América”. Así como de la lealtad que muestra hacia su conductor: “Una de las víctimas del civilismo es nuestro jefe, Haya de la Torre, fundador del APRA y encausador del movimiento ideológico más formidable que haya surgido en el Perú”. Le dice que está enfermo y no se le permite ser atendido por un médico, acusado de delitos se le niega defensa legal, el poder quiere condenarlo a la pena de muerte. “La muerte de Haya sería una desgracia irreparable”, por eso recurre a las personalidades más destacadas, como Ugarte, para movilizar la opinión pública en pro de la liberación del jefe del aprismo.
    Ya hemos mencionado que el gobierno de Benavides libera a los presos bajo la idea de la concordia (1933-1934), aunque rápidamente, hacia 1935, instaura un gobierno autoritario, fascista, para decirlo sin medias tintas, en el que vuelve la persecución a los opositores políticos, incluido, evidentemente, el aprismo. Haya de la Torre debió guarecerse en la clandestinidad o partir, otra vez, al destierro.

Carta de Haya de la Torre a Ugarte
Carta de Víctor Raúl Haya de la Torre a Manuel Ugarte. Solicita que escriba al presidente peruano Benavides, reclamando mejoras en las condiciones de vida de los presos, sobretodo de los desterrados del “Satipo”, en plena selva del caucho.

    Precisamente desde la clandestinidad, el político trujillano le dirige la carta a su maestro argentino firmada en Incahuasi y fechada el 1 de diciembre de 1935. Es en realidad una solicitud, un pedido de ayuda, no para él, sino para los presos que son sometidos a condiciones infrahumanas en la selva peruana, en Satipo, “nuestra Siberia de Fuego”, como la denomina el propio peruano, en donde se explota el caucho, y solo por sus convicciones políticas.

Haya de la Torre se dirige a Ugarte con admiración, cariño y respeto: “Muy estimado amigo y compañero”. Para luego reconocer “que su palabra, plena de autoridad moral, es oída y respetada en el Perú”. Por esta razón se anima a pedirle algo que seguramente Manuel Seoane ya le había anunciado: que envíe “un telegrama o carta abierta” al general Benavides para llamar su atención sobre las condiciones carcelarias de ochenta compañeros apristas, las cuales les ha ocasionado a muchos de ellos enfermedades tuberculosis, debido a su alimentación desprovista de carne, pan y leche y solo compuesta “de yucas y otras raíces llamadas ‘pitucas’”. Es un abuso que debe ser denunciado por plumas respetables y libres de sospecha de intenciones soterradas, como la de Ugarte, precisamente.

Haya de la Torre abunda en la información para que su corresponsal argentino entienda la razón de su denuncia: “Como V. sabe nosotros tenemos en otras prisiones cerca de cinco mil prisioneros entre los que se hallan un hermano de Seoane que ya tiene más de tres años y un hermano mío que ha cumplido un año de penitenciaría sin proceso. Tenemos a mujeres indefensas como Magda Portal en las prisiones de mujeres criminales, y a muchos ancianos, niños, obreros e intelectuales en distintos lugares de encarcelamiento. Pero lo que éstos sufren no puede compararse a lo que tienen que soportar los confinados del ‘Satipo’ donde pierden la vida lentamente. Por eso es que me dirijo a V. Hay un clamor de humanidad y de civilización que es necesario hacer llegar a Benavidez cuyos abusos son ya incontables”. Finalmente, afirma convencido que la fuerza del aprismo avanza y que en el algún momento vencerá al odio político, pero se necesitan aliados en este momento difícil, y Ugarte como “ciudadano de Indoamérica” tiene derecho a solicitar a Benavides lo que le está pidiendo: “Su llamado resonará en América toda y estoy seguro que merecerá nuevos homenajes a su ilustre nombre”.

    Al año siguiente de esta carta, Haya de la Torre publicaría en Santiago su libro más importante, El antimperialismo y el APRA, que sintetiza, síntesis de su proceso de politización y de maduración ideológica.

El final de dos trayectorias
Los años que siguieron a la carta reseñada serían de agudización de gobiernos autoritarios. En el Perú, Benavides permanecería en el poder hasta 1939, aunque ello no implicaría que el APRA dejaría se ser proscrita por algunos años más; mientras que en Argentina se vivía la década infame, luego del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen. A mediados de los años cuarenta, en el Perú ganaría José Luis Bustamante y Rivero con apoyo del voto aprista, y el gran partido sería parte del nuevo gobierno democrático de 1945. Por su parte, Juan Domingo Perón ganaría el gobierno en Argentina. En esos contextos nuestros personajes podrían volver a sus países: Haya de la Torre pudo reaparecer en un acto público y el gobierno argentino nombraría a Ugarte Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en México, en 1946 (luego pasaría a Nicaragua y a Cuba). De distintas maneras, estos dos personajes que habían vivido perseguidos, ocultos y desterrados, obtendrían cierto reconocimiento en sus propios países.

Pero la nueva situación no duraría mucho, pues mientras la experiencia democrática peruana duraría solo hasta 1948, obligando al APRA volver a la clandestinidad, en Argentina Ugarte quedaría al margen del gobierno lo que lo llevaría a trasladarse a México, después regresaría a su país para votar por el peronismo y volvería a salir de Argentina para volver a Niza, en donde fallecería el 2 de diciembre de 1951. Haya de la Torre, luego de unos años adversos y decisiones bizarras ―en los que entablaría pactos vergonzosos con los poderes oligárquicos, perdería elecciones, se mantendría el veto del ejército y su partido regresaría a la ilegalidad―, sería finalmente elegido por el voto popular en 1978 como el candidato a la Asamblea Constituyente con mayor preferencia, lo que significó asumir la presidencia del Congreso Constituyente, en cuyas funciones ―que tomaría como una generosa oportunidad para retornar a ciertas posiciones reformistas reivindicándose con su propio pasado― moriría el 2 de agosto de 1979.

Dos largas vidas, difíciles, con altibajos, pero siempre en la vanguardia. Pero ninguno, ni Haya de la Torre ni Ugarte alcanzaron sus sueños en sus propios países. El primero no pudo ser Presidente del Perú y el segundo no alcanzaría en vida el reconocimiento que merecía en Argentina. Sin embargo, cada uno a su manera supo dar el ejemplo de que, a pesar de las adversidades, era posible vivir en la sobriedad e incluso en la digna pobreza. No obstante esta similitud, hubo algo que los diferenciaría en los caminos que emprendieron en los últimos años: mientras el líder político peruano terminaría arriando sus banderas de transformación antimperialistas y, por el contrario, como ya vimos, se acercó a sus anteriores enemigos (la oligarquía) y justificó la convivencia pacífica con Estados Unidos; Ugarte, por el contrario―y si bien no fue capaz de trasladar sus postulados a la práctica política―, jamás renunciaría a sus trincheras de lucha. Como afirma Norberto Galasso: “Ugarte permanecerá hasta el fin en su barricada de siempre, tozudamente solo, tozudamente boicoteado, pero su ideal incólume, infatigable su espíritu e indoblegada su pluma acusadora”.10


Continúa


Notas
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1 Las referencias de Haya de la Torre de Manuel Ugarte se encuentran en Por la emancipación de América Latina (1927) y en Treinta años de aprismo (1956). Aparte de los libros de Luis Alberto Sánchez, por ejemplo. Un reciente análisis de la vida y obra de Manuel Ugarte es el de Norberto Galasso, Manuel Ugarte y la unidad latinoamericana, Colihue, Buenos Aires, 2012.
2 Archivo General de la Nación, Epistolario de Manuel Ugarte (1896-1951), Buenos Aires, 1999
3 Agradezco los comentarios, sugerencias y correcciones que Ricardo Melgar Bao y André Samplonius me hicieron llegar a una versión previa de este artículo.
4 En los diarios limeños acusaron a Ugarte de germanófilo (recuérdese el contexto de la Gran Guerra), lo que motivó que dedicara fuerzas a aclarar su posición. Véase Norberto Galasso, op. cit., págs. 155-156.
5 Margarita Merbilhaá, “Descifrar el presente para imaginar el destino americano: en torno a los ensayos de Manuel Ugarte y Francisco García Calderón”, en Alejandra Mailhe (compiladora), Pensar al otro/pensar la nación. Intelectuales y cultura popular en Argentina y América Latina, Ediciones Al Margen, La Plata, 2010, pág. 28. Es cierto también que hay una corriente de retomar el proyecto de Simón Bolívar que se traduce en nuevas reflexiones y propuestas de integración de los países latinoamericanos. Francisco García Calderón propondría —en La creación de un continente, de 1912— en una cautelosa o realista mirada, las integraciones parciales sobre la base de la historia, tradiciones y cercanías geográficas.
6 Véase Miguel Rodríguez, “Pragmáticos y rebeldes: el movimiento obrero en el gobierno de Billinghurst (1912-1914)”, Tesis para optar por el título de licenciado en Historia, Universidad Nacional Federico Villarreal, Lima 2012, págs. 111-116.
7 Incluido en el anexo junto a la carta correspondiente.
8 En este momento hay que mencionar un hecho que oscurece la trayectoria y la imagen que se tiene de la personalidad de Portal, y que es muy poco conocido. A pesar que Mariátegui la había declarado en “El proceso de la literatura” componente de su 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, de 1928, como “otro valor-signo en el proceso de nuestra literatura”, la señala como “primera poetisa” del Perú, y la emparenta con la sensibilidad de César Vallejo, en ese mismo año Portal toma partido por Haya de la Torre en la ruptura que enfrentó a ambos personajes. Pero eso no es lo criticable, lo vergonzoso fue que publicó en la revista chilena Índice (núm. 2, de 1930) y apropósito de la muerte del Amauta, un artículo insultante e hiriente en el que, en lugar de homenajear la figura de Mariátegui y recordarlo como el gran pensador que fue, lo acusó de ser cómplice del leguiismo, que buscó el lucró con la revista Amauta y que no había hecho nada significativo en su vida. Incluso tuvo frases cargadas de mala fe al decir que fue un “paralítico”, un “hombre enfermo” y con un cerebro “siempre iluminado por la fiebre” (Haya de la Torre también se burlaba de “las fiebrecillas diarias” que sufría Mariátegui debido a su enfermedad). Palabras de las cuales se arrepentiría años después, cuando rompiera con el aprismo e intentara recuperar un lugar en la tradición del socialismo peruano. En ese momento de ruptura con el aprismo, Portal realizó el esfuerzo de acercarse a Anna Chiappe, viuda de Mariátegui, esperando que hubiera olvidado los agravios proferidos. Pero esta, dignamente, jamás la perdonó, es más, llegó a redactar una carta en respuesta al artículo publicado en Chile que, luego de reflexionar, decidió no divulgar porque hubiera significado―afirmaría después― darle a Portal una importancia que no tenía. Como reseña el menor de los hijos de Mariátegui-Chiappe, Javier, importante psiquiatra peruano: “Anna era una mujer excepcional que hacía de los desafíos de la vida —toda su vida fue un permanente desafío— estímulo eficaz para la acción. La reciedumbre de su carácter fue apoyo visible e invisible para el espíritu fuerte de José Carlos, encarnado en un cuerpo débil. Frente al ataque a su memoria, manifestaba una de las aristas más duras de su personalidad, que está contenida en uno de sus proverbios toscanos favoritos: Perdonare e de saggi,/Dimendicare e de stulti, que traducía: “perdonar es de sabios, olvidar es de tontos”. Javier Mariátegui, “La carta que no se envió: testimonio inédito de Anna Chiappe de Mariátegui”, en José Carlos Mariátegui: formación, contexto e influencia de un pensamiento, Universidad Ricardo Palma, Lima, 2012, pág. 221. Pasó el tiempo y la nota de Portal no tuvo mayor relevancia, quedó en el olvido, en el archivo de las calumnias que recibiría Mariátegui y siempre imposibilitadas de menguar su importancia en el pensamiento peruano y continental.
9 Junto con Portal renunciarían los escritores Manuel Scorza quien en 1954 publicaría en México el corrosivo artículo “Goodbye, Mister Haya”, y Ciro Alegría; en 1953 se iría del Partido Aprista el poeta Gustavo Valcárcel, en 1954 lo haría el poeta Alberto Hidalgo con su demoledor folleto “Por qué renuncié al APRA”; en 1959 sería Luis de la Puente Uceda el que abandonaría a Haya de la Torre para formar el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y dirigir las fallidas guerrillas en 1965. Todos ellos, entre otros más, denunciarían la derechización del APRA y la convivencia de Haya de la Torre con la oligarquía, antes combatida.
10 Norberto Galasso, op. cit., pág. 166

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