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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Alonso Cueto
“Si mi padre no hubiese muerto no sería escritor” “Si mi padre no hubiese muerto no sería escritor”

Por Gonzalo Pajares Cruzado
Fuente: Peru21, Lima 22/09/09
http://peru21.pe/impresa/noticia/si-mi-padre-no-hubiese-muerto-no-seria-escritor/2009-09-22/256891

En Juan Carlos Onetti. El soñador en la penumbra (Fondo de Cultura Económica), Alonso Cueto analiza la vida y obra del gran escritor uruguayo, cuyo centenario se celebra en 2009. De paso, se celebran los 75 años del FCE.

"Para Onetti, todos los seres humanos somos unos solitarios. ¿Y cómo se lidia con la soledad? A través de los sueños y de la ficción. Yo, como los personajes de Onetti, soy un solitario; me gusta estar solo, no necesito salir a la calle. Un autor es parecido a los autores que ama. Esta admiración me llevó a escribir un libro sobre él", nos dice el autor de Juan Carlos Onetti. El soñador en la penumbra (FCE), libro con el que obtuvo su doctorado en la Universidad de Texas, en Austin.uFFFC

¿Qué recuerda de su padre?
Recuerdo estar juntos en el auto, recorriendo la ciudad y comentando lo que veíamos. Ver el mundo que pasaba frente a nosotros era una manera de introducirnos juntos a la realidad. Además, mi padre era un entusiasta de los libros, pasión que le he heredado, así como muchos y valiosos amigos. También me he dado cuenta de que en mis textos siempre muere alguien muy importante. Además, siempre aparece, de manera inconsciente, la búsqueda del padre.

¿Cuántos años tenía cuando su padre murió?
Yo tenía catorce años. Es una edad difícil, pues el padre es nuestro nexo con el mundo, nuestro intérprete.

¿Usted cree que heredó algo de su sensibilidad?
Estoy seguro de que sí. Sobre todo, por la actitud crítica y la indignación ante la injusticia, la desigualdad y la pobreza. Es fundamental que uno nunca pierda la capacidad de indignarse y de protestar, y de asombrarnos de las maravillas que tenemos y de nuestros muchos defectos. El cinismo, la complacencia y la pereza me parecen cosas terribles en las que, en los últimos años, hemos ido cayendo más y más.

¿A los catorce años ya sabía que quería ser escritor?
No. La muerte de mi padre está ligada con mi vocación. Yo no sería escritor si él no hubiera muerto. En la lucha contra la ausencia que significan la muerte y la destrucción, las palabras se convierten en permanencia, en una vía de recuperación de lo perdido.

Recuperación y, también, búsqueda, ¿no?
Mi padre murió en noviembre y ese verano leí mucho a Vallejo. Su poesía y su sentido de la orfandad, de la soledad, del estar a merced de los vaivenes del mundo, me impresionaron mucho y me hicieron sintonizar con él y su universo. Me pregunté: “Cómo alguien que murió hace mucho y cuya realidad fue distinta puede hablarme de una manera tan íntima y ofrecerme aliento. Si se puede lograr esto con las palabras, me interesa dedicarme a la literatura como una forma de lucha contra la orfandad”.

Bryce señala que usted tiene una formación europea y estadounidense.
De niño, por el trabajo de mi padre, viví en París, recorrí Europa y tuve una estancia de tres años en Washington. Luego, como universitario, hice mi posgrado en Austin, Texas. Sin embargo, al igual que mis padres, yo opté por volver al Perú. Para mí, el país resultaba más interesante, más rico, más estimulante y más desafiante y más frustrante, es decir, el país más intenso es el Perú. Yo no viviría en otro lugar.

Y, en términos literarios, ¿qué le dieron Europa y Estados Unidos?
Hay una frase que dice: “Una novela europea empieza en la página cien; una novela norteamericana, en la línea tres” (risas). Los norteamericanos gustan de la acción; los europeos, de las atmósferas, de las reflexiones. Yo he buscado una síntesis de ambas escuelas: la potencia del argumento y de la estructura de una novela de Hemingway con la capacidad reflexiva de Proust.

¿En qué página empiezan sus novelas?
(Ríe). Hace poco, un amigo me dijo hablando de sí mismo: “Mi vida es como una película francesa: Ya se está acabando, pero aún no sé de qué se trata” (risas). Quizás yo sea así (risas).

¿Es tan bueno como persona como dice Vargas Llosa?
Ese debe responderlo mi mujer (risas). Para un escritor, no hay nada peor, no hay nada más esterilizante que la envidia, el rencor y los celos. ¿Por qué? La buena literatura solo puede producir admiración y afecto; la mala, decepción.

Aceptemos que los narradores mejoran con el tiempo. En jerarquías castrenses, si el Alonso Cueto de El tigre blanco era un alférez, el Alonso Cueto de El susurro de la mujer ballena, ¿qué es?
Sigo siendo un alférez, porque el alférez está más cerca del campo de batalla. Y, claro, también significa que lo mejor está por venir.

¿Llegará a general?
Prefiero ser un buen alférez a un mal general.

Autoficha
Nací en Lima en 1954. De niño, por el trabajo de mi padre, viví en Europa y EE.UU. Mi padre, Carlos Cueto Fernandini, falleció cuando yo tenía 14 años. Esto me llevó a convertirme en escritor. Estoy casado y tengo dos hijos. Con Onetti. El soñador en la penumbra obtuve mi grado de doctor en la Universidad de Texas, en Austin (Estados Unidos). Allí conocí a Kristin, mi esposa, la mujer de mi vida. Reescribir y corregir este libro ha sido como estar juntos otra vez.

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