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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Federico Latorre Ormachea
El difícil camino de los escritores en provincias El difícil camino de los escritores en provincias

Por Virginia Vilchez Samanez
Fuente: Librosperuanos.com
Lima, 18 agosto 2007

El maestro, cuentista, novelista y poeta abanquino, Federico Latorre Ormachea, nos cuenta cómo para publicar algunos de sus libros tuvo que “vender” su pensión y solicitar préstamos al banco. Aún está endeudado por Los pequeños viajeros y Narraciones apurimeñas (2da. Ed). Asegura que ser escritor en provincias obliga a desarrollar un triple oficio: la de escritor, editor y vendedor. Percibe que el Plan Lector podría ayudarlo, ya que dos de sus libros han sido incorporados en dicho plan, pero no tiene cómo atender la demanda. Está buscando financiamiento para la segunda edición de por lo menos uno de los libros solicitados.
 

V- ¿Podrías contarnos cuando y cómo empezaste a escribir?
L- Cuando estudiaba en el colegio Miguel Grau de Abancay, en el tercer año de secundaria, tomé parte en un concurso de poesía y resulté ganador, pero después de ese concurso pasaron casi veinte años y no produje ningún poema. Cuando llegué a trabajar como profesor en el colegio César Vallejo en 1979, los alumnos tuvieron un olfato muy fino y me dijeron: “Usted tiene facilidad para escribir, para contar muchas historias. Usted debe escribir, profesor”. A tanta insistencia de ellos empecé a escribir y obtuve buenos resultados. He estado produciendo un libro por año.

V- Hasta la fecha, ¿cuántos libros has publicado?
L- Treinta y dos libros escritos, catorce libros publicados. Ahora, en este momento, estoy tras la publicación de dos libros más: Narradores Apurimeños, que es un libro extenso que saldrá en dos tomos, y Ángel Salvador que es un libro de 26 cuentos de aproximadamente 260 páginas.

V- Muchos de tus libros recogen las tradiciones orales, leyendas mitos...
L- Si, efectivamente, eso es lo que ha ocurrido. Además, como maestro he recorrido también el departamento. Cuando empecé a trabajar, en 1971, me enviaron a una escuelita unidocente donde estuve un año. Al año siguiente gané un concurso como entrenador de la reforma educativa. Con ese motivo recorrí el departamento. Por ejemplo, visité los cuatro primeros núcleos educativos que aparecieron en aquel entonces: el 01 de Abancay, el 02 de Andahuaylas, el 03 de Huancaray y el 04 de Challhuanca. Entré en contacto con la realidad social, económica y cultural de esos pueblos que a mí me sirvieron de mucho para mis trabajos posteriores. Hay una cosa que hay que subrayar: yo empecé a trabajar como entrenador de la reforma educativa en el área de Matemáticas, pero con el paso de los años tomé otro camino, el de la literatura y dejé de lado el camino de las ciencias.

V- ¿Cuáles son los problemas que enfrenta el escritor de provincias?
L- Bueno, debo confesar que, al comienzo, mis libros eran impresos artesanalmente. Poco a poco fui mejorando la presentación. En Abancay existen serias limitaciones. Mucha gente que quiere publicar lo que escribe, se encuentran con una valla insalvable. Esa valla es el aspecto económico. No permite que la gente que tiene vocación literaria pueda publicar sus trabajos, porque no haya entidades, no hay instituciones que apoyen el trabajo que vienen desarrollando esos jóvenes. Mucha gente se frustra. Yo también, para sacar mis libros, he tenido que vender mi pensión. Ahora, por ejemplo, sigo todavía endeudado por la edición de dos libros: los Pequeños viajeros y Narraciones apurimeñas (2a ed.). He tenido que sacar un préstamo del banco y lo que uno percibe como pensión es una miseria y apenas alcanza para sobrevivir. Felizmente, tengo una pequeña habilidad, la de vender. Me doy cuenta psicológicamente del probable cliente. Le hablo, le hago entender, le llego al corazón y me compra. Hay que llegarles al corazón a las personas para que le compren a uno. De esa manera me defiendo. Tengo muchas anécdotas como vendedor.

V- Seguramente el problema que enfrentan en la comercialización es por la inexistencia de librerías en provincias...
L- Las librerías casi no compran, salvo que ahora, por el Plan Lector, lo demanden. Últimamente me están pidiendo Leyendas del Dios Hablador, porque lo habían programado en el Plan Lector y no he podido vender porque no tengo ejemplares, pero les he ofrecido que para el mes de octubre voy ha sacar una segunda edición. Vamos a ver de repente hay alguna posibilidad de editar ese libro. También me están pidiendo, en forma insistente, trabajos con ciertas características, como el libro de Los Pequeños Viajeros. Tiene su razonamiento verbal como para escolares y tiene la lectura comprensiva, la lectura crítica. Luego vienen unas preguntas sobre lo que han comprendido de la lectura, con un método sencillo y con temas netamente apurimeños. Primero empezamos con temas de nuestra tierra, para que conozcan y que amen primero lo suyo. El libro de Los pequeños viajeros está ambientado en Chicmo, Andahuaylas y Huancaray, donde estuve como entrenador de la Reforma Educativa. Aparecen como protagonistas mis dos nietas Beatriz y Esperancita y el majtita que es hijo de mi hija política. Esta característica va a tener este libro para niños, pero en forma más simple. Los maestros se marean con temas más complejos. Quieren todo simple, sobre todo los de nivel primario.

V- Libros con mucha ilustración...
L- El señor Villanueva me hizo la propuesta de que saquemos cuentos bien ilustrados, con su cuestionario, enseñando a los niños la lectura crítica; que no lean por leer, sino sacándole provecho a la lectura, comprendiéndolo. Esa es la idea. La idea es llevar unos diez cuentos.

V- ¿Cuál es tu rutina como escritor?
L- Yo soy muy disciplinado. Me levanto temprano, me olvido de las distracciones y me aboco a escribir. Por ejemplo anoche empecé a escribir un cuento y esta madrugada lo concluí. Luego esta mañana se me vinieron unas ideas fabulosas y escribí otro cuento. Yo trabajo en esa forma. Por ejemplo tengo mi agenda. Allí aparecen todas las tareas que debo cumplir. A veces cumplo el 60%, otras el 80% y otras el 100%. Cuando esto ocurre estoy feliz, contento y duermo tranquilo. El día que no produzco estoy triste, resentido conmigo mismo.

V- ¿Ya no ejerces la docencia?
L- No, ya no, pese a que me han invitado.

V- Estás dedicado enteramente a escribir, editar y vender. Tengo entendido que muchos escritores de provincias se ven obligados a hacer lo mismo.
L- La mayoría y otros no quieren hacer ese papel y se frustran, porque para vender también hay que tener ciertas habilidades.
 

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