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Edgardo Rivera Martínez
Edgardo Rivera Martínez: Cuentos de la noche y la muerte Edgardo Rivera Martínez: Cuentos de la noche y la muerte

Por Alonso Rabí do Carmo
Fuente: Dominical, El Comercio, Lima 07/05/06

Fiel a su oficio y alejado de cualquier moda literaria o discursiva, Edgardo Rivera Martínez nos ofrece ahora un conjunto de cuentos que, bajo el título de Danzantes de la noche y de la muerte y otros relatos, nos pone en contacto con algunas de las obsesiones que recorren y, de alguna manera, articulan el resto de su obra.

En primer término cabría destacar en este volumen una poco común unidad temática y de estilo, rasgo que precisamente permite visualizar el conjunto como un diálogo que establece Rivera Martínez con otros textos suyos, configurando así una de las más certeras claves de lectura de estos flamantes relatos.

Entre las constantes más visibles del universo narrativo del autor -quienes lo hayan frecuentado seguramente consentirán esta afirmación- se encuentran: a) la actualización y relectura de textos míticos andinos, b) una marcada inclinación por producir situaciones narrativas en las que la unión o convivencia de rasgos culturales andinos y occidentales se presenta de manera natural y armónica -acaso su novela País de Jauja (1993) sea el punto culminante de este deseo utópico-, c) un lenguaje que, sin apartarse demasiado de un régimen de representación realista, provoca por momentos sensaciones de irrealidad y posee un particular espesor lírico a través, por ejemplo, del uso frecuente del vocativo y d) la construcción de mundos personales signados por la soledad y la melancolía ante la vida.

Estas características están presentes en mayor o menor medida en buena parte de los textos de Rivera Martínez y el hecho de que se reúnan en Danzantes de la noche y de la muerte, revelan no solamente una intención narrativa, sino además plantean una suerte de relación especular y dialogante con el resto de su obra.

Así, salvando algunas distancias en la trama, es inevitable sentir que "Una diadema de luciérnagas", el cuento inicial del volumen, tiene clarísimos vínculos con otro relato de Rivera, el magistral -y algo rulfiano, por cierto- "Ángel de Ocongate". Lo mismo podría decirse de "Ese joven que te habita" y "El descanso de la doncella", cuento perteneciente a Atenea en los barrios altos.

Por otra parte, "Danzantes de la noche y de la muerte", que amén de ser de los mejores cuentos del volumen, le sirve de título, reproduce, con variantes, el cosmos armónico que edifica la escena final de País de Jauja cuando en las primeras líneas del relato nos enteramos de que entre los danzarines fantasmales de la fiesta de Cónsac se encuentra Amadeo Marcelo, no un mestizo como Claudio Alaya, sino un español.

País de Jauja volverá a colación más adelante, cuando leamos otro de los relatos más sólidos del conjunto: "Jezabel ante San Marcos", que nos informa de las peripecias de Eleazar, un hombre que vuelve a su terruño después de 39 años con la intención de realizar un sueño acariciado desde la infancia: ser el organista de la iglesia. Como Alaya en País de Jauja, Eleazar ha sido protagonista de un proceso formativo como artista -aun cuando esto es sugerido a grandes pinceladas- y, en la práctica, convoca la unión feliz de dos tradiciones musicales: la andina y la occidental.

La música vuelve a estar presente en "Ariadna" y, curiosamente, cuando Ariadna le muestra a sus amiguitos de la quinta unos discos traídos de Europa por su padre, uno de los protagonistas señala que esas melodías le hacen recordar, por momentos, la música del Cusco y Apurímac.

La lectura también ocupa un lugar importante en el horizonte narrativo de Rivera Martínez y en el cuento "Mi amigo Odysseus", un joven ávido de lecturas traba relación con Odysseus -nombre mítico por excelencia- y de esa relación no solo se desprende un relato de formación, sino también la definición de la vocación de su protagonista: "Y tuve la certeza, entonces, gracias a Odysseus, de que mi camino, mi verdadero camino, estaba en la poesía" (p.113).

Es interesante notar, también, que un cuento como "El enigma de los zapatos", que plantea solo una cercanía con lo fantástico, ya que no se cumple el designio de Todorov de oponer un orden natural a uno sobrenatural, tiene una relación de parentesco con "El organillero" o "Encuentro frente al mar".

Por obvias razones de espacio detendré mi recuento en este punto. Danzantes de la noche y de la muerte es un conjunto muy cohesionado de relatos que muestra la limpidez de estilo y madurez alcanzada por su autor, desde ya, uno de los principales escritores peruanos de la hora actual.
 

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