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Edgar Montiel
Diplomacia cultural<br>Un recurso para la política exterior en esta era intercultural Diplomacia cultural
Un recurso para la política exterior en esta era intercultural


Por Edgar Montiel
Fuente: Marzo del 2009.

Introducción al concepto *
 
Cuando se produjo los lamentables sucesos del 11 de Septiembre del 2001 fue sorprende advertir ** como las interrogantes se dirigían hacia la cultura, para buscar allí -y no en la política o la economía- las respuestas y las claves para comprender lo ocurrido. En efecto, en un contexto de interculturalidad efervescente y de magnificación del poder simbólico, las manifestaciones culturales conforman una práctica colectiva cada vez más influyente en las relaciones internacionales, incluida por primera vez entre las prioridades de la agenda internacional, cuya adecuada “gestión” puede evitar serios conflictos y constituir mas bien un recurso estratégico para la gobernanza global, la cooperación y el desarrollo. Dando cuenta de esta evolución, Joseph Nye1, una de las autoridades del liberalismo institucional, lo considera como un ‘Soft Power’, término que puede ser asimilado como un poder intangible o un poder versátil. En su acepción inglesa, la expresión pareciera forzada, producto de asociar dos palabras con sentidos manifiestamente contradictorios: la fuerza y la levedad.
 
La cultura, a pesar de que la visión convencional la considera una práctica libre de influencias, nunca es neutra y menos pura. “Cuando mas pura es el agua, menos pescados tiene”, dice un antiguo proverbio chino. La cultura puede constituir un factor estratégico de primer orden, potencialmente el más influyente, por su versatilidad y plasticidad, pues actúa los ámbitos del discernimiento y las conductas, allí donde se forjan las consciencias y las convicciones. Buena razón para repensar y re-valorar la riqueza cultural de la región, pues se trata de un acervo excepcional apto para amplificar la presencia internacional de América Latina. Estimulada por este fecundo patrimonio, la creatividad de esta región alcanza logros reconocibles en muy diversos campos. Su aceptación internacional reside en que es percibida como una sensibilidad con perfil propio en el escenario mundial.
 
Antes de atravesar los puentes que vinculan este potencial cultural con la diplomacia, es útil referirse al contexto actual donde se desarrollan las relaciones internacionales.
 
1. Tendencias en juego: multilateralismo complejo e interdependencia
 
El modelo tradicional, que concebía las relaciones internacionales como relaciones exclusivamente entre estados (relaciones interestatales), ha sido corregido y completado en las últimas décadas. Junto a la marcada influencia de los intercambios comerciales y de las corporaciones internacionales en las relaciones entre estados, cada vez se incorporan a ella mas entidades no gubernamentales. Esta nueva forma de gobernancia global es considerada como un multilateralismo complejo2. En él interactúan no sólo dos o más estados, sino también otros componentes de la sociedad, como son las ONGS, universidades, entidades regionales, las asociaciones representativas de la sociedad civil (grupos empresariales, sindicatos, pueblos indígenas, asociaciones profesionales, migrantes, etc.), que influyen en las relaciones interestatales. No sólo la manera como es enfocada la actividad diplomática ha sido influida por la participación de estos “nuevos” actores, sino también por la intervencion de instituciones multilaterales como la ONU, la OMS, la UNESCO, la OIT etc. que se suman a los organismos ya conocidos por su acción intergubernamental como la OMC, el FMI o el Banco Mundial. Los organismos internacionales, además de trabajar con los sectores oficiales de sus Estados Miembros se esfuerzan para interactuar mejor con los representantes de la sociedad civil.
 
Otro aspecto relevante cuando hablamos de las relaciones internacionales, es la creciente interdependencia entre estados3. La gestión global de los recursos naturales, el manejo planetario del agua, el oxigeno, el clima; el combate a las redes mafiosas internacionales y a la expansión de brotes de violencia, etc. necesariamente invitan a un trabajo concertado, complementario y coordinado entre todos los estados del planeta. Un clima de entendimiento, de paz y desarrollo, beneficia la construcción de consensos y la cooperación, lo que a la larga resulta beneficioso para todos. Una vía privilegiada para este fin, es la participación en los organismos internacionales, que permiten a los estados adoptar acuerdos y normas que no son el resultado de la imposición sino de la negociación, el consenso o la aceptación mayoritaria. Es el caso de las Declaraciones y Convenciones aprobadas por el sistema de Naciones Unidas.
 
Esta visión presupone la aceptación una cierta forma de simetría jurídica (un estado= un voto) entre los estados componentes de un sistema interdependiente. El ejercicio de la interdependencia no debe entenderse solamente en términos económicos. Es claro que la interdependencia está constituida, además de su esfera económica, sobre la necesidad de conformar una gobernancia mundial, a fin de responder a los problemas de impacto global como son los actuales problemas ecológicos y de seguridad humana. Esta última preocupación, de primer orden para muchos países, abarca no sólo tópicos como el terrorismo, sino también el crimen organizado, el tráfico de estupefacientes o de armas, o las condiciones de cómo se establecen los flujos migratorios entre muchos países. Una situación de desavenencia permanente al interior de los estados o entre estados favorece el incremento de la pobreza y la presencia de grupos extremistas, repercutiendo en la seguridad (colectiva) de muchas naciones, sean grandes o pequeñas.
 
En estos contextos surge la cultura como un recurso para la cohesión social, el diálogo entre los pueblos, la paz social y el desarrollo compartido.
 
2. La cultura, un recurso versátil
 
En el campo de las relaciones interestatales, el poder se define como la capacidad de modificar el comportamiento de otros actores (sean estados o naciones). Esta capacidad o poder de influencia por lo general está sustentada en la posesión de recursos, identificados como poder tangible y/o poder intangible. Tradicionalmente, la política exterior ha estado inspirada en una lógica sustentada principalmente en un poder coactivo. Esta clase de poder suele llamarse poder tangible. El poderío económico refuerza la esfera del poder tangible (es frecuente que el poderío económico consolide un poder coercitivo, y viceversa). Si se siguiera esta lógica, la capacidad de influencia de un determinado país en el ámbito internacional sería entonces proporcional a su poderío material. Pero esta lógica lineal no siempre acierta.
 
La historia muestra la diversidad de circunstancias. Hay ejemplos que responden a otra lógica. Es el caso de los paises vencidos y/o destruidos en la Segunda Guerra Mundial, y que a la vuelta de tres décadas emergieron como potencias económicas y tecnológicas mundiales, y no como potencias militares, pues el Consejo de Seguridad había prohibido que se rearmaran. Son países que escogieron el camino de la innovación tecnológica, la creatividad científica, el desarrollo de la educación, la expansión de la investigación superior, es decir países que han optado por un modelo cultural, educativo y científico para alcanzar altos niveles de desarrollo económico y social.
 
Es claro que junto al poder tangible existe la opción de un poder intangible como sustento de la capacidad de un estado para señalar su presencia en el mundo. Más que postular una nueva forma de poder, Joseph Nye enfatiza el error de concebir una política internacional basada tan sólo en un poder tangible coercitivo (que él llama “poder duro”). Esto lo dice desde la visión de un actor político, ex subsecretario de Estado norteamericano, que ha visto a su país, después del 11 de septiembre del 2001, focalizar sus estrategias internacionales en términos exclusivamente militares con los resultados conocidos. Al igual, el Informe del presidente de la Comisión de investigacion del ‘11-S’ señaló que la guerra contra el terrorismo se perdería si los EEUU no hacen esfuerzos para cambiar, a través de programas culturales, la imagen negativa que se trasmite al mundo4.
 
El poder intangible no es un poder basado en el interés económico o en la compra de favores, como ocurre a menudo con el poder económico. No se trata tampoco, como en el caso del poder cohercitivo, de un poder que se sustenta en el temor que se ejerce ante otros. Se trata de un poder que se sustenta en una pluralidad de vías que tienen como eje la capacidad de persuadir, es decir la capacidad de atracción y convencimiento de que los valores que vehiculan un país o una región (en primera línea los valores y principios que conformen un modelo cultural y un “modelo social”) son los mas convenientes para todos, al punto de aceptar la modificación de una conducta determinada. Por lo general, la capacidad de atracción, propia al poder simbólico, conduce a menudo a la aceptación de las posturas que intenta defender un país, sin que sea necesario recurrir a prebendas o a alguna forma de disuasión5.
 
Hay una diversidad de elementos que ayudan a configurar ese “modelo cultural” que emana de un país: el prestigio, una imagen positiva, su capacidad de comunicar hacia afuera, su grado de apertura al exterior, la ejemplaridad de sus prácticas, “la atractividad” de su cultura, de sus bellas artes, de su patrimonio monumental, la gracia de sus costumbres, la justicia de sus ideas, pensamientos y religiones; la fuerza de su capacidad innovadora en la educación y las ciencias, la intensidad de su acción bilateral y multilateral. En suma, la movilización de estos recursos intangibles se traduce en una capacidad de influencia que cuenta cada vez mas en la escena internacional. El poder versatil se sustenta en tres clases de recursos intangibles: la diversidad cultural de un país o de un bloque de países, los valores o ideales políticos que defienden (por ejemplo, los derechos humanos, la paz o la democracia) y la justeza de sus prácticas políticas y sociales. La llamada “diplomacia humanitaria” o la “diplomacia de solidaridad democrática” fundamenta su acción internacional en base a valores e ideales éticos compartidos.
 
Un ejemplo, extraído de la Segunda Guerra Mundial, puede ilustrar los beneficios que puede representar para un país su prestigio, su autoridad cultural, incluso cuando su poder duro se vea menoscabado. Una práctica usual durante todo este conflicto era el bombardeo masivo de las ciudades de los países en conflicto. Londres recibió centenas de bombas V2, y muchas ciudades alemanas fueron reducidas a polvo y cenizas. Hubo no obstante dos excepciones: París y Roma. No fueron bombardeadas ni al inicio de las hostilidades ni al final. La explicación se puede encontrar en la señalada admiración que ejercían estas ciudades en el imaginario tanto alemán como en el de los aliados. No fue la disuasión militar, ni el interés económico lo que salvó a París y Roma, sino su capacidad de atracción, sus valores y su cultura, representadas por su arquitectura y sus artes, percibidas por todos como joyas de la humanidad que lo volvían intocable a ojos de cualquier estratega razonable.
 
Un país puede tener una notoria participación en la escena internacional gracias al poder intangible que posee. Este es el caso de Grecia. Un país limitado en territorio y en recursos como la república helénica, tiene un eco en el panorama europeo y mundial en buena parte gracias al pasado histórico que posee: cuna de las ciencias, del arte y de la filosofía de Occidente. Este pasado, asumido como suyo por el resto de países europeos, ha hecho que este país tenga un cúmulo de poder intangible que ha traído también un incremento de su poder tangible. Su rápida incorporación a la Comunidad Europea lo muestra. Lo mismo ocurre con los paises escandinarios: tienen el prestigio de un nivel de vida elevado, con buenos servicios públicos, burocracia austera, democracia participativa, hospitalaria y muy activa en materia de cooperación internacional. Puede darse también el ejemplo contrario. Si bien los Estados Unidos disponen de grandes recursos de poder intangible por ser un país con un acervo multicultural y cuenta con la mayor industria cultural del planeta, la opción unilateral de su política internacional ha ido erosionando su “atractividad”, suscitando niveles de impopularidad.
 
El poder intangible, sin embargo, no es el monopolio de los estados. A diferencia del poder coercitivo, que es monopolio del estado, los recursos intangibles pueden ser ejercidos por los diferentes cuerpos de la sociedad civil, desde los promotores culturales de todo tipo, las universidades, las ONG o simplemente por los individuos. Un director de cine puede ser un vector de influencia, un deportista conocido es un comunicador de imagen, una cantante puede fungir de embajadora cultural, un chef es un exponente de un arte culinario, un poeta puede resumir su pais en tres palabras, un pintor expresar el estilo de un país, y un pensador puede expresar de modo sapiencial la inteligencia de una nación. Esta era simbólica recurre mucho a personalidades emblemáticas o singulares.
 
Si se profundiza en el potencial intangible se puede advertir que este recurso fue muy utilizado historicamente, en especial en la China antigua, de cuya tradición estratégica forma parte. Antes de Sun Tzu, hace casi 3 mil años fue un Maestro, Confucio (Kung-Fu-Tse), quien formuló clara y sencillamente el concepto:
Quien pretenda someter a los hombres por la fuerza de las armas no alcanzará la sumisión de sus corazones; por esto, la violencia nunca es suficiente para dominarlos. Quien conquiste a los hombres por la virtud, consigue que todos se sometan a él sin reservas y con el corazón alegre.
 
3. El impacto del poder simbólico
 
La omnipresencia de la imagen en la vida cotidiana, via la televisión, el cine, la publicidad, la fotografía, el DVD e Internet, en acelerado crecimiento en todo el mundo, hace que asistamos hoy en día a un impetuoso renacimiento de la cultura de la imagen. Ella constituye el vector más poderoso de influencia para vender, comprar o intercambiar. La imagología construye la nueva narración de esta época y sus oficiantes son las estrellas de televisión, periodistas y animadores, los políticos y artistas, futbolistas y figurines de todo tipo que las masas admiran. El hombre-espectador se relaciona con el mundo pasando de un canal a otro, del noticiero a un programa de cocina, de una película a un partido de fútbol, de un documental a un debate político. Todo lo que se comunica por imagenes se vuelve un espectáculo. Con estas tecnologias de la communicacion se modela una mentalidad, una manera de ver el mundo, un modo de estar en el mundo.
 
Este culto de la imagen tiene un fuerte impacto tanto sobre el proceso emotivo, la valoración ética y estética de las cosas, como en la construcción de la identidad y las relaciones sociales. El resultado de todo ello es que el imaginario social se construye a partir de visiones parciales, fragmentarias y de impacto, que no describen la realidad tal cual es sino como es “visto” y “sentido” desde la subjetividad individual. Esta magnificación de la imagen genera el surgimiento de una nueva estética colectiva, nuevos códigos, signos, distintivos, marcas, es decir un modelo narrativo hecho de símbolos de los cuales no pueden prescindir la economía, el comercio, la política, las relaciones internacionales etc. El nuevo paradigma es “comunicar es actuar”. Todo el quehacer humano y no humano ha sido tocado por la matriz de la imagen. En política internacional se trataría de administrar esta narrativa: presentar sus paises ante el mundo con la mayor “atractividad” posible.
 
A estos fines sirve, de un modo estructurado, el modelo de los institutos culturales como la Alianza Francesa, el British Council y el Instituto Goethe. Estas instituciones proporcionan un aprendizaje de las lenguas, desarrollan bibliotecas especializadas en el multimedia, financian seminarios y exposiciones de arte o de tecnologías, pasan películas, aconsejan a los estudiantes extranjeros que desean venir a estudiar en sus países, y de una manera general, dan a conocer la realidad global de su propio país, dando la debida importancia a la economía. En los últimos decenios han surgido otros: España ha creado el Instituto Cervantes (abierto en 1992, tiene hoy 60 centros en 38 países), la China el Instituto Confucius (establecido en 2004, tiene por objetivo crear 100 institutos en diez años). Con base en estos modelos, la India desarrolló el Consejo Indio para las Relaciones Culturales (Indian Council for Cultural Relations), México cuenta con centros en París, Los Angeles y Nueva York; Venezuela cuenta con la histórica Casa Francisco de Miranda, en Londres; y el Perú ha iniciado un programa de creación en el exterior de Centros Inca Garcilaso de la Vega.
 
La creación de estos centros invita, obviantemente, a abordar el tema del financiamiento. Tengase presente que la mayoría de los institutos que enseñan lenguas en la región logran autofinanciarse. Por otro lado, hay que tener en cuenta la presencia de casi 40 millones de migrantes latinoamericanos en el exterior. Una migración económica compuesta por científicos, artistas, intelectuales, hombres de negocio y una fuerza de trabajo que busca oportunidades en el exterior. Segun el BID, esta fuerza laboral efectua una remesa familial de 35 mil millones de dolares anuales. Aquí hay una reserva de recursos humanos y económicos. Habría que vincularlos con los proyectos de política exterior.
 
Países como la China y la India, de fuerte crecimiento económico, han comprendido que una presencia internacional basada únicamente en criterios económicos o militares no es suficiente. Poseedores de una tradición cultural acumulada durante siglos, que abarca diversos ámbitos -las ciencias, la arquitectura, la filosofía, la medicina o el arte culinario-, han reforzado considerablemente sus políticas culturales y su participación en la industria de bienes culturales. No es sorprendente por esto el incremento de la presencia de películas realizadas en la India (en Bollywood), no sólo en salas europeas o norteamericanas, sino también en Kabul, en Santiago o en alguna ciudad del África. O el fuerte crecimiento de la industria china de bienes culturales, que pasó de 0,2% en 1985, a la sorprendente cifra de 8,9 % de participación mundial en 1998 6. Una presencia en el mundo cuyo corolario quizás sean los Juegos Olímpicos del 2008 que se desarrollarán en Beijin. Tampoco debe admirarnos que dos recientes premios Nóbel de literatura fueran concedidos a un novelista chino, Gao Xingjian, (2000) y –tan sólo un año después- a un miembro de la diáspora hindú en el Caribe, V.S. Naipaul.
 
4. Bienes culturales, un sector económico en plena expansión
 
La expansión sostenida de las comunicaciones alcanzada gracias a las nuevas tecnologías y a la creación de redes mundiales, ha potenciado enormemente los intercambios de bienes culturales. Segúnn datos de la UNESCO, las importaciones de tales bienes en el ámbito mundial han pasado de 47.8 billones de dólares en 1980 a 213.7 billones de dólares en 1998. Las exportaciones, por su parte, han pasado en el mismo periodo de 47.5 billones de dólares a 174 billones. No obstante, este flujo de bienes culturales se concentra en un número limitado de países. En 1998 tan solo trece países han sido responsables de más del 80% de las importaciones y exportaciones. Pese a una reciente declive en su parte de mercado, Estados Unido sigue siendo el mercado de bienes culturales mas importante en el mundo.
 
Por otro lado, la circulación de la información y el conocimiento se ha convertido en un importante motor para la economía mundial. Todo se vende por internet y la información en sí misma es un bien económico intangible. Ella ha sido aprovechado por las industrias culturales, que han encontrado una actividad muy rentable en la difusión de toda clase de contenidos a través de películas, discos compactos, videos, paginas de Internet, blogs, y toda la parafernalia tecnológica. La educación por internet es una industria del saber muy próspera. Con la incorporación de estas tecnologías, que son cada vez más accesible a amplios estratos socio-económicos, las sociedades se han visto rebasadas por una oferta cultural sin precedentes. Se puede hablar de la cultura de lo virtual o de cibercultura. Algunas embajadas cuentan ya con programas de formación y educación para sus connacionales por internet.
 
Existen grandes asimetrías en los intercambios de bienes culturales entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo. Un Informe del Instituto de Estadística de la UNESCO señala que el volumen de bienes culturales exportados por los países desarrollados, que sólo representan el 23% de la población mundial, correspondió a 122.5 billones de dólares en 1998 contra 51.8 billones de dólares para los países en vías de desarrollo que representan el 77% de la población mundial. Un ejemplo referente al cine: la oferta de películas en los videoclubes de la región esta compuesta en un 70 a 90% por cine norteamericano7. ¿Qué ocurre cuando la variedad se reduce en el “menu” ofrecido al consumidor? Esto induce una estandardización cultural en cuanto a los modos de vida, las lenguas, los hábitos de consumo, las comidas, e incluso los modos de pensar y actuar. Preservar y enriquecer esta diversidad de la oferta es otro de los desafíos de la diplomacia cultural.
 
La rapidez de las mutaciones tecnológicas, sociales y económicas constituyen un reto y una oportunidad excepcional para las instituciones del ámbito cultural. Para los estados se trata de modular, regular, gobernar los impactos que generan el proceso de globalización. Atentos a estos cambios, buscando caminos para humanizar la mundializacion mediante normas y principios de alcance jurídico, los 181 Estados miembros de la UNESCO adoptaron por unanimidad, en su Conferencia General de 2001, la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural, que en su articulo primero declara “la diversidad cultural, patrimonio de la humanidad”.
 
Estas normas responden también a las exigencias de la sociedad del conocimiento, pues al entrar a una era en la cual la “economía intangible” adquiere un gran desarrollo -gracias a la creatividad, la iniciativa innovadora, los métodos de gestión - es el plano intelectual y cultural donde residen las ventajas comparativos de esta clase de producción. La cultura, con su creatividad y su esteticismo ante la producción, se convierte en factor dinámico de la economía mundial.
 
5. Acuerdos internacionales para promover la diversidad de las culturas
 
Tanto la Declaración como la Convención del 2005 sobre la “protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales” en el mundo hacen frente a un doble reto: por una parte, asegurar una interacción armoniosa y una voluntad de vivir juntos entre personas y colectividades con identidades culturales distintas, que hacen evidente la importancia del diálogo intercultural; y por otra parte, defender una diversidad creadora viviente, es decir la multiplicidad de maneras cómo las culturas viven y trasmiten sus expresiones ancestrales y contemporáneas a través del tiempo y del espacio. La diversidad cultural, por su fuerza incitativa al diálogo, al intercambio y a la creatividad, constituye una condición esencial para una paz integral y un desarrollo duradero.
 
Con la Convención del 2005, que protege y promueve la diversidad de las expresiones culturales, y la Convencion del 2003, que “protege y preserva el patrimonio inmaterial”, se crea un marco normativo permanente que permite juridicamente a la diversidad de las expresiones culturales de todo el mundo de manifestarse libremente, de renovarse y de ser provechosas a sus propias sociedades y al conjunto de la comunidad internacional. De esta manera se establecen lazos que unen a la cultura con la cohesión social, el desarrollo compartido y el diálogo entre los pueblos, y se establecen nuevas vías para la cooperación internacional. Este es un principio de negociación internacional reconocido por muchos tratadistas. Uno de ellos señala que “organizar el diálogo de civilizaciones y de las ideologías se convierte en una misión de la diplomacia. Su éxito supone confiar en que hay puntos de encuentro y de concordancia entre las culturas para facilitar la conciliación de los intereses nacionales” (A.Plantey Principes de diplomatie. Ediciones Adone, París 2000).
 
Así, en un mundo en el cual el multilateralismo es cada vez más complejo y en el que las naciones dependen unas de otras para la solución de los conflictos, la importancia del poder intangible ha aumentando. Cuando la seguridad internacional era preocupación y competencia sólo de los estados, ellos eran los actores protagónicos en la escena internacional. En nuestros días, la solución de conflictos o la capacidad de influir en este escenario pasa por mecanismos que van más allá del uso de las fuerzas puramente materiales. La cultura de un pueblo en sus diversas expresiones que la configuran, es decir las artes, los modos de vida, las distintas formas de vivir en comunidad, sus sistemas de valores, sus tradiciones y creencias, juegan un rol preponderante en ello. 
 
En las últimas décadas, la UNESCO ha construido paso a paso una verdadera plataforma normativa gracias a las Recomendaciones, Declaraciones y Convenciones adoptadas, que tomadas en su conjunto constituyen un marco regulador y una base técnica e intelectual al servicio de los Estados miembros, muy útiles para la revisión, actualización y reorientación de las políticas culturales nacionales, y que responden así a los desafíos de la globalización. Para este fin son particularmente pertinentes las Declaraciones y Convenciones adoptadas por la Conferencia General de la UNESCO, a saber:
- La Convención Universal sobre los Derechos de Autor (1952, revisada en 1971).
- La Convención para la protección de bienes culturales en caso de conflicto armado (1954, revisada en 1999)
- La Declararación de principios de la Cooperación Cultural Internacional (1966)
- La Convención sobre el tráfico ilicito de bienes culturales (1970)
- La Convención sobre el Patrimonio Mundial, cultural y natural (1972)
- La Declaración de la UNESCO sobre la raza y los prejuicios raciales (1978)
- La Convención sobre la protección del Patrimonio Cultural Subacuático (2001)
- La Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural (2001)
- La Convención sobre la protección y promoción del Patrimonio Inmaterial (2003)
- La Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de expresiones culturales (2005)
Estas convenciones, que tienen un caracter vinculante para los Estados miembros de la UNESCO (192), conforman un marco regulador ad hoc para preservar y promover la diversidad cultural, defender las identidades culturales mayoritarias y minoritarias, establecer derechos culturales, recuperar bienes culturales de procedencia ilícita, proteger los bienes culturales en caso de conflicto armado, reconocer los derechos autorales e intelectuales, y cuentan en algunos casos con instancias de arbitraje para casos de desavencencia. Todas ellas están concebidas para reforzar la cooperación internacional, fomentar el diálogo entre las naciones, estimular un desarrollo compartido. Además de ser instrumentos de referencia para las autoridades culturales de los países, se trata de verdaderos instrumentos de negociación internacional al servicio de una diplomacia mundial.
 
6. El potencial cultural de América Latina
 
Ahora que nuestra América ha surgido al mundo con una identidad propia, resultado de un intenso proceso intercultural donde han convergido y se han fusionado naciones, lenguas, religiones y saberes podríamos preguntarnos ¿de cuánto poder intangible dispone América Latina? Las manifestaciones culturales que surgen de las fuentes americanas tienen una buena acogida en el mundo. Así, por referirse sólo al ámbito literario, si escritores mundialmente conocidos como Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez y Octavio Paz no hubiesen construido su imaginario con sígnos distintivos de la región, como Chilan Balam (Guatemala), Machu Picchu (Perú), Macondo (Colombia), o la Piedra del Sol (México), tal vez no habrían logrado esa fuerza expresiva reveladora de mundos, que los hizo merecedores del Premio Nóbel. Somos un continente con un imaginario pródigo, como sí viviéramos en una edad literaria. Esa fuerza creadora se encuentra plasmada en las diferentes artes.
 
En la narrativa, todos los escritores y escritoras, han contribuido a levantar un universo simbólico que los distingue en el mundo: de los cubanos Alejo Carpentier, Nicolás Guillén y José Lezama Lima, a los argentinos Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, pasando por los peruanos Mario Vargas Llosa, José María Arguedas, Miguel Gutiérrez y Alfredo Bryce Echenique, los colombianos Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez, los mexicanos Juan Rulfo, Octavio Paz y Carlos Fuentes, los chilenos Jorge Donoso, Isabel Allende, Jorge Edward y Luis Sepúlveda, para mencionar tan sólo algunos nombres conocidos, todos ellos y ellas hablan de un yo colectivo, como miembros de una comunidad de voces que expresan la diversidad de América Latina y el Caribe. Lo hacen desde perspectivas estéticas y políticas distintas, es cierto, pero mantienen y afirman un denominador común: un modo de ser americano, cimentado por las lenguas habladas y por una historia compartida.
 
Nos referimos en primer término a la literatura, pues los poetas, ensayistas y particularmente los novelistas, fijaron en el mapa moderno de las culturas la presencia atrayente de esta región, cuando en los años setenta surgió el llamado “Boom de la novela latinoamericana”, que concitó un interes mundial, con millones de lectores tentados con el universo macondiano y borgiano de América. Semejante atracción ejercen hoy la música, la pintura y las comidas de América latina. 
 
Conocidos compositores e intérpretes como Chico Buarque, Silvio Rodríguez, Agustín Lara, Carlos Gardel, Carlos Santana, Violeta Parra, Astor Piazzolla, Alberto Ginestera, Heitor Villa-Lobos, Leo Brower, Daniel Baremboím, José Asunción Flores, Martha Argerich, Raúl García Zárate, Claudio Arrau, Vinicius de Moraes, Agustín Barrios, Miguel Ángel Estrella, Cucho Valdés, Chabuca Granda, traducen en géneros distintos la riqueza melódica de los campos y las urbes latinoamericanas, incluidas por supuesto las del Caribe. Por suerte en la región no hacemos separaciones tajantes entre música culta y música popular. América Latina ha sabido preservar un estilo melódico y una cultura del cuerpo para su baile. Hoy el mundo baila al ritmo de la salsa caribeña, del bolero mexicano, del son cubano, de la cumbia colombiana, de la marinera peruana, del tango argentino. Millones de parejas aprenden en el mundo a bailar estos ritmos. Son expresiones de la convivialidad latinoamericana, que generan buena imagen, empleo y desarrollo económico.
 
No hay que olvidar la gastronomía, que muestra las habilidades alquímicas de la región, que va siendo mas y mas apreciada en todas partes, pues se instalan y proliferan por el mundo coloridos restaurantes que dan a conocer el sabor latinoamericano en toda su diversidad, satisfaciendo a los paladares mas exigentes. Un arte culinario que congrega a las cocinas autóctonas y las cocinas criollas, surgidas de esa prodigiosa confluencia con las tradiciones ibéricas, árabes, africanas y orientales.
 
En el ámbito de la reflexión y de las ideas, son numerosos los intelectuales e investigadores de nuestros países que contribuyen con sus estudios y sus publicaciones a los más importantes debates en el mundo, participando a la conformación de una nueva mentalidad crítica y constructiva. Baste recordar que en las últimas décadas nuestra región produjo algunas grandes corrientes de pensamiento como la Filosofía de la Liberación, la Teología de la Liberación, la Pedagogía del Oprimido, la Sociología de la pobreza, los estudios de Cultura Popular, la Economía Informal, entre otros, sobre los que se han producido centenares de libros y tesis en todas partes del mundo.
 
Cabe mencionar, por supuesto, a los iconos del patrimonio cultural tangible e intangible, desde los ancestrales sitios arqueológicos, hasta los numerosos "Centros Históricos" de las ciudades más importantes del continente, sin olvidar la diversidad lingüística, que reúne idiomas de origen americano, africano, europeo, asiático, las leyendas y tradiciones orales, las hermosas y útiles artesanías, sin olvidar los saberes tradicionales y endógenos tan apreciados hoy en dia, especialmente en el campo de la salud tradicional. Se puede decir que América Latina, en resumen, es un continente cultural, donde se han congregado todas las eras imaginarias del mundo.
 
El desafío es cómo poner este excepcional acervo cultural al servicio de las relaciones internacionales, del diálogo entre las naciones y del desarrollo compartido. Un patrimonio que hace de América Latina una región que dispone de grandes reservas de poder intangible. Más allá que los esfuerzos aislados -a todas luces loable- que realizan nuestras cancillerías en materia de promoción cultural, pero que en buena parte se pierde en el vasto océano de la oferta cultural, quizás deba pensarse en una política cultural concertada y complementaria. Festivales de cine, música, literatura, pintura, gastronomia, pensamiento, que sean muestra de lo que se crea en la región, Casas de Cultura de América Latina que en Praga tenga el nombre de Octavio Paz, en Tokio el de Pablo Neruda o en Nueva York el de Garcilaso de la Vega, en las cuales gente de diversas parte del mundo puedan practicar las lenguas, bailes, cocinas, medicinas tradicionales, pensamientos, ciencias, proyectos económicos etc. Una política que pueda mostrar al mundo el espíritu americano, tal como hace más de cincuenta años, un notable pensador y diplomático mexicano, Alfonso Reyes, lo presintiera:
 
"La laboriosa entraña de América va poco a poco mezclando esta sustancia heterogénea, y hoy por hoy, existe ya una humanidad americana característica, existe un espíritu americano". 
 
7. Una muestra de experiencias de diplomacia cultural
 
La realización de una diplomacia cultural requiere ciertas adaptaciones a nivel institucional. Como se trata de comunicar al exterior una obra colectiva, como es la cultura de una nación, esta diplomacia tiene que ser altamente participativa, atenta a las producciones artísticas, culturales, intelectivas y científicas de la comunidad nacional, y establecer una relación fluída y democrática con los creadores, sea que éstos estén dentro o fuera del país. Saber identificar el lado auténtico, innovador, esmerado, novedoso de las creaciones y saber presentarlas para hacerlas atractivas, tomando en cuenta que la globalización ha generado una sensibilidad ávida de novedades en todos los ámbitos. Un servicio con un Agregado Cultural o un Consulado (que incluya funciones de promoción cultural) resulta una estructura limitada. Esta realidad invita a repensar a fondo la modalidad cómo se podrían reorientar estos servicios tanto en las cancillerías como en las embajadas. Con la superación de las barreras disciplinarias en curso actualmente, prefiriéndose una visión holística, hoy en día las manifestaciones culturales, artísticas, educativas, científicas, tecnológicas y comunicacionales forman parte de un “solo paquete”.
 
¿Por qué no asociar a los connacionales que se distinguen en estas actividades en el país huesped a que actuen como “Mediadores Culturales”? Este tipo de nombramiento no otorga estatuto diplomático alguno, como el caso del Agregado Cultural Ad Honoren. Se considera Mediador a una persona con habilidades para transferir –hacer pasar- un saber o una estética de su propia cultura a otra distinta. Si se trata de un pintor, músico o poeta no se trata de que promueva sólo su propia obra sino la de todo su gremio. Así se podría nombrar Mediadores Educativos, Mediadores Científicos, Mediadores Tecnológicos, Mediadores Económicos, Mediadores Comerciales, Mediadores de Prensa, etc, que voluntariamente dediquen unas horas a la semana a las labores de promoción cultural y económica de su propio país. Con ellos se pueden establecer Redes de cooperación que labore no solo en las capitales sino en todas las regiones del país huesped.
 
Hasta hace unos años la diplomacia francesa recurría a la red de “Puestos de avanzada económica” (PEA) para nombrar a ciudadanos franceses dedicados a la actividad económica, y residentes en ciudades claves donde no había embajadas o consulados, para que actuen como intermediarios -es decir mediadores- entre su región y la oferta exportable francesa. Otras redes semejantes existen en otros países, especialmente para la cooperación en investigación científica y técnica.
 
Veámos diversos enfoques y experiencias de diplomacia cultural que existen actualmente:
 
Estados Unidos
Se podría decir que la diplomacia cultural nació en este país con el primer embajador americano en Francia, Benjamín Franklin, nombrado durante la Guerra de Independencia, quien desplegó una intensa prédica en salones y auditorios para explicar las ideas de la Independencia, concepto impensable entonces, dejando muchos discípulos que luego participaron en la Revolución Francesa. Pero el estado norteamericano no empezó oficialmente una diplomacia cultural antes del año 1936. Ese año el gobierno propuso una Convención para la Promoción de las Relaciones Culturales Inter-Americanas. El preámbulo de esta convención alentaba el desarrollo de los intercambios entre la gente y tenía por objetivo ‘un mejor conocimiento y comprensión mutuas’ dentro del los países del continente americano. Dos años más tarde, el gobierno estadounidense institucionalizó la diplomacia cultural con la creación del Comité Inter-departamental para la Cooperación Científica y la División de la Cooperación Cultural.
 
No obstante, es solamente después de la Segunda Guerra Mundial que la diplomacia cultural empezó a ser un elemento estratégico de la política exterior norteamericana. En 1946, un Despacho para los Asuntos Culturales y la Información fue establecido en el Departamento de Estado, y se creó al igual el programa Fulbright para los intercambios universitarios y culturales (entre 1946 y 1996, más de 250 000 personas se beneficiaron de este programa de becas de estudio). En el conflicto ideológico con la Unión Soviética, el arte americano fue un recurso al servicio del estado. La Agencia de Información norte americana (USIA), establecida para difundir en el mundo el punto de vista estadounidense sobre la actualidad mundial, contaba desde los años 60 con mas de 12 000 empleados.
 
El fin de la Guerra Fría condujo a una importante disminución de los órganos de diplomacia cultural de los EEUU. Los fondos asignados a este dominio disminuyeron del 20% y la USIA fue desmantelada en 1999. Los centros culturales norteamericanos fueron cerrados aun en lugares estratégicos como Islamabad, Belgrado o Ankara. En cambio, el acento fue puesto en el afianzamiento de un mercado privado global.
 
Sin embargo, después de los ataques del 11 de septiembre, los esfuerzos del gobierno en el campo de la diplomacia cultural aumentaron nuevamente. La dependencia respecto al mercado fue muy criticada por el Congreso y se acuso al mercado privado de dar una imagen negativa de los Estados Unidos (consumista, individualista, violenta y pornográfica). Desde entonces, se crearon estaciones de radio en árabe y farsi y también una cadena de información televisada árabe. Los EEUU iniciaron varias políticas para aumentar su poder intangible alrededor del mundo. Hollywood y la industria norteamericana son elementos evidentes, pero también hay que mencionar la robustez del sistema universitario americano. El porcentaje elevado de estudiantes extranjeros asegura una influencia en las élites dirigentes de todo el mundo.
 
Francia
Desde los tiempos de Louis XIV, que otorgaba más del 10% del presupuesto del estado a las artes, los líderes franceses otorgan mucha importancia al campo de la cultura, al punto que con ella conforman su “imagen de marca” internacional. Mientras la monarquía presentaba al país como “el ejemplo de civilización y refinamiento”, con la Revolución se redefinió el concepto con el de pais líder de los ideales ciudadanos y republicanos. Desde entonces, la importancia de la cultura para la diplomacia francesa siempre ha sido de primer orden. El director del Instituto francés en Londres lo resume muy bien: ‘la culture, c’est la politique’.
 
Al comienzo del siglo 20, se crearon diferentes instituciones que conformaron una red de soportes de la cultura francesa en el exterior, principalmente a través de centros culturales franceses establecidos en capitales prestigiosas, que actualmente suman 436. Las exitosas gestiones para tener la sede de la UNESCO en Paris, y el nombramiento de André Malraux como Ministro de la Cultura, reforzaron más la importancia de la cultura en la política exterior francesa contemporánea.
 
No obstante, en las últimas décadas, la diplomacia cultural francesa ha conocido una crisis de proporciones. El primer ministro Lionel Jospin ha reconocido que la cultura francesa ya no tenía un papel preeminente en el mundo que le permita imponer ‘su lenguaje, sus códigos y su estilo’. Originalmente considerada como la lengua franca para la diplomacia, el uso del francés en las instituciones oficiales europeas disminuyó notoriamente: en 1997 el francés era utilizado tanto como el inglés, pero desde 2002, el inglés sobrepaso largamente al francés. El número de estudiantes extranjeros en Francia se redujo, en 1985 eran 250 000 y un década más tarde pasaron a 150 000. Con sus propios problemas económicos (desempleo, deuda exterior), el estado redujo sensiblemente los fondos asignados a la cultura, lo que generó una huelga en 2003 del 70% de los servicios culturales.
 
Todo esto condujo a Francia a una “re-ingenieria” de su diplomacia cultural, a una reorientación de fondo. La cooperación con firmas privadas se intensificó según el nuevo modelo ‘public-privé’. Un papel importante se ha dado a la participación de los intereses franceses en los países huespedes, a la contribución de los gremios profesionales, a las ONG, y en el plano multilateral Francia asumió un liderazgo, junto a Canada, para promover la aprobación de la Convención sobre la diversidad cultural. Para contrarrestar el uso del inglés como primera lengua extranjera, la Francia incita a los estudiantes a aprender un segundo idioma, promoviendo de que escojan el francés. Creó, además, la Agencia CulturesFrance, una plataforma de ejecución de los proyectos promovidos por la diplomacia cultural francesa.
 
China
Tradicionalmente aislacionista, la Republica China implementó en esta última década un vasto programa de diplomacia cultural, cuyo esfuerzo más evidente es la organizacion de los Juegos Olímpicos en Beijín. El programa del Instituto Confucius fue concebido para difundir ampliamente la cultura y la lengua china. El objetivo es crear 100 institutos en diez anos. Su opción de escoger proyectos estratégicos para reforzar su propia diplomacia cultural es también evidente (recientemente suscribió con Francia un ambicioso acuerdo de cooperacion en Medicina tradicional). China intenta volverse un actor protagónico en Africa, no solo contribuyendo a proyectos de desarrollo, sino también sosteniendo entrenamiento técnico e intercambios educativos y tecnológicos entre gobiernos. Todos estos esfuerzos responden a la preocupación de construir un prestigio de la China en el exterior, de posicionar una buena imagen, pues su imagen actual constituye –en el plano comercial y social por ejemplo- una barrera para la expansión económica y los objetivos políticos chinos en el mundo. Efectivamente en el 2005, una encuesta de expertos en marketing mostró que el 70% de la personas consultadas estimaron que la etiqueta ‘Made in China’ perjudica al producto que quiere venderse. Cuando sabemos que el 60% de su PIB proviene del comercio, y que tres de los 10 mejores filmes extranjeros en los EEUU son chinos, no es una sorpresa que el gobierno chino haya empezado un ambicioso programa de diplomacia cultural.
 
Peru
El gobierno peruano ha iniciado en el 2003 un Plan de Política Cultural del Perú en el Exterior, legitimado por un Decreto presidencial, que hace de la diplomacia cultural un componente importante de su política exterior. Además de la protección del patrimonio y de promover la educación, la ciencia y la cultura peruanas, esta iniciativa incluye un programa para promover “La gran cocina peruana” y la apertura de institutos culturales Inca Garcilaso de la Vega. El patrimonio cultural del Perú, que se benefició de una legislación protectora desde 1822, es considerada por la política externa como ‘un importante capital cultural’ al servicio del país. La diversificación de destinos turísticos –más allá de Machu Picchu- y la promoción de un turismo ecológico en otras zonas del país constituyen una prioridad para el gobierno, en la medida que constituye fuentes de ingresos para el desarrollo local. Otro aspecto de esta politica externa es el tratamiento de la migración peruana. En la última década, casi un 10% de la población emigró en busca de mejores perspectivas económicas. Mientras que la remesa familiar ayuda a la economía peruana, el potencial de esta emigración –donde están parte de la élite científica, académica y culturas del país- no ha sido debidamente aprovechada por el país.
 
Noruega
Para una nación con una población relativamente poco numerosa (menos de 5 millones de habitantes) y de expresiones culturales poco conocidas, Noruega es un país que tiene una presencia sobredimensionada en la escena internacional, y esto porque ha tomado el camino de promotora mundial de la paz. No solo contentándose con otorgar cada año Premio Nóbel de la Paz, sino tambien por tomar numerosas iniciativas para mostrar la imagen de un país pacifista activo. Tiene un presupuesto importante destinado a la cooperacion internacional y un equipo de verificación electoral que se desplazan por el mundo. Acogió las negociaciones de paz para el Medio Oriente (los acuerdos de Oslo), e iniciativas semejantes para Sri Lanka y Colombia. Esta buena imagen a su vez opaca la atención sobre aspectos que en el exterior se consideran como negativos: su aislamiento en la Unión Europea y la explotación intensiva de los recursos naturales, que son lo esencial del ingreso nacional noruego: perforación de petróleo off-shore, pesca intensiva y pesca de ballenas.
 
España
La diplomacia cultural española está marcada por sus lazos estrechos con el mundo iberoamericano e hispanohablante, que tiene su momento estelar en las Cumbres de Jefes de Estado Iberoamericanos cada año. Una de sus plataformas institucionales mas importantes es la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), que cuenta con la red de Institutos Cervantes, creados a partir de 1992, y que cuenta ahora con 60 sedes en 38 países. La promoción del idioma español no sólo tiene beneficios en el plano de la política exterior, sino también en el plano económico, con las diversas industrias relacionadas al idioma y la cultura española, que generan un estimado de 15% del PIB español y emplean un millón de personas.
 
En años recientes la diplomacia cultural española emprende nuevos esfuerzos gracias a la ampliación de su presupuesto. Carmen Calvo, Ministra de Cultura, señaló en Octubre 2006: “Hace cincuenta años la cultura estaba ligada a la diplomacia, pero apenas como un adorno. Hoy en día, la cultura es una parte importante de las economías desarrolladas y cuanto mayor es su nivel de desarrollo cobra aún mayor importancia. Se necesita la cultura como parte integrante del desarrollo, con por lo menos el 10% del presupuesto asignado al desarrollo, unido a la diplomacia cultural. El presupuesto del ano 2007 fue aumentado de un 27% y la protección al patrimonio cultural – tangible e intangible- recibe una tercera parte de la suma total”. Como parte de este enfoque, Espana contribuyó con 700 millones de dólares para el financiamiento de un Fondo para proyectos de “Cultura y desarrollo” en 54 paises, en el marco de la Reforma de las Naciones Unidas.
 
Bibliografía general
 
Referencias:
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- UNESCO : Texto de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial: http://www.unesco.org/culture/ich/index.php?pg=00006
 
Fuentes seleccionadas: 
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- Bartra, J.I., Manual para una diplomacia cultural, (Fundacion Academia Diplomatica del Peru, 2004).
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Informes de gobiernos:
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United States: Cultural Diplomac : The Linchpin of Public Diplomacy, Report of the Advisory Committee on Cultural Diplomacy (U.S. Department of State, September 2005).
The 9/11 Commission Recommendations on Public Diplomacy: Defending Ideals and Defining the Message, Hearing of the National Security, Emerging Threats and International Relations Subcommittee of the House Government Reform Committee, 23 August 2004.
 
 
 
 
Notas: 
 
1 Nye, J. Soft Power: The Means to Success in World Politics. Publics Affairs. 2004. Antes de la publicación de este libro, el autor ya había presentado su noción de poder intangible en el artículo “Soft Power”, publicado a inicios de los 90 en Foreign Policy. Para el presente ensayo se ha empleado además los siguientes textos: La paradoja del poder norteamericano, Taurus, Madrid, 2003. Propaganda Isn't the Way: Soft Power. The International Herald Tribune, 10 de Enero de 2003. El poder blando y la lucha contra el terrorismo, El País, 28 de abril de 2004. 
2 0'Brien, R. et al. «Complex Multilateralism: MEis ans GSMs», en Contesting Global Governance. Multilateral economic institutions and global social movements. Cap 6 .Cambridge University Press, 2000 
3 Cf. J. Nye et R. Keohane. Power and Interdependence. Longmann. 1977 ( 3³ªª: 2000). 
4 The 9/11 Commission Recommendations on Public Diplomacy: Defending Ideals and Defining the Message, Hearing of the National Security, Emerging Threats and International Relations Subcommittee of the House Government Reform Committee, 23 August 2004.
5 Soft Power. p.6
6 Cifras extraídas de la COMTRADE (Commodity Trade Statistics).
7 Montiel, E., El nuevo orden simbólico, SECIB, 2002. 
 


* Intervención en el Encuentro andino sobre Diplomacia Cultural. Semina

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