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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Sara Joffré
La otra viuda de Brecht La otra viuda de Brecht

Por Miguel Ángel Cárdenas M.
Fuente: El Comercio, Lima 15/10/04

Si la vida -como lo plantea Ingmar Bergman- una partida de ajedrez con la muerte, Sara Joffré la obligaría a quedar tablas. Porque, para esta dramaturga, actriz y directora teatral con más de 40 años en, sobre, detrás y para las tablas, la función debe funcionar.
 
Dice: "El bárbaro de Hitler es un ejemplo de cómo cuando uno es loco y tiene una idea loca puede llevar a millones que se creen cuerdos a hacer demencias terribles. ¿Pero, porqué no ser locos para hacer cosas buenas... para hacer teatro, que es la mejor de todas las locuras?".
 
Así, como Camille Claudel (la amante del escultor Rodin y protagonista de una de sus obras), Sara descuartizó ola razón y la cerrazón por una pasión: Bertolt Brecht, el dramaturgo alemán que revolucionó el teatro a mediados del siglo pasado y al que ella le acaba de dedicar un espectáculo vivo en el ICPNA (institución a la que también le donó sus archivos sobre el alemán, uno de los más completos del continente).
 
Y así, como Brecht, ella también es una viajera silvestre: ¿Quién la puede mantener quieta antes de que se suba -con su bolso al hombro- a una combi rumbo al Centro de Lima para organizar sus jornadas de autores peruanos en la Biblioteca Nacional?. ¿O que después se vaya a Comas para ver teatro independiente y escale, luego, un cerro para columbrar la ciudad como una nocturna torta de cumpleaños? ¿O que, de repente, coja un ómnibus y parta a Huamanga, Huaraz o Huanuco para visitar grupos de universidades de provincias? ¿O que, de pronto, aparezca en Buenos Aires o Berlín para ver teatro de primera butaca? ¿Quién?
 
 
Primer llamado
 
Nacio en el 'Llauca' en 1935, pero se mudo a la 'Rica Vicky' a los 7 años. Si existiera la universidad de la calle, ella habría fundado allí su teatro universitario.
 
Su primera aparición en nuestro escenario se dio a los 2 años cuando en el colegio de su hermana mayor, en Bellavista, cantó imitando la cadencia de Lupe Vélez, una de las primeras mexicanas que llegaron a Holliwood: "Mi hamaca es de pura seda y está bajo un palmar, mas no se hagan ilusiones que en ella duermen papá y mamá".
 
Recuerda: "Y con ese canto tan santo empecé mi vida no tan santa".
 
En una quinta de la cuadra 9 de Sáenz Peña, donde pasaba el río Huatica, Sara escuchaba los cuentos de fantasmas con que un avezado pretendiente intentaba seducir a su hermana mayor. Esas historias de terror atizaron su valiente curiosidad por las lecturas. En el colegio República de Panamá, de la plaza Manco Cápac, siempre era la elegida para cantar, bailar y actuar en 'comedias ejemplarizadoras'.
 
Sentencia: "Por lo que ocurrió conmigo creo en el teatro escolar. Cuando voy en ómnibus por el país veo caminos donde parece que no pasara un alma, pero allí mismo aparece un niño que va a una actuación. Son los maestros de escuela, que a lo mejor no han estudiado actuación pero que les gusta, quienes siguen alimentando el teatro".
 
Cuando Sara terminó el colegio tuvo que buscar trabajo, porque tenía que mantener a su madre (su padre había sido un obrero anarquista que estuvo preso en El Frontón.)
 
Añora: "Mientras tanto escuchaba las obras de radioteatro, pasaban unas de García Lorca que me fascinaban".
 
Una vez, con el estómago bostezando, alguien le dio una tarjeta del Club de Teatro de Lima. Y así como existen los pasos en falso, descubrió que también existían los pasos en verdadero. Y Sara pasó en poco tiempo de matricularse allí a postular a una beca en el Instituto Internacional del Teatro. Y de súbito, a los 25 años, ganó una bolsa de viaje financiada por el British Council para viajar a la tierra de Lawrence Olivier.
 
Cuenta: "Londres fue toda una aventura, estuve un año en Europa visitando escuelas, viendo teatro cuando caía la nieve".
 
Al regresar al Perú, la mujer autodidacta que se iba caminando sola desde La Victoria a la Biblioteca Nacional para leer por su cuenta, funda -en 1963- Homero Teatro de Grillos, un grupo que en un principio surgió para reformar el teatro infantil, pero que se transformó en un laboratorio integral, cerca de la avenida Colonial.
 
Narra: "Jugamos con la idea de que el teatro era una olla de grillos. Viajamos por toda la costa atlántica de Estados Unidos y paramos en Nueva York. Justo allí vimos los ejércitos de Hair, que fueron un escándalo para la época, con desnudos y todo, Y la obra de Jean Claude Itallie, "American, hurrah", una crítica contra la guerra de Vietnam. Entonces vinimos a Lima y la dimos un 4 de julio en el mismo ICPNA de Lima".
 
El virus de Brecht, mientras tanto, ya estaba incubando en su organismo.
 
 
Segundo llamado
 
Se cumplía un año de la revolución cubana y Sara fue embarcada por sus amigos para asistir al primer congreso latinoamericano de juventudes.
 
Aduce: "Oír hablar al Che Guevara tiene que impresionar a una mente joven. Y justo un argentino me presta 'La persona buena de Sechuan' e imagínate allí con la obra de Brecht".
 
Después hace un viaje a Europa en que ve "La resistible ascensión de Arturo Ui", dirigida por el célebre director francés Jean Vilar. En Inglaterra asiste al montaje de "Levantamiento y caída de la ciudad Mahagonny". Y de esa experiencia a que estrenara en Lima, "Los tres chanchitos" en clave de crítica social, con esa diáfana frase "nada de lo que tu puedas hacer va a ayudar a los muertos", solo había un paso de tondero.
 
En julio de 1971 organiza el primer conversatorio en Lima sobre el autor de "Galileo Galilei". Y a partir de allí Sara se convirtió en "la otra viuda de Brecht", según sus amigos: montando sus obras y difundiendo sus estudios con pasión de abeja obrera por todo el país hasta el año 2000, en el que decidió abandonar su apostolado.
 
Esgrime: "Es que me gusta ponerle punto final a las cosas, pero siempre me entra la nostalgia y hago algo de él".
 
Sin embargo, Brecht (su estética política y sus teorías sobre el "distanciamiento": la no identificación del actor con sus personajes) es tan idolatrado como vituperado. Se dice, por ejemplo, que era un inconsecuente con sus ideas de igualdad y maltrataba a las mujeres. Contesta: "Nadie explota a nadie, no podemos decir que la víctima no tiene nada que ver en el asunto".
 
¿Y que fue un cobarde en la época del macartismo en Estados Unidos? Reflexiona: "La vida es café con leche, a veces uno puede estar heroico y a veces puede ser una rata. Un brechtiano dogmático me quiso matar cuando exhibí la película en que se ve a Brecht interrogado. La gente del cine en Hollywod había hecho un acuerdo para no contestar a qué partido pertenecían porque no figuraba en la Constitución, Pero Brecht tiene miedo, porque no era ciudadano de ese país y no estaba amparado por su Constitución". 
 
Como diría el propio Brecht: conserva tu alma pura, pero también tu alma bendita.
 
 
Ultimo llamado
 
Pero si Joffré tiene un mérito entre todos es el de ser una de las primeras escritoras de teatro.
 
Desde "El jardín de Mónica", en 1961, montada por Alonso Alegría, pasando por "Se administrará justicia" (1967, su obra más crítica), hasta "Camille" (escrita en Brasil 1999), Sara ha brindado piezas escritas como ella misma dice: "como explosiones del alma". Su última obra trata sobre su segundo gran amor: Walter Benjamín, el genial filósofo judío que se suicidó antes de ser capturado por los nazis.
 
Su influjo puede sentirse en el talentoso dramaturgo joven César de María, quien la considera su maestra.
 
¿Qué sería de la actividad teatral peruana sin las muestras nacionales que fundaste en 1974? Enfatiza: "En esa época no se hacia obras de autor peruano y decidimos crear un espacio para eso. En esos tiempos en Lima había ocho grupos no más, hoy hay más de 200. Después se expandió a Cajamarca, Cerro de Pasco... la próxima va ha ser el 5 de junio del 2005 en Ayacucho por el cumpleaños de García Lorca".
 
¿También fundaste la Muestra de Teatro Universitario en 1986? Afirma: "Ya va por la número 16. Yo creo que ahí está también el futuro del teatro peruano".
 
¿Y la revista Muestra? Asegura: "Ya parece un poco ridículo que ande fundando cosas, pero es la única revista de dramaturgos".
 
Con más tiempo separada que casada, madre de un hijo arqueólogo y una hija maestra, Sara Joffré adora las contradicciones. Como buena brechtiana admira "la maravilla del instante" de una puesta en escena como también su naturaleza despiadada. Señala: "Mi último actor de Brecht tiene diabetes, perdía la memoria y tenía la función encima... porque en el teatro no hay mentira, pues, Por eso quien se mete pensando que es fácil engañar como en política sale disparado".
 
Y es que el arte de las tablas tiene la misma alma explosiva y loca que Sara, quien quiere morirse en una función: "funcionando".
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