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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Sara Joffré
Madre Coraje en Central Park: Nueva York<br>Crónica desde el lugar de los hechos Madre Coraje en Central Park: Nueva York
Crónica desde el lugar de los hechos


Por Sara Joffré
Fuente: Nueva York, agosto 2006

Considero conveniente antes de relatar lo concerniente a la puesta en escena, hacer, un comentario sobre lo que han sido las "COLAS".

 
Pero todavía antes, tengo que referirme al origen de lo que se dio en llamar "El Festival de Shakespeare en el Parque". Hace 50 años Joe Papp, quería probar su tesis respecto a que él sentía que Shakespeare, y otros grandes creadores de trabajos teatrales pertenecían a toda la gente que estaba deseosa de conocer lo que los dramaturgos tenían para ofrecer.
 
Además de tener Papp la convicción de que los clásicos eran tales porque poseen la facultad de hablar a todos para todos los tiempos.
 
Así surgieron los festivales con sus entradas libres de todo costo "monetario" y sus grandes producciones que no tenían nada que extrañar frente a las más sofisticadas puestas de lujosos locales.
 
El teatro Delacorte, donde se ofrecen las funciones del Festival, está situado dentro del Central Park, al sur de la calle 81, es un hermoso lugar rodeado por árboles,
 
plantas, aves. Sus butacas, dispuestas a manera de un teatro griego, a cielo abierto e igualmente el escenario. En un cálculo rápido debe albergar en total más de mil personas. Hay una caseta de baños, una pequeña tienda para bebidas y meriendas y otra para comprar los recuerdos, afiches y, para las noches en que se hace necesario, nada menos que los ponchos, hechos con capucha y totalmente de plástico protegen del agua y frío a 5 dólares c/u. ¡Ah, los Festivales son siempre sólo en verano, pero el clima también juega su papel en estas presentaciones!
 
 
Ahora, si voy a lo que para mí, se convertía en la primera parte del espectáculo y que se producía muchas horas antes de la presentación en el escenario: LAS COLAS.
 
Sí, las colas, como esas que todos hemos hecho alguna vez, sobretodo...pero mejor seguimos con nuestro relato. Las colas son el único precio que hay que pagar para conseguir las entradas.
 
Según el caso la gente llega como si se fuera a la playa o al campo, con sillas plegables, camas portátiles, bolsas, en fin todo lo imaginable para "tirarse" en el suelo, 12,6,5,4... horas, con su agüita, su café, alguito que masticar normalmente no había gordos espectaculares en las colas.
 
Tres veces hice mis colas, el primer día de función llegué a la cola a las 8.30 de la mañana, la persona anterior a mí era una mujer encantadora con su hijo, conversamos como si hubiésemos llegado a una fiesta (y es que era una fiesta) después entró en la conversación un joven actor brillante, alegre...¡Señores a pararse!... gritaban los jóvenes voluntarios que orientaban la cola. La gente estaba en el secreto, nadie intentaba usar el derecho del otro. Y cuando uno llegaba por fin ante un señor muy serio que entregaba ¡2 entradas por cabeza!, sentía algo tan especial que efectivamente no había dinero con que compararlo. Esta cola la hice en la calle Lafayette, ante las puertas de "The Public Theater".
 
Mi segunda cola la hice en el propio Central Park, adonde llegué con dos amigas a las 9 de la mañana; no conseguimos las entradas oficiales, nos dieron "Vouchers" y teníamos que regresar a probar suerte a las 6 de la tarde (las entradas se entregaban a los que alcanzaban en la cola a la una en punto de la tarde para la función de ese mismo día a las 8 de la noche). Esta segunda vez que quise ver la obra el cielo tronaba y relampagueaba. Todos buscando refugio en el diluvio. Era impresionante pensar que uno estaba haciendo las angustias con tanta gente con los mismos deseos. Meryl Streep incluida. 
 
Imaginar, las instalaciones eléctricas y los rayos, los micrófonos invisibles de los actores, los asientos mojados.
 
"Señoras y Señores, no sabemos si habrá o no función, pero les pedimos esperar". 
 
Las exclamaciones de pena y desconcierto- las entradas sólo valen para el día que se entregan- era el diluvio y era depender literalmente de la decisión de los dioses en el cielo. Amainó, volvió a llover, ¡ah qué espectáculo, qué creación colectiva, y de pronto, cerca de las nueve de la noche entramos y se dio la función, esa noche decididamente hubo duendes afuera y adentro del escenario. Ustedes pueden calcular cómo fue recibido el inicio de la función. 
 
Para mi tercera cola llegué a la calle Lafayette a las 4 de la mañana.
Estuve entre los primeros 15 de la cola, y otra vez el converse, la camaradería. La singular experiencia. Y sería para mí la última noche de ver a esa gran actriz que me hizo tomar la decisión de ir a Nueva York.
 
 
El Comentario a la Puesta en Escena propiamente dicha 
 
En principio creo que es innecesario decir que Meryl Streep, como Greta Garbo en su momento, es una actriz cuya calidad ya esta fuera de todo comentario. Inevitablemente bien. Imagínenla nada más esperando que pase la tormenta con todos sus actores. Un elenco formal, correcto, cumplido.
 
Sobre la dirección de la obra y la traducción, le echo toda la culpa al director artístico Oskar Eustis. Pero es evidente que se apoyaba en el prejuicio del tremendo "miedo" que se fabula tiene el público a ese famoso alemán comunista Bertolt Brecht.
 
Creo, que el director de la pieza, ha concedido mucho a lo que pretendidamente interpreto como "concesiones al público". Y yo me pregunto para qué público?. 
 
Evidentemente tenía al publico ganado de antemano, aparte de que se trata de indeclinables amantes del teatro, el Festival tiene como propósito evidentemente hacer un teatro "distinto". El temor que puede todavía producir "el comunista Brecht" estaba ampliamente balanceado con la presencia de figuras incontrastables como la propia Meryl Streep en primer lugar.
 
Y precisamente porque se dan las más increíbles facilidades para que asistan justamente todos aquellos que tienen tiempo y no dinero, tuve la sensación de que se trataba de un público entendido. Una de las pruebas fue que cuando incluyen la frase "I tell you, you must die" que corresponde a una canción de Levantamiento y caída de la ciudad de Mahaggony, hubo risas como cuando se hace un chiste entre gente que está en el secreto. Y sí yo afirmo que este público estaba en el secreto.
 
Le critico los efectos especiales: especialmente ese "Deus ex Machina" que hace volar a Katherine después de muerta...lo considero insufrible... e inexplicable en un hombre con el prestigio del director Oskar Eustis. 
 
En la tercera vez que vi la obra había hecho algunos cambios fundamentales y para bien, el más importante, hacer que la canción "Eia popeia", que es una nana que Madre Coraje canta ante su hija muerta, fuese cantado únicamente por Meryl Streep.
 
 
En las canciones la opción de cambiar la música de Paul Dessau por unas melodías dulzonas, fue fatal. Afortunadamente en el inicio y el final se permitió que fluyera la música de Paul Dessau.
 
Ivette, interpretada por Jenifer Lewis, una magnífica cantante negra, parecía pertenecer a otra obra, se producía un corte cada vez que ella intervenía. Sí pues, reforzaba el director la sensación de entrar por ratos a la idea de un musical, especialmente en la Canción de la Gran Capitulación, le da a Madre Coraje un rumbo entre comedia musical y película sobre el Oeste que fue, en resumen, el corte que imprimió el director a la obra de Brecht.
 
Tony Kushner, me ha sorprendido, y no para bien, él es un admirador de Brecht, ¿por qué prefirió reducirlo a tan toscos chistes? 
 
De todas maneras el público coreó y aplaudió las frases brechtianas que en esta pieza hacen alusión a situaciones comunes a todas las guerras, odiosas situaciones ante las cuales las palabras de Brecht, inalteradas surgen claras y evidentes. Desde ese punto de vista y por la oportunidad de hacer regresar a Brecht a los escenarios de New York, es que la decisión por parte de Oskar Eustis,el director artístico del Public Theater de aceptar la propuesta de Meryl Streep, Tony Kushner, Jeanine Tesori y George C. Wolfe, de quienes surgió el proyecto, ha sido y es admirable.
 
Recuperar a Brecht para un escenario tan popular como el Teatro Delacorte, de clara significación en esta enorme ciudad que es Nueva York, no era una decisión fácil de tomar. Y la tomaron.
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