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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Carlos Germán Belli
"Nunca fui un niño lector"

Por Pedro Escribano
Fuente: La República, Lima 28/05/06

Miembro de la generación del 50, es una de la voces más altas de nuestros vates vivos En marzo ganó el premio Iberoamericano Pablo Neruda y el INC acaba de publicar un volumen con sus poemas.

El poeta recuerda que cuando tenía diez años, sus padres, con el afán de que cultivara la lectura, le regalaron dos libros de Julio Verne. "Sentí una terrible desazón. Yo esperaba otra cosa, chocolates... Yo nunca fui un niño lector, sino todo lo contrario. Esa era la verdad", afirma Carlos Germán Belli, uno de los más altos poetas vivos de nuestro país y miembro de la generación del cincuenta.

El autor de Sextinas y otros poemas, a quien ahora el Instituto Nacional de Cultura le acaba de publicar Versos reunidos (1970- 1982), también recuerda que después, a los 15 años, descubrió Azul, libro de Rubén Darío, y gracias a su padre. "O sea, que ese lector frustrado de Julio Verne se convirtió en un gran lector", agrega no sin sonreír.


Y fue gracias a Darío que se adentró más a la poesía, descubrió la poesía amorosa, pero paralelamente escribía poemas al estilo modernista. Le preocupó de sobremanera las formas clásicas de la poesía. "Esa devoción por la forma tradicional yo creo que tiene antecedente en el interés de hacer poemas fonéticos, a base de sonoridades puras, o sea, en mi devoción por el sonido de la palabra", comenta Belli.

Y a pesar de que alguna vez ha dicho que "la poesía es la pariente pobre de la cultura peruana", Carlos Germán Belli se entregó a ella dejando de lado otras profesiones como ser marino, político o abogado. Le guardó fidelidad a la palabra poética.
 


-¿Y cómo se decidió por una vida literaria. ¿Sus padres se opusieron?
-Mis padres estaban sumamente preocupados por esta asunción total de la literatura, en particular de la poesía, pues era volverle las espaldas a una carrera universitaria, que era el ideal de ellos. Por allí me trajo un prospecto de la Escuela Naval, pero después no lo vi. Finalmente querían que sea abogado o doctor en letras. La preocupación de ellos es que asumiera una vida bohemia y era natural porque en ese tiempo un escritor era caracterizado como personaje de la bohemia. Ahora es distinto, el escritor es un profesional.

-Pero como lo conocemos, no lo imaginamos bohemio.
-No, no, yo no era bohemio. Había una etapa muy breve evidentemente como todo el mundo, pero no. Quizás por una situación familiar muy particular. Yo he sido hermano de una persona discapacitada, mi hermano Alfonso. Eso era un compromiso profundo de asumir su cuidado. Esa era la preocupación de mi padre también de que yo, como hermano mayor, velara por mi hermano enfermo.

-¿Estaba prohibido moralmente para la dolce vita?
-Tampoco viajar, a París, que era el sueño dorado de todos los escritores de mi época. Después falleció mi padre y posteriormente mi madre y tuve que tomar las riendas de la casa y litigar para que mi hermano Alfonso reciba una pensión de orfandad del Estado por parte de mi madre. Era inédito de que un discapacitado reciba ese derecho. Ahora lo recibe todo el mundo.
 
Poetas de ruta
 

-¿Usted forma parte de los poetas de la generación del 50, se conocían entonces?
-No. A Washington Delgado, por ejemplo, lo he conocido ya andando en el tiempo. Con Romualdo hemos coincidido en el ingreso en la universidad, en 1946. A Bendezú lo veía de lejos, todavía no éramos amigos. Con quien me conocía desde el colegio Raimondi era con Leopoldo Chariarse.

-¿Romualdo ya era un poeta tronante?
-La primera imagen que tengo de Romualdo... mejor no lo cuento (risas). Antes de San Marcos yo lo conocía de vista, como futbolista. Jugábamos en una cancha que había en lo que hoy es el hospital Rebagliatti. Esa es la imagen que tengo, era arquero. Pero yo sabía que era poeta.

-A propósito de la polémica de poetas puros y sociales, la crítica lo ubicaba como poeta "puro".
-Creo que Julio Ortega dice que tengo de las dos canteras, de las dos orillas. Sí pues, tengo poemas de cierta rebeldía que escribí en esa época. Pero lo que a mí me interesa más bien es la experiencia, el experimento literario. Siempre he tenido una obsesión por los ismos de vanguardia, por las corrientes literarias, pero al mismo tiempo devoción por la tradición.

-Si bien su lenguaje es riguroso en la forma, usted lleva a su poesía las palabras más prosaicas.
-Sí, expresiones populares. Como usted dice, las palabras más prosaicas como "hasta las cachas", término castizo pero popular. También localismos peruanos que están en mi poesía sin que yo me haya dado cuenta, pero lo más cierto es la inclusión de lo prosaico.

-Entre los temas, ¿cuál cree que arrastra más a su poesía?
-Creo que el amor familiar y el amor. Incluso sobre el tema amatorio propiamente dicho tengo una breve antología. Y tengo más poemas amatorios. Esos son mis temas recurrentes. Claro, de vez en cuando, la tecnología, la cibernética, son temas que me interesan.

-Su poemario ¡Oh, hada cibernética! fue un adelanto a esta época ciber.
-Partió de algo muy simple, como es siempre lo que yo hago. Sucede que entonces trabajaba en dos sitios, en el Senado y en una agencia noticiosa, como traductor. No sé cómo hacía, pero lo hacía. Seguro estaba asfixiado y un buen día el detonante de mi liberación psíquica, digámoslo de esa manera, hallé un breve cable de Londres, que hablaba de la cibernética que ayudaba a la automatización laboral, yo dije esto es una maravilla, esto es lo que quisiera que venga cuanto antes para que cada quien se dedicara a lo suyo. Un científico a investigar, un poeta a escribir. Comencé a escribir con esa referencia a la cibernética.

-¿Era la solución?
-Para mí, porque para otros, no. En uno de esos días, me encontré con una amigo filósofo y, cosa que nunca hago, le enseñé un manuscrito sobre este tema. No, me dijo, lo que tú celebras es una barbaridad, está causando desocupación en Europa. Me pintó un panorama sombrío. Pero parece que no ha sido así, usted tiene grabadora, su amigo cámara fotográfica digital.

-Usted también ejerció el periodismo.
-Sí, pero mi trabajo central era en el Senado, como secretario, a donde llegué con 18 años de edad. Ingresé con el apoyo de los poetas José Gálvez y Alcides Spelucín.
 
Tímido y apolítico
 

-¿Y no tuvo la tentación de hacerse político?
-Esa es una buena pregunta. Con colegas y amigos mayores, como José Gálvez, lo hubiera sido, pero no, jamás. A mí me ha defendido una cosa -no hay mal que por bien no venga-, soy un hombre muy tímido. ¿Usted ha visto un tribuno político tímido? ¡Nunca! Eso me preservó 22 años de trabajar en un recinto político de donde salí inmune.

-¿Qué les diría a los poetas jóvenes, sobre todo para que escriban bien?
-No, no hay ningún consejo. Que acepten nomás el diccionario, a la gramática. Que dominen el lenguaje, creo, para no ser un menesteroso de nuestra lengua. Eso es lo único que les puedo decir. Todos tienen una vida y pueden poetizar esa vida.
 
Perfil
Nacimiento. En Lima, 1927.
Trayectoria. Miembro de la generación del 50. Premio de Fomento a la Cultura 1962. Premio Iberoamericano de Pablo Neruda 2006.
Obras poéticas. Poemas, Dentro y fuera, ¡Oh hada cibernética!, El pie sobre el cuello, Por el monte abajo, En alabanza del bolo alimenticio, El buen mudar, Más que señora humana, En el restante tiempo terrenal, entre otros libros.

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