Javier Arévalo
Sueño con un país de lectores Sueño con un país de lectores

Por Cynthia Campos
Fuente: La República, Lima 14/11/2010 http://www.larepublica.pe/archive/all/domingo/20101114/16/node/302179/todos/1558

Era su quimera personal y hoy es una realidad entre millares de niños, adolescentes, maestros de escuela y padres de familia. Se llama Recreo y ha inoculado el virus de la lectura en los tiempos del playstation. Pero Javier Arévalo Piedra (Lima, 1965) no solo es un entusiasta promotor cultural, también es un creador. La  historia de una niña que borda vestidos para niños muertos le sirve para tejer la trama de Los niños góticos, la novela que acaba de publicar bajo el sello Estruendomudo.

Un día, Javier Arévalo se hartó de comprobar que entre los pocos y leales consumidores de literatura prácticamente no había niños ni adolescentes. No encontraba fanáticos de la lectura en las nuevas generaciones. Entonces se planteó un desafío que era al mismo tiempo jodido y quijotesco, como él mismo suele ser: despertar en un millón de muchachos, de todo el Perú, la fascinación por la lectura. Para lograrlo, Javier inventó un sueño personal y luchó por hacerlo colectivo. Lo llamó Recreo, y aferrado a lo que parecía una quimera viajó por todo el país predicando el evangelio de la lectura.  Tocó las puertas de cientos de escuelas públicas y privadas, y compartió su ilusión con alumnos, profesores y padres de familia. Los sedujo con lecturas y los invitó a rescatar una práctica que podía despertar la reflexión crítica y nutrir la creatividad individual. Recreo, su proyecto, está hoy de aniversario.

Cumple cuatro años contagiando la afición y el placer de la lectura entre los más chicos de la casa. El próximo capítulo de esta aventura se escribirá el 29 de noviembre. Será en Arequipa. Allí, Javier y un grupo de jóvenes escritores y figuras de la televisión leerán cuentos y otras historias a niños y adolescentes. “El mensaje que queremos dar es que son los padres los responsables de leerles historias a sus hijos. Ellos deben sembrar la semilla”, comenta el escritor. El nombre de la campaña no puede ser más elocuente: Te leo porque te amo.

“Mi vida cambia cada cierto tiempo. El cambio es mi modo de vivir para no aburrirme. Me invento siempre nuevas aventuras y movilizar a toda una sociedad en torno a sus hijos me pareció una cosa muy bonita”, dice Javier Arévalo. Pero ¿cuál fue el punto de quiebre que llevó a este escritor y periodista a darse a tal esmerada tarea? “Bueno, soy padre”, comenta. Y narra además otra escena. En el año 2001 tuvo la ocasión de capacitar a treinta maestros como parte de un colectivo llamado Comisión para el cambio del aprendizaje de Lengua y Literatura, del Ministerio de Educación. “Ellos no sabían cómo escribir y terminaron escribiendo todos un libro. Luego me llevaron a sus escuelas y vi el desastre: niños balbuceantes, incapaces de emitir una opinión informada, sin librerías ni bibliotecas. Vi la multiplicación de la pobreza, porque sin duda ese es el origen de la pobreza”.

Y esa misma escena, esa misma impresión se ha repetido en los muchos viajes que ha realizado con Recreo. Javier se encarga, por ejemplo, de proponer un plan lector adecuado a la realidad y el entorno de cada escuela. “Solo en el primer año viajé a Ayacucho, Tacna, Iquitos, Piura, Huancayo. No teníamos ni un sol, pero lo hicimos. Antes tocábamos puertas, ahora las escuelas nos llaman, hay mayor interés”, asegura. “Lo que queremos lograr es que la experiencia de la lectura sea un vacilón. En casi cinco años tenemos miles de lectores. Yo quiero que sean millones. Con la colección YoLeo de La República, este año hemos logrado difundir dos millones de ejemplares”, agrega.

Evangelista de los libros

–Entonces, más que incentivar la lectura, tu labor es promover individuos pensantes…
–Sí, mi idea es transformar la escuela, que se generen condiciones sociales para el desarrollo de las capacidades intelectuales de los muchachos. Creo que ahora existe una profusa producción de literatura infantil y juvenil y eso habla bien del interés que se está generando por la lectura. En librerías, el 30% de lo que se vende es del rubro infantil y juvenil, por ejemplo. Ahora, nuestro trabajo siempre ha sido exitoso, pero no podemos estar con ellos en una escuela todo el tiempo, así que nuestra labor se concentra también en un cambio de actitud en torno a la lectura. Para ello utilizamos el coaching, la psicología social, los testimonios. Les robamos a los evangelistas sus técnicas proselitistas (ríe).

–¿Recuerdas alguna experiencia particularmente difícil en alguna escuela?
–Con los chicos nunca, pero los maestros sí te pueden boicotear. Recuerdo que el 2007 íbamos a trabajar en el Leoncio Prado y padres y maestros tenían que votar para ver si aprobaban el plan lector que proponíamos. Los padres aprobaron, los maestros se negaron. Hay una corrupción terrible, es el negocio de las editoriales, hacen que los maestros recomienden un determinado libro o a una determinada editorial. Nosotros podemos poner los libros de cualquier editorial, pero no podemos pagar a los profesores. Ese año, el Leoncio Prado se quedó sin plan lector. Los padres no compraron los libros que los maestros recomendaron. No los respaldaron. Pero no es la regla general. Los profesores son nobles y son nuestros mejores aliados.

Esa alianza, dice Arévalo, no podría ser desbaratada por el avance de la tecnología. Aunque amante de la tinta sobre el papel, este escritor puede imaginar un escenario marcado por la muerte del libro o de chicos leyendo solo desde la pantalla de su computadora. Pero “la lectura jamás morirá. La lectura es irreemplazable. Si quieres ser médico tendrás que leer tu tratado de neurología sobre papel o en e-book. Para mí no hay nada más democrático que tu librito en el bolsillo. Y si el libro muere, tendremos a Proyecto Recreo incentivando la lectura de un e-book (libro electrónico)”.

Los niños góticos

Pero Javier tiene otra obsesión fructífera: la escritura. Aquí ha escrito también un capítulo reciente y se llama Los niños góticos (Ed. Estruendomudo, 2010), una novela en la que convergen muchos de los frontales puntos de vista del propio Arévalo, con personajes inventados en una Lima de hace un siglo, pero que reconoceríamos hoy con tan solo torcer la mirada: María del Pilar, dueña de una mirada obscena a sus catorce años; Abraham,  un escritor que no esconde su bisexualidad; César, el poeta que transformará el mundo;  José Carlos, el arribista confeso, y Josemari, un pederasta en la sombra, son los personajes de una ciudad que no soporta su lucidez y arrebato.

“Es la lucha contra el poder de un grupo de chicos que se enfrenta a lo establecido. En la trastienda siempre hay dobleces, dudas que perturban a los personajes. Finalmente el escritor es siempre todos sus personajes”, confiesa. Arévalo carga su novela con una crítica social tan corrosiva como certera: primero contra el poder político y luego contra la Iglesia Católica. “El Opus Dei, por ejemplo, es perversa la forma en que están permanentemente persiguiendo la sombra de quien tiene el poder. Cipriani es un ejemplo absoluto de eso. No importa quién tenga el poder, él va a estar ahí”, dice. Así es Arévalo, piensa y lanza el dardo. Quijotesco y jodido. Ya lo decíamos.

Perfil

• Nombre: Javier Enrique Arévalo Piedra. (Lima, 1965).

• Libros: Él cazaba halcones, El misterio del pollo en la batea, Nocturno de ron y gatos, Instrucciones para atrapar a un ángel (se reeditará el próximo año), El beso de la flama (traducida al portugués como O beijo da chama), Gracias, Señor, por tu venganza, Vértigo bajo la luna llena (reeditada este año), Creo que mi padre le teme a la oscuridad (libro álbum), Colorín colorado, este cuento no ha terminado (colección de cuentos para niños) y Los niños góticos.

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