Blanca recuerda con nostalgia sus años de niña en la entonces Villa de Eten. Veía tejer a su abuela; pero no podía aprender con ella. ¨A mi me gustaba verla como tejía con tanta destreza y quería hacer lo mismo; pero mi mamá no nos dejaba. Por más que calladito me escapaba a ver a mi abuelita, nunca pude aprender¨.
El tiempo le ha otorgado la revancha a Blanca y desde hace 5 años, esta profesora de reconocida labor docente en su natal Ciudad Eten, ha asumido junto a profesores y madres tejedoras de la zona el reto de lograr esa emotiva transferencia de saberes artesanales en las nuevas generaciones. A través del proyecto ¨Rescate de la tradición cultural a cargo de madres¨, participa de la emoción de los pequeños etenanos que aprenden lo que el destino se negó a enseñarle a ella. La iniciativa ha obtenido recientemente el Premio Nacional del concurso ¨Trabajemos el Patrimonio material e inmaterial de nuestra región¨ organizado por el Ministerio de Educación; y estas son sus experiencias y lecciones.
Fibras vegetales e historia en Eten
El entorno histórico-cultural de esta experiencia pedagógica, refiere que la hoy denominada Ciudad Eten manifiesta a lo largo de su historia, un estrecho vínculo con el tejido de fibras vegetales. Los orígenes de esta tecnología heredada, nos remiten a su raíz principal, la ancestral actividad pesquera y sus posteriores intercambios de productos, a los que se dedicaban los pobladores prehispánicos de sus parcialidades Atin o Etin y adyacentes.
Estas actividades exigían de sus pobladores, adscritos al cacicazgo de Collique, la manipulación de fibras de algodón (Gossipium barbadense) para el tejido de redes. También de totora (Typha angustifolia) para la construcción de embarcaciones y esteras para las viviendas de su ranchería cercana al mar; pero además estimulaban la manipulación del carrizo (Phragmites comunis), material imprescindible para fabricar las canastas que facilitaran valle adentro, el intercambio de los productos del mar.
Una ordenanza de Gonzales de Cuenca de 1566-1567 publicada por Espinoza Soriano (1987), da cuenta de estas labores a las que estaban abocados los etenanos en el siglo XVI. En ella don Alonso Eten, principal y alcalde del pueblo de Etem, señala ¨Los indios de la dicha mi parcialidad tenemos pocas tierras para sembrar e sustentarnos, en ansi nuestro trato es pescar y vender el pescado en los pueblos comarcanos para pagar nuestros tributos ¨ (p. 195). Estos tratos referidos por Alonso Eten, debieron hacerse como hasta hoy en día se hacen, trasladando los productos de mar en canastas de carrizo, materiales que debieron producir algunas de las parcialidades etenanas ubicadas cerca a la acequia Lemep.
Ya en el siglo XVIII, este saber prehispánico heredado sobre el tratamiento de fibras vegetales para las tecnologías marinas, empieza a transferirse a la elaboración de sombreros, aprovechando para ello fibras vegetales del entorno como el Junco, dando origen así a una floreciente industria local.
Las acuarelas del obispo Baltazar Jaime Martinez de Compañon y Bujanda elaboradas hacia la década de 1780, son testimonio de la lenta incursión del sombrero de junco en el mercado colonial y entre algunos grupos sociales del obispado de Trujillo. Así se deja notar su uso entre grupos de mestizos varones y sólo ocasionalmente entre indígenas.
Precisamente dos de estas acuarelas evidencian el uso del sombrero de junco entre mestizos en contextos de baile y consumo de chicha. Son las acuarelas: ¨Yndios merendando en chichería¨ e ¨Yndio bailando en el patio de la chicheria¨. Nos detenemos en la segunda, ahí se observa en primer plano a un mestizo (peinados, trajes y uso de zapatos denotarían su condición) que sombrero en mano y de pie, reta en baile a una indígena. El detalle del material junco ha sido especialmente resaltado por el dibujante a través de los cocos de la ¨falda¨ del sombrero. En el fondo de la escena, sentados sobre una banca, una pareja de mestizos varones sigue la acción de la pareja. Uno tocando la guitarra y el otro cantando y dando palmas para acompañar al guitarrista. Es de destacar también que con estos dos últimos personajes de la escena, el dibujante pone empeño es mostrar los detalles de los ¨cocos¨ (típicos del sombrero de junco) y con especial detalle, el modelo de sombrero, tratando de reflejar con ello la condición social de los individuos.
Años después, un sorprendido Joseph Ignacio de Lequanda (1793) hablando del partido de Saña o Lambayeque, referirá ¨el mimbre o junco que es regional de este país, sobre los demás de estos Valles y Sierras tiene un excesivo consumo, porque de el hacen esteras finas, y ordinarias con que abastecen a muchos lugares de este reyno: asi mismo fabrican sombreros de iguales calidades¨ (p. 72). Precisará además cifras de la producción lambayecana ¨los sombreros que texen de paja de muchas calidades no baxan de 90 docenas¨; e inclusive para preocupación de la metrópoli referirá su mercado ¨…que tienen un crecido consumo en Valles, Sierras, y Chile…¨. No detallará sin embargo, lugares de producción en Lambayeque. En la publicación (p. 79) ¨Lambayeque en la Colonia¨ los investigadores Guillermo Figueroa y Ninfa Idrogo (2004) refieren que en el siglo XVIII los etenanos ya destacaban como los principales productores de sombreros en Lambayeque.
Más adelante en el siglo XIX, los etenanos han encarado el reto de incorporar a sus labores tejedoras el tratamiento de un nuevo insumo: Carludovica Palmata (paja macora), y lo han hecho con éxito; esto ha favorecido la consolidación de su imagen en el espacio virreynal y la naciente república peruana, como productores de objetos de cestería con fibras vegetales locales y foráneas. De acuerdo con José Gómez (1989) hacia 1873 Eten exporta 52,000 docenas de sombreros de junco y paja macora; así como 10000 docenas de cigarreras de diferentes calidades. Por ello no será raro que el celebre tradicionalista peruano Ricardo Palma los refiera hacia 1894 en su entrega titulada ¨Las campanas de Eten¨ del siguiente modo ¨Magdalena de Eten es un pueblecito de pescadores y tejedores de sombreros, petaquilla y otros artefactos de paja¨
El testimonio del alemán Ernest Middendorf (1973) , que arribó a Eten en la última década de 1800, da cuenta de lo difundida que está en la zona la práctica del tejido con la nueva fibra vegetal: la paja macora. Asi explicará ¨…todos ellos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes y hasta los niños, se dedican a tejer sombreros de paja, que se conocen el mercado con el nombre de sombreros de Panama¨. (p. 293)
Middendorf inclusive transmite a sus lectores la impresión que causa el talento etenano ¨…al ir por las calles , se ve en el interior de las casas, que tienen las puertas abiertas, a tejedores de toda edad que están sentados en el suelo en plena labor. Mientras trabajan conversan y apenas ponen atención a sus dedos, y las hebras de paja se desplazan, como manejadas por numerosas agujas.¨ (p.293)
Pero, el prestigio de la actividad y la demanda de sus productos, ha incrementado la explotación laboral del poblador etenano en la zona. Los niños referidos por Middendorf ya adelantan ello. El valioso informe del Prefecto Carlos Ferreyros (1876 citado en Gómez Cumpa, 1989), es revelador al respecto de la explotación de los etenanos a causa de su talento ancestralmente heredado. Así una visión de las famosas petaterías de Pedro Carrillo, Manuel Liza, Juan Manuel Escajadillo y Santos Flores, reflejan lo siguiente:
¨Las salas destinadas para el trabajo, y que se procura estén situadas fuera de las miradas del público y en el más apartado lugar de la casa son estrechas, húmedas y desaseadas. Tienen el aspecto de calabozos…Alli se encuentran confinados hombres, mujeres y niños, y a pesar de que son de gran extensión , en la de Carrillo pude contar cuarenta y cuatro personas entregadas al tejido de sombreros .Un mayoral … cuida del orden y de que no se interrumpa el trabajo que según las averiguaciones practicadas se hace en muchas ocasiones durante 24 horas seguidas…He visto criaturas de cinco años, ocupadas ya en tejer, y en un estado tal de debilitación por la mala alimentación, y desnudes que es imposible puedan vivir mucho tiempo. Su contextura es por consiguiente raquítica y sus semblantes revelan desde tan tierna edad el sufrimiento y la miseria¨ (p. 50)
Es decir en los albores del siglo XIX de la mano de la explotación en las petaterías, se han creado las condiciones para que la conservación de esta tecnología en los hogares etenanos, fuera mal vista por los padres y madres. Algunos de ellos aspirando a salir de aquellas condiciones miserables de trabajo al que los sometieron, trataron que sus descendientes no le aprendieran. En la explotación inmisercorde del talento local para el tejido con fibras vegetales, surgió el germen de la posterior desvalorización de esta tradición en la comunidad.
La estancia del alemán Hans Heinrich Bruning entre 1906 y 1910 en la Villa de Eten legaría para la posteridad las primeras imágenes de la práctica del tejido de sombreros en el pueblo, como también el difundido uso del sombrero entre los pobladores de la zona. Algunos detalles a destacar son : la preferencia de las mujeres etenanas por esta práctica cultural, la presencia ya reportada de niños entregados al oficio de tejedores y el difundido uso del sombrero de junco y paja macora entre los varones del pueblo. Desde niños hasta ancianos aparecen ya portando sombreros.
La labor de Bruning comprendió también el registro de diversas voces Mochicas en relación al tejido de sombreros. Asi el ¨Mochica Wörterbuch¨de Bruning (2004) refiere las voces Tsob para ¨sombrero¨, canain tsab ¨estoy tejiendo sombreros¨, amos cob mulun antse farrek ¨no tejas, hoy es domingo¨, anche tcuber ¨vaya a tejer¨. (p. 128-129)
La últimas décadas del siglo XX implicaron para las tejedoras de fibras vegetales del ahora denominado distrito de Ciudad Eten, una merma en el volumen de su producción. La reducción de la demanda de sombreros a causa de la crisis de las haciendas azucareras y la actividad agrícola en Lambayeque, como también la imposición en el mercado del gorro de drill explicarían esta situación. En este tiempo, sin embargo las mujeres etenanas han afrontado nuevamente con mucho esfuerzo, pero también con éxito el doble reto de organizarse para comercializar en mejores condiciones sus productos; pero a la vez para, como en el siglo XVI y XVIII, innovar su producción, generando para ello nuevos productos artesanales que les permitan acceder al mercado turísticos regional y nacional.
Una escuela al rescate de la tradición artesanal etenana
Una escuela enclavada en una comunidad ancestral como Eten, rica en historia y con una continuidad cultural milenaria latente en sus hogares, no puede mirar de soslayo a la cultura que le rodea, más bien debería procura su conocimiento, práctica, difusión y generación de capacidades productivas aprovechando el talento local heredado. El proyecto Rescate de la Tradición Cultural a cargo de Madres, desarrollado por la I.E Pedro Ruiz Gallo de Ciudad Eten, se enmarca precisamente en el escenario antes expuesto.
Surge por el año 2003 con el apoyo de CIPDES-AeA, a partir de haberse constatado en la Institución educativa, situaciones problemáticas en relación a la escasa apertura de la curricula escolar ruizgalina a la tradición artesanal de Ciudad Eten y el limitado interés otorgado a estas actividades como medios para el desarrollo de las capacidades productivas de los estudiantes; otorgándole única importancia al aprendizaje de la computación e informática como principal opción laboral.
En ese sentido, "Rescate de la Tradición cultural a cargo de madres " consistió en motivar y organizar a las madres de familia, herederas de conocimientos ancestrales para la manipulación de fibras vegetales y de la misma cosmovisión muchik etenana, con la finalidad de conducir la organización y ejecución de experiencias de transmisión de este saber popular en la escuela.
Durante esta experiencia , el curso - taller de tejido de sombrero y/o miniaturas con junco y paja macora, que desarrollaban las madres artesanas los días sábados, actuaban como soportes y elementos base del desarrollo del programa; mientras que la transmisión de la cosmovisión ( creencias, poesía popular, cuentos, personajes, hechos históricos, etc. ) a los estudiantes de la I.E "Pedro Ruiz Gallo" de Ciudad Eten se efectuaba como transmisión transversal y a través de charlas con investigadores locales. Es de destacar aquí la labor de las señoras: Nolberta Yafac, Digna Liza, Aurora Chafloque, Eugenia Mozo, Macedonia Peche, Claudina Chancafe, Petronila Roque, Isabel Quesquen, Maribel Rodas, Susana Reque, Rosaura Reque, Norma Martínez, Elena Neciosup y Teresa Ñiquen. Junto a ellas los docentes Blanca Chancafe, Susana Arraiza, Mabel Bravo, Adela Nuñez y Gladys Delgado y quien estas líneas suscribe.
La organización de ¨Estampas costumbristas¨, ¨Exposiciones públicas¨ y ¨concursos de pequeños tejedores ¨, constituían ocasiones para consolidar aprendizajes y difundir los valores ancestrales hacia la comunidad local y regional. En la actualidad incluso esta iniciativa ha dejado de realizarse los días sábados para pasar a formar parte de las experiencias pedagógicas a desarrollar en el curso de educación para el trabajo con alumnos del 1er grado de secundaria.
Todo este proceso ha tenido una repercusión favorable sobre la comunidad educativa. Los estudiantes han fortalecido el conocimiento y valoración de las tecnologías de producción artesanal en fibras vegetales, han iniciado el desarrollo de sus capacidades productivas en base a conocimientos ancestrales de la zona, motivando así la participación de los jóvenes en la generación de recursos a nivel familiar. En el caso de los padres de familia, es de destacar el fortalecimiento de la autoestima de la madre artesana y el reconocimiento a la importancia que los conocimientos ancestrales sobre el tejido con fibras vegetales tiene para el proceso educativo que sus hijos realizan. En tanto que entre los docentes, el proyecto motivó el reconocimiento del rol de la madre de familia artesana como agente educativo y la valoración de la tecnología artesanal y otras expresiones el saber heredado Muchik como contenido a enseñarse en la escuela.
A manera de reflexión
Comunidades ancestrales en Lambayeque (Mórrope y sus ceramistas, Monsefú y sus tejedoras con telar de cintura, Santa Rosa y sus bordadoras, Túcume y sus pintores de mates, etc.), atesoran entre sus poblaciones valiosas tecnologías heredadas de data prehispánica. Suele ocurrir sin embargo; que sus escuelas ignoran la herencia cultural de entorno y condenan con esta decisión, a la desaparición progresiva de estos saberes milenariamente aquilatados. Repensar la escuela en Lambayeque, implica también considerar opciones distintas al rol de los padres y madres de nuestras comunidades ancestrales, desde una perspectiva que los incorporé a partir de sus saberes. Esto último tendrá un impacto favorable no sólo sobre el fortalecimiento de la identidad cultural, sino también en el incremento de posibilidades laborales pertinentes para nuestros estudiantes.

Bibliografía Referencial
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Bruning, E. (2004). Mochica Worterbuch Diccionario Mochica. Lima: Edit. USMP.
2. Espinoza, W. (1987). Artesanos, transacciones, monedas y formas de pago en el mundo andino. Siglos XV y XVI. Lima: Edit. BCRP.
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4. Gómez, J. & Alfaro, I. (1989). Capitalismo y formación regional : Chiclayo entre los siglos XIX y XX . Chiclayo: Población y Desarrollo Instituto de Investigación y Capacitación.
5. Lequanda, J. (1793). Descripción del partido de Saña o Lambayeque. Mercurio peruano, Tomo IX, números 1, 2, 3 y 4.
6. Martínez, B. (1978-1980). Trujillo del Perú en el siglo XVIII. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica.
7. Middendorf, E. (1973). Perú: observaciones y estudios del país y sus habitantes durante una permanencia de 25 años. Tomo II La Costa. Lima: UNMSM
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9. Schaedel, R. (1988) La etnografía muchik en la fotografías de H. Brüning, 1886-1925: Lima: Edit. COFIDE.
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