1. Todo niño tiene derecho a que se coloquen letreros en parques y playas por donde deambulan los enamorados, en los cuales se enfatice la importancia de los cuentos y hasta se escriban algunos en rocas y piedras, en pencas y troncos, para que cuando los niños nazcan ellos sepan narrarles historias cadenciosas y plenas de esperanza.
2. Todo niño tiene derecho a que el alcalde del municipio y el sacerdote del templo formulen a los aspirantes a casarse, y consecuentemente a ser padres inminentes, una pregunta de fondo acerca del mundo de los cuentos y hasta soliciten a los novios ilusos relatar al conmovido público asistente un breve cuento, apto para los recién nacidos.
3. Todo niño tiene derecho a que el jurado de los exámenes de graduación imponga a los candidatos a optar el título de maestros, una pregunta decisiva respecto al mundo de los cuentos, y que cada postulante narre de modo espectacular uno o más de ellos, siendo ésta la cuestión ineludible para licenciar al personal que ha de trabajar con niños y jóvenes.
4. Todo niño tiene derecho a elegir entre las personas de mayor edad a dos o más abuelos, a fin de que estos le narren historias incluso fabulando sus propias vidas y a partir de ello indaguen juntos la maravilla de la existencia, el secreto de las cosas y se construyan nuevas utopías; porque ¿qué son los cuentos?: ¡emblemas, naves izadas, puntas de lanzas hacia lo ignoto que auscultan el misterio de todo lo creado.
5. Todo niño tiene derecho a que los más modestos objetos y los seres más indefensos sean protagonistas de cuentos gloriosos, plenos de asombro y maravilla: donde la pobre cuchara sea hermosa y heroica y ofrezca la mejor fiesta, donde la escoba no solo vuele por los aires portando brujas sino que al barrer cada día descubra y entierre tesoros que hay por los suelos, que la oruga sea dechado de distinción y altruismo y el sapo deje de ser un príncipe escondido.
6. Todo niño tiene derecho a escuchar los relatos de espantos, de almas en pena y aparecidos, aferrados al regazo de sus madres y padres genuinos; y a estar acompañados por ellos hasta conciliar el sueño, y dormir juntos para despertar al amanecer de un nuevo día con el trino de las aves propicias, convencidos de la veracidad del mundo, comprobando que los cuentos son cofres de sortilegios encerrados en un tiempo y espacio mágicos.
7. Todo niño tiene derecho a que se le repita el mismo cuento “al infinito”, sin cambiar ni modificar detalles, para lo cual se le ha de preguntar qué dijimos en la versión primera, que ya no recordamos pero él sí: de ¿cómo era el vestido de Miss Orquídea cuando cayó del trapecio? ¿Ladislao el flautista lucía una gorra amarilla cuando se asomaba por el cerco de la escuela? ¿Eran largas o enrolladas las trenzas azules de Margarita cuando convertía las pajaritas de lata en aves canoras y vivas?
8. Todo niño tiene derecho a que se le enseñe en el formato que tienen los cuentos, es decir con argumento, clímax, fantasía y desenlace, así las leyes astronómicas.
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