Motivar a leer
 
 
 
Danilo Sanchez Lihon
 
Otras publicaciones de Danilo Sánchez Lihón
 
Plan lector: Foro, propuestas para el debate

Cinco soles y Julio C. Tello

José Antonio Encinas visto desde el alma de una niña


Día del idioma nativo

Hombres del agua (Relato amazónico)

El espantapájaros que habita en el paraíso de los pájaros (cuento)

Leer es amar

Manifiesto a favor de la lectura

¿Leer es buena inversión?

Guamán Poma, escritor por el dolor de su pueblo

El derecho de los niños a vivir los cuentos.

Bajo la noche oscura (cuento)

Derechos Universales del niño en torno a la lectura y los libros.

Alfabetización ¿en qué y para qué?.

Niveles de Comprensión Lectora.

La lectura en la infancia temprana

Hagamos teatro en el aula
 
 
 
pgc
Danilo Sánchez Lihón
Lima, abril 2008
 
“El amor mueve al sol
y a las demás estrellas”.
Dante Aligheri

1. La motivación a la lectura

En el dominio y aprendizaje de la lectura una serie de problemas secundarios han secado los tinteros, enclaustrando la discusión en temas peculiares y curiosos, como: la "edad correcta, adecuada y científicamente apta" para aprender a leer, el tipo de letra para hacer que este proceso se realice, o cuándo pasar o saltar de la letra script a la ligada, o cuáles son los saberes previos, condiciones o pre-requisitos para el inicio de la decodificación; o bien si partimos de la letra o la silaba, de la palabra o la frase, de la oración o el párrafo, del texto o del contexto.

Todos estos son detalles, aderezos pero no la sustancia principal de este suculento potaje que es la lectura y escritura. De allí que en el proceso de su aprendizaje se proponen actividades áridas, duras y amargas. Y hasta crueles, en donde el niño fracasa muchas veces.

¿Qué fuerza será capaz de atraerle tanto que vuelva a intentar atravesar y superar esas dificultades? ¿Qué interés mayor será aquel que lo aliente a pugnar por entender o comprender lo que hay detrás de esos barrotes que son las letras?

Sólo puede ser ese paisaje y ese universo prodigioso que, ojalá que él sepa con claridad que están mas allá de esas dificultades que se le presentan en el dominio de la decodificación.

Y en ese "ojalá que él sepa" está el meollo de nuestro planteamiento.

2. Propiciar experiencias de interés por el libro y la lectura

Un niño cruza una valla o un cerco por el atractivo o el interés de lo que hay dentro; se atreve a pasar un túnel por el paisaje y la luz que irradia desde el otro lado de la galería.

Pero nosotros nos proponemos enseñarle a leer y escribir sin importarnos si tiene o no tiene interés en ello. De allí que la mayor importancia lo tiene este aspecto, el mostrarle el sentido y el fin, si es que nos atrevemos a repetir, sin que se nos ruborice las mejillas, que el centro y el protagonismo de todo el proceso educativo es el niño.

No podemos pretender que éste aprenda algo a lo cual no le brinda mayor sentido ni interés. Por eso, anterior al proceso de su alfabetización el niño ha tenido que comprender, intuir y ser atraído hacia la lectura.

De allí que la mejor manera de iniciarlo y dar el primer paso en esta conquista es el poder de fascinación y atracción que la palabra escrita puede tener para él antes del proceso de su alfabetización. De allí que el énfasis que hay que poner es en la motivación.

Ello se consigue propiciando por eso experiencias en donde despertemos el interés por la lectura y el libro, en donde entender qué prodigalidad encierra la escritura de la palabra es vital.

Seamos lo suficientemente dedicados a presentarse al niño esa luz y ese paisaje que hay al otro lado de la cortina, a fin de que él con sus propios medios descubra y conduzca su propio proceso de aprendizaje, asistido por el maestro.

Para que la lectura se produzca de manera natural hace falta encender los motores, la energía del propio niño. Y no jalarlo desde adelante ni empujarlo desde atrás, sino ir al lado suyo o instalarse dentro de él.

3. Niños suficientemente motivados

La motivación, como etapa fundamental del proceso de adquisición de la lectura, no ha sido tomada como importante ni en serio porque hasta ahora predomina en la concepción educativa, dominante en la mayoría de países, la corriente conductista que solamente reconoce conductas observables, medibles y evaluables.

En un modelo empresarial de la escuela no hay que suscribirse a ese pensamiento sino que él se respira, para lo cual basta acercarse a una institución educativa y más aún ingresar a un aula de clases.

El conductismo se basa y toma en cuenta las relaciones entre variables de estímulo y de respuesta sin presuponer construcciones internas explicativas. El campo de la motivación tal cual como lo venimos considerando entra en los factores que dicha concepción no acepta y recusa, por considerarla vestigio del mentalismo.

Y esta manera de concebir la vida afecta más a la Educación Inicial que abarca la edad en donde se vivencia lo esencial, entre otros aspectos: motivar. Y lo esencial en lectura es el asombro, el placer, la creatividad y estos contenidos son propicios que se descubran y vivan más que tratar que se demuestren. Y menos de que se aprendan.

Porque es entre los tres a los cinco años la etapa clave para cimentar en el niño un magnífico comportamiento lector. Es en esta etapa que sus vivencias en torno a la lectura son los elementos definitorios en su posterior asunción a este poder ser, estar, hacer y conocer, saberes que los reúne y sintetiza la lectura.

Ante ello el método es lo que menos importa cuando se ha despertado un verdadero interés en el niño por leer, cuando éste ha descubierto los universos fantásticos que hay escondidos debajo o detrás de las letras. El querrá entonces desentrañarlo y querrá hacerlo con sus propios medios.

Un niño con una inteligencia normal puede aprender a leer por cualquiera de los métodos. Normalmente no hay ningún niño que no pueda aprender a leer por alguno de los métodos si es que está suficientemente motivado.

4. Hacer arder los fuegos de la alegría

Encender al niño de entusiasmo, ése es el gran problema de la educación.

Encontrar la cerilla y la combustión con las cuales él se encienda y entonces sea impulsado con sus propios motores, como una nave que sube al espacio interestelar, ¡ese es el quid del asunto!

Al motivar a la lectura hay que "hacer arder –como decía Apollinaire– los fuegos de la alegría."

Los maestros casi siempre presionamos desde dentro y terminamos arrojándolos hacia fuera. O con sogas intentamos jalarlos. O con dardos y piedras intentamos que el niño camine hacia delante. O con resondros y conminaciones que vaya por donde nosotros no fuimos capaces de ir, con el castigo de la nota y frecuentemente con la falsa palabra dulce que intenta premiar.

Cuando nosotros les acercamos o aproximamos convenientemente a la lectura es como si dejáramos que una voz interior sea la encargada de guiarle al niño por esas travesías imaginarias extensas y elevadas en las cuales van buscando el camino de su propia realización.

Las “situaciones de educación” con los niños tienen que ser explosivas, de aguda imaginación, de suma gracia.

Desde el principio se trata de aprender a "leer de veras", es decir plenamente, asuntos de verdadero interés para el niño, cargados con lo que él valora y ama tanto: "la vida". Con textos que le lleven a lo hondo del alma, que lo colmen de admiración y maravilla por el mundo.

¡Allí radica y reside en realidad la clave de todo lo que hay que obtener en la lectura!

5. ¡El interés presente!, he ahí el gran móvil

Activar experiencias, tocar fibras sensibles, poner en movimiento neuronas dormidas pero estallantes en el fondo de la conciencia; dar o propiciar pulsiones, ¡ése es el secreto!

El niño al leer tiene que sentir que aquello le habla, que en ello hay una repercusión personal muy grande para su vida, con lo cual él puede establecer un estrecho contacto total, decisivo y de vida y muerte.

Esto es la base para que él encuentre en la lectura una manera de escuchar voces profundas que repercutan intensamente en su vida.

Y de este modo lograr que los niños lean como caminan. Es decir: es asombroso pero se presenta de manera natural.

Y ello se alcanza cuando la decodificación del signo lingüístico es un sub producto o un resultado de una adecuada motivación hacia la lectura que podamos hacer con el niño en el proceso de su alfabetización.

Esta es una idea que ya la exponía Rousseau, cuando insistía que lo esencial en el aprendizaje de la lectura no reside en la calidad del método sino en la motivación profunda del alumno:

Al respecto él escribió lo siguiente:

"Locke quiere que el niño aprenda a leer con datos. ¿No es esa acaso una feliz invención? ¡Qué lástima! Un medio más eficaz que todo eso, y que siempre se olvida, es el deseo de aprender. Infundid al niño ese deseo, y dejad vuestros escritorios y vuestros datos de lado, cualquier método será bueno para él. ¡El interés presente! he ahí el gran móvil, el único que conduce lejos y de modo seguro".

6. Actividades más que lecciones y teorías

Toda acción educativa provocará indiferencia y hasta rechazo si es que los sujetos a quienes se dirige no han percibido cuál es el sentido de dicho conocimiento.

De allí que para que algo sea adoptado y querido lo primero es crear expectativas y luego propiciar la búsqueda de dicho conocimiento a partir de la iniciativa del propio niño.

El debe formularse buenas, grandes y raigales preguntas acerca del ser de la lectura que no debe dejar su condición de zona mágica, de bosque encantado, de reino de todas las voces, de paraíso de todas las fábulas. Lugar de origen y matriz de donde hemos venido. E, incluso, su condición de útero materno.

El objetivo central y luminoso a edificar, o construir el propio niño, es dar respuesta vivencial, inquietante, volitiva a la pregunta: ¿Qué sentido tiene leer y escribir?

Ello no como una acumulación o un hallazgo conceptual. Tampoco como una noción o definición teórica, sino como una emoción y hasta como una pasión.

Con los niños se necesitan actividades más que lecciones o teorías. Actividades estimulantes que revelen el para qué del lenguaje escrito.

Y es el estímulo aquello que nos engendra una necesidad, que es a la vez aquello que nos conduce o nos propicia a realizar una actividad.

Advierte Jean Piaget, que:

"El funcionamiento de la inteligencia (operaciones) está mas estimulado cuando los problemas presentados por la realidad son más variados y más interesantes".

7. Desarrollar en los niños un sentido de la lectura

Pero también hay que motivar para que el niño arribe a algo legible, entendible, asimilado por él; y que adopte y quiera de manera lúcida.

Precisamente, en una investigación sobre lectura se encontró que los niños que habían avanzado más en este dominio eran aquellos que más entendían el porqué, que eran más claros en la razón de dicho aprendizaje. Y es más, que tenían un concepto muy cabal de lo que la era lectura.

Por eso, debe haber de parte de los niños niveles de conceptualización de la lengua escrita previos a su aprendizaje convencional. Pero interesa que ellas sean reflexiones propias, no las ideas que tenemos los adultos, porque como bien expresa Sully citado por Jesualdo:

"Si el niño pudiera darse cuenta de lo que nosotros llamamos leer se reiría".

El niño no solo tiene que descubrir sino apasionarse mucho acerca del para qué sirven los materiales escritos que lo rodean.

Debemos pues vivenciar la utilidad de la lectura en la vida y en la realidad del niño.

Y todo esto para que él tenga la fuerza, y él mismo se la insufle, a fin de desentrañar por su propia cuenta e iniciativa este conocimiento.

Para que ello se produzca ha de tener de la lectura y la escritura la idea clara y nítida acerca de la utilidad que se obtiene con ella.

8. Al niño le interesa saber qué logra con la lectura

En un estudio de Waples, Berelson y Bradshow, citado por Ralph Staiger en "Caminos que llevan a la lectura" se precisan los móviles tanto personales como sociales que incitan a una persona a leer. Ellos son:

a) El efecto instrumental, como por ejemplo: conocer mejor un problema práctico y adquirir una mayor competencia en lo que se requiere para resolverlo.

b) El efecto de consolidación, como por ejemplo: reforzar una actitud o adoptar otra distinta ante temas que se debaten y discuten.

c) El efecto estético, como por ejemplo: tener una experiencia de agrado y placer gracias a una obra literaria.

d) El efecto desahogo, como por ejemplo: mitigar las tensiones al leer algo que ofrece una distracción placentera.

En síntesis, sirve:

1) Para resolver un problema.
2) Para informarnos sobre una situación.
3) Para comunicarnos en una dimensión superior.
4) Para obtener gozo y placer.

9. La escritura como medio de conservación

Se enfatiza mucho en la función de leer como algo vinculado a la función productiva, práctica y hasta administrativa. Y se idean métodos y técnicas para cualificar más y mejor este sentido.

Sin embargo, el hombre que lee verdaderamente lo hace por otras razones: a fin de explicarse aspectos importantes de la vida, o bien para conocer aspectos ocultos o inéditos de la realidad, o del hombre mismo. O para descubrir su personalidad.

Incluso, las razones por las cuales se leen se emparentan más con el mundo onírico, o de los sueños. O para deambular por los reinos infinitos de nuestro mundo interior.

Por ejemplo, al niño le seduce y maravilla constatar que en el texto escrito las palabras no cambien, que todo aquello que afecte directamente en su vida no se transforme en otra cosa, que estén siempre allí, que sean las mismas, que ellas estén fijas como pruebas tangibles de lo imaginario, como constataciones firmes de aquello que es fugaz y quimérico.

Y la atracción que sienten por conocer esos vestigios de lo fantástico es enorme.

Esto es, la escritura como medio de conservación, en donde se pueden depositar y guardar ideas, sentimientos, vivencias, datos, que hacen la memoria de la humanidad en resguardo de las limitaciones del espacio y del tiempo reales; siendo, de otro lado, éste un factor clave para el progreso humano.

10. Para jugar y guardar secretos

De aquí se desprende algo crucial:

Que la lectura no sirve lo mismo para el adulto que para el niño. Esta es la gran brecha, la falla, la separación y la diferencia que nos hace mucho daño.

Lectura para el adulto significará, por ejemplo, informarse, o adquirir prestigio profesional incluso; algo útil para hacer negocios.

Para el niño predominará el mundo de la fantasía, del juego, de la diversión, del paseo, del chiste, del secreto y hasta el mundo fascinante del poder.

Hay entonces notables diferencias en la motivación que tienen los adultos con respecto a la que tienen los niños en relación a la lectura.

En consecuencia, no apliquemos modelos ni esquemas generales, descubramos más bien qué inquietud e interés puede significar la lectura para cada niño en particular.

En dicha perspectiva, y pensando la lectura en relación al niño, ella sirve para esclarecer todo aquello que afecte directamente en su vida afectiva. He aquí algunas pistas:

En relación al niño, ella sirve:

a) Para no olvidar lo que se vive. (Función vital o vivencial del lenguaje).
b) Para comunicarse con los demás. (Escribir cartas, por ejemplo).
c) Para escribir hechos hermosos y encantadores. (Lectura y narración de cuentos).
d) Para guardar secretos. (Las confidencias en los diarios íntimos).
e) Para jugar. (Adivinanzas, nonsenses, jitanjáforas, chuzas, glosolalias).

11. Ubicar la lectura como un aspecto de la cultura humana

Para poder hacer que el niño lea espontáneamente otro aspecto importante es ubicar y comprender la lecto-escritura como un aspecto instalado en el ámbito de la cultura de los pueblos.

Consecuentemente no es favorable conceptuarla como un problema meramente educativo o pedagógico siendo más bien un asunto inherente a la condición humana, cual es de ser un hombre pleno y cabal sobre la tierra.

No debemos entonces confinarla a la escuela, ni esperemos que sea la institución educativa la que se encargue exclusivamente de resolver los problemas que le son inherentes.

Quizá la escuela en parte tenga que encargarse de su desarrollo pero su naturaleza y dimensión es muy grande como para que la reduzcamos al horario lectivo.

Es la interacción de factores internos y externos a las personas lo que incita a leer.

Y así como el lenguaje es un producto cultural, igualmente la lectura y escritura lo son.

Es en ese campo entonces donde hay que favorecer el proceso constructivo de la lectura y de la escritura, creando un ambiente alfabetizador y situaciones que permitan la interacción con la lengua escrita.

Y aquí vale la pena pensar en el enorme rol o papel de la literatura infantil en favorecer una relación óptima con la lectura y escritura.

Revisar otros textos en el blog: danilosanchezlihon.blogspot.com