Literatura Infantil, Situaciones y Desafíos
 
 
 
Danilo Sanchez Lihon
 
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pgc
Danilo Sánchez Lihón
Lima, abril 2008
 
 

1. Hacia otro universo

La literatura infantil nació entre nosotros aquí un día del paleolítico inferior, hace más de 40,000 años, cuando un joven cazador de las cumbres nevadas de los andes dejó escapar al ave que inicialmente había elegido como su presa y que siguió con la flecha apuntándola en el pecho hasta verla desaparecer libre y hermosa en lontananza.

¿Qué ocurrió? ¿Qué hizo que aquel joven que nunca dejó que algo escapara a la inflexibilidad de su arma, arrojada siempre con certera precisión hacia un haz de plumas que volaba se quedara ahora quieta en su mano ya tensa y temblando imperceptible, y él por primera vez se sintiera turbado?

Sucedió que a los ojos del cazador aquella víctima repentina se convirtió en una doncella que ingresaba a través de un arco iris que se abría en los cielos y por allí ella ingresaba al lugar donde moran los dioses. Aquel día regresó pensativo y en silencio cargando otras presas en su espalda pero subyugado por aquella maravillosa aparición.

La metamorfosis del ave por primera vez le hacía presentir que además de sus ojos hay otros ojos con los cuales se contempla y se mira. Y que además de este mundo hay otros mundos para ver los cuales nos pueden servir, a veces, estos mismos ojos de los cuales estamos provistos u otros escondidos al fondo de nosotros mismos.

Y así regresó extasiado al sitio donde pernoctaba con su compañera y sus hijos y le refirió con palabras entrecortadas el hecho prodigioso que le había acontecido. A partir de entonces les refería que la vida se proyecta hacia otro universo naciéndole un caudaloso río de esperanza en donde el trueno y el relámpago ya no eran solo realidades físicas sino mensajeros divinos.


2. La confrontación con lo que el lector siente y piensa

Así el cazador antes de convertirse en agricultor y pastor de cabras encontró la puerta de entrada de su mundo interior mediante las metáforas que unían el mundo de afuera y el impalpable pero abundante y milagroso mundo de adentro.

Así se daba cabida en la trama de los días al mundo interno de que estamos hechos y que pugna por aflorar a través de una función del lenguaje que desentraña realidades y contenidos íntimos.

Mediante ella expresamos sentimientos, intuiciones y pensamientos que son únicos, personales y con frecuencia hasta impredecibles para nosotros mismos y que constituyen un aporte fundamental a la creación de la cultura humana.

A enriquecer ese caudal contribuye la literatura infantil que a través del lenguaje remueve en el fondo del alma del niño aquellos grandes contenidos y asuntos del alma humana con sus historias, personajes y evocaciones.

Allí es cuando a través de la lectura surge la confrontación de lo que se lee con lo que el lector siente y piensa, rescatando lo propio, parecido y peculiar, donde incluso se podrá arriesgar a construir una identidad y una imagen sobre sí mismo a propósito de los hechos que a través de la literatura susciten su interés e inquietud.


3. Aquel hechizo y sortilegio

Estas son las razones que impulsan a las personas a dedicar esfuerzos y desvelos tratando de rescatar el hilo de una aventura que se coteja en brillo y significación con aquella que transcurre bajo la luz del sol.

Esa otra vida paralela es la literatura, que no padece el estigma de lo efímero y parcial, dones casi inencontrables en el registro de los días.

En ella están recogidos los mejores momentos y los principales aportes de todas las épocas y el paso victorioso y conturbado del hombre sobre la faz de la tierra, conjuro que sabe conservar y que cada hombre con la lectura lo devela cada vez que lo desee.
Concomitante con lo anterior, y quizá en primer término en la literatura infantil hay otra presencia de embeleso cual es la del niño con todo lo que él tiene de asombro y de preguntas por resolver, que alberga y a partir de las cuales se gesta y se forma todo lo que es arte y consecuentemente literatura.

Esto es base y fundamento del ser social y en perspectiva de todo lo que podríamos alcanzar a ser como destinos insuflados de un hálito divino. Y todo esto es lo que volvemos a poner en vigencia y a tocar cada vez que nos juntamos convocados por aquel hechizo y sortilegio que es la literatura.


4. Aquella condición lacerante

Sin embargo, el niño es todavía un ideal, un tema que lo saludamos y lo honramos pero en abstracto, a quien en efectivo damos la espalda en el mundo ordinario y cotidiano.

Al niño se lo conceptúa frecuente y rutinariamente como pasado: “el niño que fui”, o bien como futuro: “el niño, hombre del mañana”, negándole a ser pleno en tiempo presente.

Y aquí hablamos del niño porque al final es él la razón de este cuento, quien está al fondo de toda esta cábala, y por quien vale la pena el dolor en las sienes y en el espinazo que supone el investigar y el escribir.

Es el niño que configura el presente y no solo el futuro de nuestras sociedades.

Si queremos que no solo el niño, sino el ser humano en su conjunto tengan el rostro que anhelamos más vale que empecemos ahora mismo a reconocer su importancia como elemento predominante en todo lo que es estrategias de desarrollo.

Esto se impone aún más como una obligación y un imperativo moral al reconocer la situación de marginación y maltrato a que está sometido el niño en la mayoría de países de América Latina.

Aquella condición lacerante del niño en la sociedad actual es idéntica a lo que ocurre en el campo del arte, ámbito en el cual hay una marginalidad total para todo lo vinculado con el niño.

En el mejor de los casos el niño no existe, si es que es preferible esto al maltrato a que se lo somete. Y es también la misma situación la que viene ocurriendo para el campo de la literatura infantil.


5. Aún somos, aún existimos

Un profesor de mi país al comprobar que no existían libros para niños ni en librerías ni en bibliotecas, me preguntó lo siguiente: ¿Existe literatura infantil en el Perú?

Quitada la carga de su ansiedad natural, la pregunta técnicamente es aterradora y también fascinante: ¿Existe? ¿Hay? Y es que en una vasta mayoría de países tenemos que partir preguntándonos por la existencia: ¿Somos? ¿Existimos?

José María Arguedas respondería: “¡Aún somos!” “¡Aún existimos!”.

Para el arte nada más trascendental que esta pregunta; nada más sugestivo que el estar aferrados a esta tabla de náufragos.

Aunque para el ser, para el pulmón y el estómago, órganos básicos para sostenerse al borde del abismo y hacer literatura, no es muy cómodo tener que luchar primero por la propia sobrevivencia.

Ante la pregunta del profesor arriba consignada la respuesta inmediata, urgente, política, luego de un repaso a todo lo que se produce, ¡cómo y de qué modo! es que aún existe literatura infantil en el Perú, cotejada la realidad de ahora con aquella que nos llega como reminiscencia desde los lejanos tiempos

6. Un orden pujante por sí mismo

Aún somos un pueblo con cuentos y relatos fantásticos, aún somos un pueblo con embrujo y con candor, aún somos seres vivos frente a un fenómeno apabullante de la globalización que nos produce en serie y nos hace homogéneos. ¡Aún somos! ¡Aún existimos!

Como aún existe ciencia y aún existe vida. ¡Esta es todavía la vida! Porque ella no puede ser a cabalidad este acoso, esta negación diaria de lo que es esencialmente la vida.

Hay indudablemente algunas obras destacadas que se vienen produciendo en el presente y de las cuales somos apasionados propagadores, obras que debieran ser más ampliamente conocidas por niños, jóvenes y adultos.

Tampoco podemos negar que hay autores que hasta hoy han bregado por desarrollar este género. También podemos recordar acontecimientos que han tenido cierta gravitación en relación al tema de la literatura infantil.

Pero, aún no se desarrolla totalmente una dinámica cultural organizada, un fenómeno que revele un orden pujante por sí mismo, que involucre a distintos componentes e instituciones que animen un acontecer literario creciente, hecho que no lo hacen ni unas cuantas obras ni unos cuantos autores.


7. El que abraza a esos dos mundos

La literatura más que un repertorio de buenas obras es un acontecimiento social. Más que un acervo que se acumula y colecciona es una manera de ser, vivir y actuar.

Si su acción no se cumple en toda su extensión y dentro del contexto social, si la comunidad no lo asume, si no existe como corriente y sistema, ¿cómo entonces hablar de su existencia?

Podemos mencionar veinte, treinta o cuarenta títulos de libros aptos, aún más si se quiere, ¿pero cómo hablar plenamente de literatura infantil sin ediciones de libros para esa edad? ¿Y cómo hablar de literatura infantil sin niños lectores?

Cuando alguien borronea cuartillas y las olvida en sus cajones, habrá practicado la escritura. Si dicho trabajo posee valor estético habrá hecho literatura. Si lo edita para que se lo conozca habrá completado el circuito de la comunicación. Si se lo presenta con determinadas características que lo hagan un producto apto para estar en manos de los niños se habrá hecho literatura infantil. En conclusión esta es principalmente un fenómeno editorial.

Ahora bien, eso no quiere decir que los niños en nuestro país no lean, leen mucho pero muy poco o casi nada de lo que aquí se produce. Hay un divorcio, falta un puente entre el autor y el público. Falta clamorosamente el editor que es el que abraza a esos dos mundos.

La literatura es un proceso de creación, edición y difusión. En algunos casos gracias al esfuerzo tremebundo de alguna gente que hace de tripas corazón creando literatura y editando a como dé lugar sus obras pero no con las condiciones que lo hagan idóneas para los niños.

Falta penosamente el tercer y cuarto factor: la edición para niños y su adecuada difusión, que va desde el manuscrito hasta la lectura, sea esta dirigida, crítica o espontánea, desde la edición común y corriente a la edición que busca el público peculiar y sutil como es el niño.


8. Un público ávido

En este momento es que resulta clave la organización de la dinámica editorial, de promoción cultural, de educación en relación a la consulta de esa fuente viva del ser como es la literatura.

Para comprobar que no nos estamos yendo por las ramas analicemos un poco el concepto:

Cuando hablamos de literatura infantil en el enunciado estamos poniendo un peso enorme en el público, en este caso compuesto de niños y jóvenes. Y allí justamente se hace presente este problema de gran envergadura.

Porque mucho de la literatura en general es posible proponerla como lectura de niños y jóvenes. Ello depende de las características técnicas de presentación del libro. Ni siquiera en muchos casos se hace necesaria una adaptación del texto.

La mayoría de obras clásicas de la literatura peruana es probable que capten la preferencia de los niños si es que se hicieran ediciones con ese objetivo y fin.

Recordemos que obras como Robinson Crusoe o Los viajes de Gulliver se hicieron literatura infantil a partir de ediciones que elaboraron eficientes libreros que trabajaron en función de ese público ávido pero a la vez que no formula su demanda de manera estridente o perentoria.


9. Literatura oral

Aparte de esta vertiente que se da por intermedio de la palabra escrita, hay otra indudablemente de gran valor pero que es harina de otro costal.

Nos referimos a la literatura que trasmiten por vía oral las madres y padres a los hijos, o cualquiera de los mayores que rodean y forman parte del ámbito de los niños, a quienes se relatan mitos, leyendas, cuentos y se recrean hechos de la vida real en una dimensión fascinante conjurando así la realidad con palabras bellas y plenas de encanto, sabiduría y poder.

Allí nuestra cultura sí felizmente tiene asegurada una gran riqueza. En ese sentido sí estamos bien nutridos. En este aspecto sí nadie nos gana.

Porque, ¿quién de nosotros no ha tenido su Carmen Taripha, aquella criada del cura de Maranganí que recuerda José María Arguedas, y de cómo contaba historias fabulosas en donde los cuyes de la cocina resultaban ser demonios o seres imbuidos de poderes mágicos?

¿Quién de nosotros no ha escuchado aterrado las historias extraordinarias de muertos y aparecidos que contaban los mayores, haciéndonos arrimar más y más a sus cuerpos porque ya en el vano de la puerta veíamos a Lázaros resucitados?

¿Quién no ha visto trasmutarse las aves, los zorros y todo ser animado o inanimado en otra cosa? ¿Quién no ha visto en la voz de esos narradores al fantasma del abuelo, sentir sus pasos y derramarse el agua de afuera justo en el momento en que cantaba en el gallinero la “flor de haba”?

Historias y relatos en donde se entrevera los enseres con duendes y endriagos de nuestros bosques, puquios y quebradas.

10. Bases para el desarrollo de una literatura infantil peruana

En razón de todo ello, hay mucho qué hacer en torno a la literatura infantil.

Primero, acometer una cruzada en el terreno del esclarecimiento de su problemática, realizando coloquios, seminarios, conferencias, eventos, reuniones. Produciendo a su vez investigaciones y haciendo estudios sobre textos, contenidos e ilustraciones.

Estas actividades cumplirán también el objetivo de alcanzar una real y efectiva aproximación del público con actitudes participativas, responsables y francas.

El otro frente, que constituye un tremendo desafío, recae indudablemente en el campo editorial. Aquí hay una inmensa labor que realizar. No solamente en el lanzamiento de nuevos libros sino organizando una estructura que comprenda desde el suministro de materiales, pasando por la distribución y llegando a la captación de un público aún inédito en la dinámica de la lectura.

En ese cometido hay que empezar publicando las obras de nuestros mejores autores, haciendo de ellas recreaciones, adaptaciones, síntesis; presentadas todas ellas en nuevos formatos, con nuevas estrategias de edición.

En este sentido también habría mucho qué trabajar por la mejora de los textos de lectura en el sistema de la educación formal.

11. Fundar una nueva dimensión

El Perú posee una raíz cultural honda, copiosa y original, con un ancestro muy denso en mitos, leyendas e historias.

Con grandes posibilidades para lograr un auge en este campo.

Tenemos que desarrollar aquí una actividad nutrida en el campo de la literatura infantil.

Si no ha ocurrido antes ello no se debe a que aquí falle talento en los escritores o porque no haya capacidad de lectura.

Se debe sencillamente a que no hay gestión editorial. A que falta espíritu de empresa que hubiera asumido aquí un papel creativo y de difusión amplia del conocimiento y la cultura.

Estos son hechos que hay que corregir y superar con la mayor celeridad para dar proyección a una literatura infantil que funde una nueva dimensión del hombre en este espacio y en este tiempo.


12. Sobre la base de la verdad total

En consideración a todo lo expresado es que proponemos que sobre las siguientes bases debe desarrollarse una genuina literatura infantil aquí y ahora:

– Sobre la base de nuestra identidad cultural, afianzando en el niño valores que nos hacen genuinos, contrarrestando la agresión de contenidos que falsifican nuestro ser.

– Sobre la base de alcanzar la liberación de nuestras potencialidades como personas y como pueblos.

– Sobre la base de eliminar las relaciones de dependencia y dominación que sistemáticamente se ejercen sobre nosotros.

– Descartando definitivamente el egoísmo y propugnando la solidaridad.

– Sobre la base de un auténtico arte, irreconciliable con la impostura, con las posiciones cómodas y con las idealizaciones gratuitas.

– Sobre la base de materiales y posibilidades no solo en función de la palabra escrita, como el libro, el folleto o la revista, sino de la imagen plasmada en afiche o historieta, o de la emisión radial o televisiva cuyas posibilidades de difusión en nuestra realidad son tan grandes.

– Sobre la base de recrear nuestros elementos culturales propios, nuestros paisajes, nuestros personajes, sus costumbres, su historia, logrando difundir la literatura infantil con la realidad.

– Sobre la base de utilizar los medios de comunicación social para hacer que los mensajes adquieran una dimensión popular.

– Sobre la base del desarrollo psicosocial del niño en donde el arte y la ciencia coadyuven a forjar un hombre nuevo.

– Sobre la base de la verdad total, y no de las verdades a medias, ni de las mentiras piadosas.

13. Pálpito y aliento esperanzados

La literatura infantil por ahora en nuestro país es un privilegio de muy pocos lectores, función que alcanza a nutrir a muy pocos niños y actividad que compromete a muy escasos creadores literarios e instituciones.

Aparte de algunas excelencias de antología se deja extrañar una admisible, fecunda y profusa literatura infantil como base de la pirámide que debe constituir toda estructura literaria bien organizada, que haga posible atender las necesidades de lectura que en la infancia son tan grandes, entre otras razones porque a esa edad se es dueño del tiempo que a los mayores no nos es dado disponer por completo.

Hay enorme carencia y los productos que con frecuencia aparecen están inoculados de una gran dosis de inocuidad, tontería y, con frecuencia, hasta veneno. Me refiero con ello a aquellos libros y publicaciones que se venden, se ofrecen y entregan con gran cobertura de publicidad y extraordinarias estrategias de marketing y que son extraños a nuestra cultura y a nuestros auténticos anhelos.

Dentro de esta literatura los componentes más frecuentes son las grandes dosis de hechicería, truculencia y visión rosa del mundo con arquetipos nacidos por designio divino.

Y entre las cosas que olvidamos lamento mucho no poder hallar la recreación viva del folclore de nuestras culturas nativas que lo sé bello y profundo. Tampoco encontramos el vigor y la densidad que plantea una realidad bravía y honda como la nuestra, sintetizada en su paisaje, en su historia y en su gente.

Pero estas páginas quieren y deben ser en realidad un homenaje a los hombres, mujeres y niños que han bregado por desarrollar sus destinos inmersos en esta lucha, como es el caso de Eduardo de la Cruz Yataco a quien rendimos merecido homenaje.

Estas propuestas quieren estar hechas de carne y hueso como es nuestra humanidad más sentida, pero también de pálpito y de aliento esperanzados para bien de nuestros pueblos.

Revisar otros textos en el blog: danilosanchezlihon.blogspot.com